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Análisislunes, 22 de diciembre de 2025

Bateador emergente / Morena y la violencia contra la mujer: el discurso morado que se pudre por dentro

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Morena ha hecho de la defensa de las mujeres uno de sus discursos más rentables. Lo repite en tribuna, lo imprime en lonas, lo grita en campañas y lo presume en cada fecha conmemorativa. Pero cuando el reflector se apaga y la violencia ocurre dentro de sus propias filas, el feminismo oficial se convierte en silencio, cálculo político y complicidad.

En este 2025, los casos emblemáticos no fueron una excepción, sino un patrón. Mujeres desplazadas de cargos, presionadas para renunciar, silenciadas en cabildos, atacadas en redes con la complacencia de operadores partidistas y abandonadas por las instancias internas que, en teoría, deberían protegerlas.

El caso de la regidora de Tapachula, Camila Margarita Morales Ascencio, es el espejo incómodo que el partido no quiere ver. Denuncias claras, señalamientos directos y una violencia política de género ejercida con métodos tan viejos como el machismo que Morena dice combatir. ¿La respuesta del partido? Ninguna que valga la pena llamarse justicia.

Ni sanciones ejemplares, ni procesos transparentes, ni respeto a sus propios estatutos. Morena ha incumplido sus reglas internas, ha ignorado los protocolos de atención a la violencia política de género y ha optado por la salida más cobarde: dejar que el tiempo diluya el escándalo, mientras la víctima paga el costo de haber hablado.

La responsabilidad no es sólo individual. Es partidista. Es institucional. Es de una dirigencia que prefiere proteger equilibrios internos antes que mandar un mensaje claro de cero tolerancia. Es de un gobierno que presume agenda de género, pero que no mueve un dedo cuando la violencia ocurre dentro de su propio corral.

La hipocresía es evidente: pañuelos morados en el discurso, pero puños cerrados cuando toca castigar a los agresores. Morena no está fallando por omisión; está eligiendo conscientemente no actuar.
Y mientras eso ocurre, las mujeres dentro del partido aprenden una lección peligrosa: denunciar tiene costo; callar, no.

Si Morena quiere seguir hablando de derechos de las mujeres, primero tendrá que limpiar su casa. Porque hoy, su narrativa feminista no sólo es incongruente: es ofensiva para quienes viven la violencia desde adentro. Nos leemos la próxima semana…

Comentarios en: bateador.emergente.columna@gmail.com

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