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Tendenciaslunes, 8 de diciembre de 2025

La complejidad detrás de un vino: el arte invisible de los vinos de ensamble en Rioja

Esta mezcla de sabores tiene detrás un sin fin de variables que si no se controlan se puede perder el rumbo

Francisco Charqueño / Aderezo

Un proceso que nunca es individual

Para López García, la mezcla jamás es tarea de una sola persona. El vino, dice, siempre se entiende mejor acompañado; por eso, en Beronia, un comité de cinco enólogos cata, discute y confronta opiniones.

“Si intentas llegar a una mezcla solo, te pierdes. Necesitas otros criterios, otras sensibilidades”, explica.

Cada integrante aporta un gusto distinto: uno se fija en la fruta, otro en el cuerpo, otro en la influencia de la madera. La mezcla final es el punto de encuentro entre estas miradas.

El juego sensorial más complejo del vino

El equipo trabaja durante días —nunca en horas— probando componentes por separado. Para crear el Gran Reserva 2022, por ejemplo, se usan como referencia las añadas 2019, 2020 y 2021, lo que permite evaluar continuidad y estilo.

Separar para luego unir: la ciencia del origen

“Es como un pintor: puedes trabajar con cinco colores o con 300. Preferimos los 300”, dice el enólogo.
Más trabajo, sí, pero también más posibilidades de precisión.

Mezclas pensadas para durar décadas

Los Grandes Reservas de Rioja requieren uvas extraordinarias capaces de resistir hasta tres años en barrica y otros cinco en botella antes de salir al mercado. Un vino joven atractivo, aunque frutal y amable, moriría rápidamente en ese proceso.

La barrica —en el caso de Beronia, roble francés para su Gran Reserva— no busca aportar sabores dominantes, sino ser un vehículo que le permita al vino llegar vivo al futuro.

El resultado: vinos que cuentan el tiempo

La mezcla, finalmente, es un equilibrio entre estructura, frescura, longevidad y emoción. Por eso los vinos de Rioja —y especialmente los de Beronia— han acompañado por generaciones al consumidor mexicano. Para muchos, fueron el primer acercamiento al vino.

Y detrás de cada botella hay un proceso lento, minucioso y profundamente humano que empieza separando lo más posible… para terminar encontrando la mezcla perfecta.

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