Bajo sol y lluvia, ambulantes de Tapachula luchan por el sustento diario
Cientos de vendedores ambulantes enfrentan las inclemencias del tiempo y más de 14 horas de trabajo diario para sobrevivir
Carlos Mejía
Bajo el ardiente sol del mediodía y las lluvias que azotan la ciudad, cientos de comerciantes ambulantes resisten en las calles de Tapachula, Chiapas.
“Mi niña no habla, no ve, no escucha, pero hacemos todo por ella, viajamos al Teletón una vez al mes con lo poco que ganamos”.
Para Don Mauricio, el ambulantaje no es informalidad, sino sobrevivencia. “Dicen que somos competencia desleal, pero cada quien tiene su clientela. Nosotros no estudiamos, pero trabajamos duro para que nuestros hijos sí lo hagan”.
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Orgullosa, cuenta que uno de sus hijos está por terminar una carrera universitaria. “Él dice que cuando se reciba nos va a sacar de trabajar. Primero Dios así será”.
Sobreviven entre desalojos y resistencia organizada
Ella destaca que la actual administración ha mostrado mayor sensibilidad. “Antes venían y amenazaban. Ahora cuando nos piden movernos, lo hacemos, porque sabemos que no estamos pagando nada. Pero el trato ha sido más humano”.
Actualmente, 37 personas operan como “centinelas” en zonas clave como el parque central y las avenidas Norte y calles del Poniente. De ellos, 20 trabajan en el turno matutino y 17 en el vespertino.
Su tarea consiste en mantener las áreas libres de vendedores fuera de horario, reubicar a quienes se exceden en su espacio y garantizar el tránsito peatonal.
Margarita, una de las supervisoras, explica: “Las vendedoras de canastas tienen permitido instalarse de 6 a 10 de la mañana. Después deben retirarse. La idea no es impedir que trabajen, sino que lo hagan con orden”.
En Tapachula, la línea entre la informalidad y la necesidad es delgada. Mientras unos los critican por invadir espacios públicos, ellos argumentan que no hay alternativas viables.
“Rentar un local es carísimo. Además, muchas empresas no te contratan si no tienes estudios”, dice Don Mauricio. “Yo tengo 45 años, nadie me da trabajo. Es mejor trabajar más de 14 horas para poder mantener a mi familia”, destaca.
Y mientras el sol castiga al mediodía y la lluvia cae al atardecer, los comerciantes informales de Tapachula siguen ahí, firmes en cada esquina, vendiendo lo que pueden, con la esperanza de que mañana tal vez les vaya un poco mejor.





























