En el complejo mosaico de la seguridad nacional, donde coexisten regiones de paz, con otras sumidas en la violencia, el sureste de México emerge como un espacio de esperanza. Chiapas, en particular, representa un ejemplo de cómo las políticas públicas y una firme voluntad política de la nueva ERA, pueden transformar el panorama de seguridad en beneficio de la ciudadanía.
Los últimos balances estadísticos de la encuestadora Rubrum, correspondientes a noviembre de 2025, sitúan a Chiapas en el segundo lugar nacional en seguridad pública, con una calificación de 6.53, solo por debajo de Coahuila.
La actual noticia, se traduce en un esfuerzo sostenido y favorable. Es el resultado de una lucha titánica de la nueva ERA, encabezada por el gobernador, Eduardo Ramírez Aguilar que ha logrado sacar al estado de la espiral de violencia que vivió durante el sexenio anterior de Rutilio Escandón Cadenas, por cierto, exhibido a nivel nacional por un desfalco 678 millones de pesos en rubros de educación y salud dentro del ejercicio 2024; es decir antes de terminar su chamba como mandatario y poner pies en polvorosa en el consulado de Miami Florida.
La administración de Ramírez Aguilar le ha dado un tratamiento especial a la seguridad pública con un toque especial de humanismo e inclusión ciudadana. En Chiapas, la pluralidad se antepone y la coordinación- pueblo y gobierno- logra avances fundamentales en el combate de la violencia.
El robustecimiento institucional, la rendición de cuentas, el ejercicio transparente de los recursos públicos y el combate frontal a la corrupción constituyen los cimientos sobre los cuales se ha construido esta nueva ERA. No es casualidad que, junto con los avances en seguridad, también progresen indicadores en transporte público y salud, formando un ecosistema de bienestar integral.
Lo que hoy vive Chiapas, es el resultado de un cambio palpable en la vida cotidiana de sus habitantes. Familias que antes vivían bajo el yugo de la delincuencia como las comunidades rurales de la Sierra y zona fronteriza, hoy respiran confianza. Han sido comunidades que conocieron el desplazamiento forzado como Frontera Comalapa, Chemic, Mazapa de Madero, Motozintla, además de otros sectores geográficos que resurgieron y reconstruyen su tejido social.
Este logro es el resultado de una coordinación efectiva con el gobierno federal y, de una proximidad genuina con la ciudadanía. Ahí palpamos que otras entidades enfrentan crisis de inseguridad como Uruapan, Michoacán con el reciente asesinato de su presidente municipal, Carlos Monzón, mientras en Chiapas se antepone la gobernabilidad y el buen gobierno con acciones concretas y permanentes.
El estado se ha convertido en un testimonio de que la paz es posible cuando existe la decisión política de priorizar el apoyo humano a la ciudadanía sobre cualquier otro interés y ambición política. Y para muestra basta ver la retahíla de funcionarios cesados y echados del gabinete por ineptos y corruptos.
Hoy por hoy, Chiapas es un ejemplo a nivel nacional, cuando la seguridad no es un destino, sino un camino que se construye con transparencia, estrategia y alianzas firmes con el pueblo.
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