Clase Política / Urge retornar la cultura de diálogo en el senado de la república
El liderazgo conciliador de Eduardo Ramírez Aguilar durante su estancia como presidente de la mesa directiva del senado de la república, hoy en día, representa un modelo frente a la crisis actual de la cámara alta.
El cierre del período de sesiones del Senado en 2021 marcó un hito en la política mexicana moderna: un consenso multipartidista sin precedentes reconoció la gestión de Eduardo Ramírez Aguilar al frente de la Mesa Directiva.
En contraste con los recientes episodios de confrontación y zafarrancho bajo la presidencia de Gerardo Fernández Noroña, la figura de Ramírez Aguilar emerge como un referente de eficacia, diplomacia y capacidad de articulación política.
El arte de gobernar desde el diálogo
Ramírez Aguilar, hoy gobernador de Chiapas, logró lo que pocos en la historia reciente del Senado: el respaldo unánime de fuerzas antagónicas como PAN, PRI, PRD, Morena, PT y Movimiento Ciudadano.
Desde Xóchitl Gálvez hasta Beatriz Paredes, desde Kenia López Rabadán hasta Giovanna Bañuelos, líderes de todos los espectros coincidieron en destacar su estilo único de hacer política, su sensibilidad humana y su conducción impecable.
Dante Delgado (MC) resaltó su capacidad para generar espacios de entendimiento, mientras Emilio Álvarez Icaza subrayó su desempeño inédito para mediar con la oposición.
Estas no son meras formalidades protocolarias: son reconocimientos a una habilidad rara en la política actual: la conciliación sin renunciar a la firmeza.
El Jaguar chiapaneco, sinónimo de firmeza y convicción
Como bien señaló Kenia López Rabadán, Ramírez Aguilar ejerció con garra, firmeza y convicción, pero siempre dentro de los marcos institucionales.
Su presidencia se caracterizó por la armonización (como destacó Lily Téllez) y la prudencia democrática que Beatriz Paredes comparó con alas extensas para llegar muy lejos. Es decir, su liderazgo combinó eficacia técnica con altura política.
El contraste con el reciente cierre de sesiones de Gerardo Fernández Noroña no podría ser más obsoleto con confrontaciones, irritaciones, enfrentamientos físicos, denuncias por lesiones, acusaciones de montajes y un ambiente de polarización extrema.
Mientras Ramírez Aguilar cerró su ciclo con “broche de oro”, Noroña lo hizo con un zafarrancho que dejó un mal sabor de boca.
Esta comparación no es casual: revela dos modelos antagónicos de ejercer el liderazgo legislativo. Uno basado en la construcción de acuerdos y el respeto institucional; otro, en la confrontación y el conflicto, hecho espectáculo.
Ramírez Aguilar, ¿un pilar político para el futuro?
El hecho de que Ricardo Monreal lo haya destacado recientemente en una asamblea nacional de Morena efectuada en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, no es menor: Ramírez Aguilar representa una línea dentro del oficialismo que valora la gobernabilidad por encima de la polarización.
Su reconocimiento transversal sugiere que, en un escenario político fragmentado, figuras con capacidad de diálogo son indispensables.
La presidencia de Ramírez Aguilar en el Senado demostró que es posible ejercer el liderazgo con eficacia, respeto y legitimidad multipartidista.
En un momento donde la política nacional parece hundirse en la crisis de representatividad y el enfrentamiento estéril, su ejemplo debería ser estudiado como un manual de supervivencia democrática.
El Senado y el país, necesitan más líderes que, como él (Eduardo Ramírez Aguilar), entiendan que gobernar es tan solo construir puentes aunque se tenga la razón.
De chile, sal y manteca sexenal
Disculpa y reivindicación en la Dirección de Deportes
Tal cual se redactó en anterior entrega de Clase Política, “el problema de egos, es abismal en la política chiapaneca. Anteponen la pasarela, la moda y la búsqueda urgente de reflectores, por encima de la sensibilidad política y el sentido humano”.
Normal hoy en día, el circo romano de las redes donde miles de opiniones ponen en tela de juicio el ejercicio público de empleados de gobierno. Ellos deben tener muy presente su actuación plural e incluyente.
No se les debe olvidar que comulgan en un gobierno humanismo, enfocado a coadyuvar sumar, abonar y atender. Y es que siendo empleados, (no importando su estatus, raza ni religión) deben florecer con sentido humano, evitando con ello, actitudes hipócritas.
Comentarios antoniozavaletah@gmail.com

















