Canelo, el perrito mestizo que conquistó un hogar en Tapachula
Lo encontraron abandonado cuando era un recién nacido. Dos años después, se convirtió en el guardián y amigo inseparable de una adolescente
Carlos Mejía
Así fue como Canelo llegó al hogar.
Quien quedó completamente cautivada fue Saraí, una adolescente de sonrisa amplia y carácter sensible. Fue ella quien le puso el nombre: Canelo, por el tono claro de su pelaje. Desde esa tarde, el vínculo fue inmediato.
Sin embargo, hubo un día que marcó a la familia.
Canelo se escapó.
Nadie supo exactamente cómo logró salir. Tal vez una puerta mal cerrada o un descuido de segundos. Lo cierto es que cuando Saraí regresó de la escuela y no lo vio, el vacío fue inmediato. La angustia comenzó a recorrer la casa.
Sin pensarlo, salió a buscarlo por toda la colonia. Preguntó a vecinos, recorrió calles, tocó puertas. El sol comenzaba a caer cuando alguien le dijo que habían visto a un perrito parecido encerrado en una vivienda cercana.
Saraí llegó hasta esa casa. Tocó con nerviosismo. Explicó que su perro se había perdido. Tras algunos minutos de conversación, confirmaron que se trataba de Canelo. Estaba ahí, asustado, pero sano.
Esa tarde volvió a casa con Canelo en brazos, y las lágrimas que había contenido durante horas se transformaron en alivio.
Algunos vecinos todavía comentan que es “corriente” o que no es un perro fino. Otros cuestionan por qué tanto cuidado para un mestizo. Pero dentro de la familia Velázquez Arriaga, Canelo es más que su apariencia o su origen.
Es el perro que espera a Saraí cuando regresa de clases.
Es el que mueve la cola apenas escucha su voz.
Es el que duerme junto a ella cuando hay días difíciles.
Cada que le toca cita al médico veterinario, es llevado puntualmente. Vacunas al día, revisiones periódicas y alimento adecuado forman parte de la responsabilidad que asumieron desde que lo adoptaron.
Porque si algo aprendieron es que rescatar no es solo abrir la puerta; es comprometerse.
Dos años después de aquella llamada, el cachorro abandonado se convirtió en el guardián emocional de una adolescente. Y aunque para algunos siga siendo “corriente”, para Saraí es único.






























