Biotecnología ganadera, el nuevo motor productivo en la Costa-Soconusco
Estas técnicas, antes reservadas para grandes productores, hoy están al alcance de ganaderos de municipios como Mapastepec, Huixtla, Mazatán y Tapachula
Estas técnicas, antes reservadas para grandes productores, hoy están al alcance de ganaderos de municipios como Mapastepec, Huixtla, Mazatán y Tapachula

Alejandro Gómez
En los últimos años, la ganadería del Soconusco ha experimentado una transformación silenciosa, ya que de ser una actividad basada en prácticas tradicionales y heredadas por generaciones, ha comenzado a abrazar con firmeza la inseminación artificial a tiempo fijo, la transferencia de embriones y la fertilización in vitro.
Las biotecnologías reproductivas están revolucionando la manera en que se cría y se produce ganado en municipios como Mapastepec, Acapetahua, Villa Comaltitlán, Huixtla, Huehuetán, Mazatán, Tapachula y hasta Suchiate.
“Estamos viviendo una etapa de socialización de la tecnología, algo que antes parecía exclusivo de los grandes ganaderos ahora está al alcance de todos”, asegura el Médico Veterinario Zootecnista Rodolfo Otilio Briones Rodas, especialista en reproducción bovina con más de tres décadas de experiencia en la región.
Durante años, la reproducción en los hatos ganaderos de Chiapas estuvo determinada por el ritmo natural del ganado y el trabajo de los sementales porque era una lógica simple, cómoda y para muchos suficiente. Sin embargo, con el paso del tiempo y la necesidad de ser más competitivos frente a los estándares nacionales e internacionales, la visión cambió.
Hoy, técnicas como la inseminación artificial a tiempo fijo, la transferencia de embriones y la fertilización in vitro son cada vez más comunes, pues hace unos 10 años sólo unos pocos en Chiapas trabajaban con estas técnicas y se calcula que un 50 por ciento de la ganadería ya usa inseminación artificial, y alrededor de 1.5 por ciento trabaja con embriones y fertilización in vitro, indicó el especialista en reproducción bovina en la región del Soconusco.
El impacto de estas técnicas reproductivas no es menor, ya que el animal mejorado genéticamente puede valer hasta el doble o el triple que uno convencional, asegura Briones Rodas.
Una novilla de alto valor genético puede alcanzar entre 30 y 45 mil pesos, mientras que un semental puede cotizarse hasta en 100 mil pesos o más, dependiendo de la raza y la demanda que se tenga en el mercado.
Pero no se trata únicamente de valor de mercado. También se traduce en productividad: vacas mejoradas pueden producir entre 15 y 20 litros de leche diarios en pastoreo, mientras que la carne obtenida de animales cruzados con razas especializadas tiene mayor calidad y rendimiento.
“Antes una vaca paría cada 18 o hasta 24 meses. Hoy, con control reproductivo, manejo nutricional y sanidad adecuada, se puede lograr un parto cada 12 meses, lo cual significa más becerros por año, más leche y más carne”, explica el veterinario.

El principal obstáculo, sin embargo, no es económico ni tecnológico, sino cultural. Ya que para muchos ganaderos, es más fácil y cómodo dejar todo al toro. No hay necesidad de estar al pendiente, ni de aplicar hormonas o hacer sincronizaciones, pero eso también implica menos control, más pérdidas y baja productividad, señala Briones Rodas.
Convencer a los productores de adoptar biotecnologías no ha sido fácil, porque muchos pensaban que esto era sólo para ganaderías de registro o de exportación. Pero ahora saben que incluso el pequeño productor puede beneficiarse con la aplicación de la tecnología.
El cambio ha sido impulsado también por las nuevas generaciones de veterinarios, mejor capacitados y dispuestos a llevar estas herramientas al campo, pues hoy en cualquier municipio encuentras un veterinario que está haciendo inseminación o transferencia de embriones en la región del Soconusco, lo que no pasaba antes, indicó.
La región Costa-Soconusco tiene todo para convertirse en un polo ganadero competitivo: terrenos amplios, diversidad de forrajes, clima favorable y, sobre todo, agua.
“Estamos bendecidos en ese sentido, pero no siempre sabemos usar bien ese recurso. Hay zonas del país con escasez de agua que son más productivas que nosotros”, lamenta el MVZ.
El uso de silos de maíz, rotación de potreros, uso de forrajes alternativos y la inversión en sanidad animal complementan la estrategia, ya que no se trata sólo de inseminar vacas. Hay que ver al hato como un sistema integral: manejo, alimentación, salud y genética.

La elección de razas también es parte del éxito. Para carne, las más demandadas son Brahman gris, Brahman rojo y Nelore. Para leche, el Gyr, el Sardo Negro y las cruzas con Holstein se están volviendo comunes, dando lugar a razas híbridas como el Girolando y el Sardolando.
“El Holstein es muy bueno para producir la leche, pero no aguanta el trópico, las garrapatas, las enfermedades lo afectan. En cambio, cuando lo cruzas con razas cebuinas, obtienes animales rústicos y productivos”, afirma.

Los costos de aplicar estas técnicas son variables. Una inseminación artificial con resultado exitoso cuesta entre 2,500 y 3,000 pesos por vaca preñada. La transferencia de embriones sube a 5,000 pesos. La fertilización in vitro, dependiendo del laboratorio, puede alcanzar cifras similares, pero permite obtener más embriones por cada donadora.
El retorno de inversión es evidente. Un becerro de alta genética puede venderse en 20,000 o hasta 25,000 pesos, mientras que uno convencional ronda los 15,000 pesos. “El margen de utilidad es mayor y se diversifica aún más si el productor vende hembras, sementales o leche”, apunta.
Para Briones Rodas, el uso de la biotecnología es ineludible si se quiere pensar en una ganadería moderna. “Los países que están a la vanguardia llevan 70 u 80 años trabajando con genética. Nosotros apenas vamos empezando, pero ya hay avances notables”, asegura.
Finalmente, recomienda a los ganaderos no tener miedo al cambio, ya que el futuro de la ganadería está en la innovación y dejar atrás el mito de que esto es complicado o caro. Hay médicos, técnicas al alcance de todos y sólo falta decisión de los ganaderos que apostarle a la tecnología.

Ramón Agustín Figueroa Bueno, jamás imaginó que su pasión por la ganadería, iniciada con un pequeño hato criollo, lo llevaría a convertirse en productor de sementales de alta calidad genética en la región Costa-Soconusco. Su historia es ejemplo de cómo la tecnología puede transformar todo, incluso cuando se parte desde cero.
El productor explicó que la tecnología mejoró la calidad de sus animales, dio rentabilidad y pasó de no vender algún animal como reproductor a colocar entre seis a siete sementales al año.
Dijo que con tecnología, ha alcanzado hasta la cuarta generación de inseminación artificial con resultados muy superiores para la venta de sementales de raza Sardo Negro.
“El precio va de 40 mil a 60 mil pesos de acuerdo a la calidad, línea genética y la diferencia entre un toro criollo y uno con buena genética es enorme, el mercado lo reconoce y lo pagan”, señaló.
Explicó que su primer paso fue dejar el ganado criollo e inició con algunas hembras base de calidad y pajillas del reconocido toro “Batún”, del rancho Las Brisas. Desde la primera generación, notó la mejora radical en los becerros: más fuertes, desarrollados y resistentes.
Mencionó que con paciencia, inversión y asesoría constante avanzó hacia una segunda y tercera generación de animales, por lo que empezó a seleccionar toretes de buena línea genética y a venderlos como sementales.
“Hoy afirmo que mi hato ganadero ha alcanzado una mejoría del 100% respecto al ganado original, y se encuentra ya en la cuarta generación de animales con genética élite que están vendiendo a buen precio”, expresó.
Añadió que otro de los grandes beneficios ha sido la eficiencia en el uso del espacio, ya que con poca superficie, hoy produce animales de alto valor comercial, lo que antes parecía imposible y su reputación ha crecido.
Destacó que ahora son los ganaderos de la zona quienes lo buscan para adquirir toretes, reconociendo la calidad del trabajo que realiza, aunque no cuente con registros formales.

Indicó que el mayor logro ha sido acortar el tiempo de desarrollo de su ganadería, ya que con monta directa hubiera tardado décadas en lograr lo que ahora tiene y la biotecnología le permitió avanzar rápido y con resultados visibles.
Finalmente puntualizó que está convencido de que el uso de la tecnología en la ganadería da buenos resultados y hace un llamado a otros pequeños productores a que se animen a practicar con la nueva tecnología.