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“Aquí se respira cultura”, suelen decir quienes cruzan los pasillos de un centro cultural vivo. Pero cuando falta dirección, cuando no existe una brújula clara, el espacio se convierte en un edificio sin timón. Y como advertía Séneca: “No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige”.
En el estado de Chiapas existen diversos centros culturales con dirección formalmente designada: el Centro Cultural El Carmen y el Centro Cultural Carlos Jurado, en San Cristóbal de Las Casas; el Centro Cultural Rosario Castellanos, en Comitán de Domínguez; y el Centro Cultural Santo Domingo, en Chiapa de Corzo. Todos cuentan con responsables institucionales que trazan líneas de trabajo, gestionan recursos y articulan esfuerzos con el Consejo Estatal para las Culturas y las Artes (Coneculta).
En contraste, el Centro Cultural Soconusco —que recientemente apareció en el organigrama bajo la denominación Casas de las Culturas y las Artes de Chiapas: El Soconusco— permanece sin una dirección formalmente nombrada. Desde hace años opera con una encargatura que, además, asume simultáneamente la dirección de la Casa de Cultura Coneculta Tapachula. Se trata de la C. Norma Leticia Arellano Peñuelas, cuya labor al frente de la Casa de Cultura ha sido reconocida por diversos sectores. Sin embargo, la ausencia de una dirección exclusiva en el Centro Cultural Soconusco ha generado áreas de oportunidad que merecen atención institucional.
Más allá de capacidades personales, la duplicidad de funciones implica una carga administrativa y operativa que inevitablemente impacta en la gestión del espacio cultural más relevante de la región. La falta de una dirección propia limita la planeación estratégica, dificulta la interlocución con la capital del estado y produce vacíos en la articulación con colectivos, salas de lectura y promotores independientes.
En los últimos años se han señalado situaciones que requieren fortalecimiento institucional: la disminución de apoyos en festivales regionales como el Fray Matías de Córdova; la pérdida de continuidad de la Feria del Libro en la región; el mantenimiento insuficiente del inmueble; la concentración temática de actividades; y las dificultades logísticas para que núcleos de salas de lectura reciban sus acervos directamente en Tapachula. Estos puntos no deben leerse como señalamientos personales, sino como síntomas estructurales de un espacio que opera sin dirección exclusiva.
La cultura, como escribió Octavio Paz, es “el conjunto de las formas que dan sentido a una sociedad”. Si el Centro Cultural Soconusco aspira a consolidarse como punto de convergencia regional, necesita una figura directiva con capacidad de gestión, diálogo y articulación plural. No se trata de una pugna de nombres, sino de una necesidad institucional.
Sara Maldonado ha destacado por su gestión al frente del área cultural del Planetario del Colegio de Bachilleres, donde ha impulsado una agenda que integra ciencia, cultura y divulgación académica. Su participación en colectivos como Ateneas del Soconusco, la Asociación de Escritores de Tapachula y el Programa Nacional de Salas de Lectura revela una trayectoria vinculada tanto a la promoción literaria como al trabajo comunitario. Actualmente preside la Comisión de Cultura y Artes del colectivo 50+1, desde donde mantiene presencia activa en la vida cultural regional. Su perfil combina gestión, discurso público y redes de colaboración.
Rutilia Morales, directora de la Casa de Cultura de Mazatán, ha desarrollado un trabajo sostenido en promoción comunitaria. Su impulso al Encuentro de Cocineras Tradicionales, a las celebraciones de la comunidad china en la región y a actividades escénicas itinerantes —como las realizadas por Teatro Volcanes en colonias y ejidos— muestra una visión descentralizada de la cultura. Su experiencia en territorio podría aportar una mirada integradora que conecte al Centro Cultural con municipios del Soconusco más allá de la cabecera.
Karla Arriola, actual presidenta de la Asociación de Escritores de Tapachula, destaca por su capacidad de conciliación y generación de acuerdos. Psicóloga de profesión y autora del libro Desde adentro, ha participado en diversas antologías y proyectos editoriales. Además, su experiencia como emprendedora cultural la vincula con dinámicas de economía creativa, un ámbito cada vez más relevante en la gestión cultural contemporánea. Su perfil enfatiza el diálogo intersectorial y la construcción de sinergias.
Presentar estos nombres no implica descalificar a nadie ni anticipar decisiones que competen exclusivamente a Coneculta Chiapas, a cargo de la Mtra. Angélica Altúzar. El propósito es abrir la conversación pública sobre la urgencia de contar con una dirección formal, exclusiva y con proyecto definido. Porque un centro cultural no es solo un inmueble: es un ecosistema de creadores, lectores, artistas, gestores y públicos.
Como en una partida de ajedrez —para usar otra metáfora lúdica— la estrategia no depende únicamente de las piezas, sino de la claridad del plan. El Centro Cultural Soconusco necesita rumbo, articulación y transparencia en sus procesos de designación. La cultura regional merece un liderazgo que convoque, dialogue y entienda que la pluralidad no es amenaza, sino riqueza.
El juego está sobre la mesa. No como apuesta frívola, sino como decisión institucional. La región del Soconusco —diversa, fronteriza y profundamente creativa— requiere un centro cultural con dirección definida, visión estratégica y apertura democrática. Porque, en última instancia, la cultura no puede navegar a la deriva.