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Comida Mexicanamiércoles, 4 de marzo de 2026

Roldán, la zona en el Centro Histórico que todo consumidor del picante debería conocer

Te contamos la história del epicentro de la comercialización de chiles secos, especias y materias primas de cocina mexicana

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Monserrath Solís / Aderezo

Las calles de la Ciudad de México guardan entre su arquitectura cientos de historias. Pasado, presente y futuro se reúnen entre banquetas, ambiente, ruido y olor citadino, e incluso comercio regular que ha resistido decádas.

Lugares que parecen detenerse y que podrían parecer cápsulas del tiempo. Uno de ellos, es la calle de Roldán, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Pocas calles conservan una huella tan clara como esta. Corresponde al antiguo cauce de la Acequia Real, uno de los principales canales que comunicaban la ciudad con el sistema lacustre del Valle de México.

Con el proceso de desecación de lagos y el entubamiento de canales entre los siglos XIX y XX, el cauce fue cegado. Sin embargo, la forma urbana permaneció. Roldán conservó esa diagonal ligera que rompe con la cuadrícula española, recordando su origen acuático.

La Merced, corazón de abasto

Roldán se ubica en el antiguo barrio de La Merced, históricamente vinculado al comercio mayorista. Documentos del Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México señalan que esta zona fue punto estratégico de intercambio desde el periodo virreinal y consolidó su vocación como mercado en los siglos posteriores.

El comercio de alimentos como granos, frutas o especias se convirtió en el eje económico del área. Entre esos productos destacó uno que terminaría por definir la identidad de la calle, el chile seco.

La calle de los chiles secos

El chile seco no era un producto menor, su conservación prolongada permitía el abasto constante a fondas, mercados y hogares. En términos económicos, representaba una cadena de valor que conectaba el campo con la ciudad.

Hoy en día, aunque el paisaje urbano ha cambiado, la calle mantiene locales de especias, semillas y productos a granel, como es el caso de Casa García, un negocio familiar con más de 80 años en labor. Aquí surten camarón seco, jamaica, tamarindo, legumbres, canela, piloncillo, semillas, especias, entre otros.

“Mi tía abuela empezó vendiendo quesadillas, y de ahí mudó a los chiles. Antes los puestos eran de madera y empaquetaban los chiles en petate”, explica la sobrina de María Luisa García.

“A mi me tocó cuando era niña, que toda esta calle eran chiles y semillas, éramos como una familia, ahora todo ha cambiado mucho, pues ahora solo quedamos dos locales”, cuenta la dueña del local, María Luisa García.

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Editora en Aderezo OEM. Catadora empírica de elotes preparados y chais. Me gustan los objetos, ingredientes y lugares que cuentan historias. Fanática del vintage. 

Monse Solis

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