No imaginaba que un día, las imágenes de la panadería de la abuela y el recuerdo, la llevaría gracias a tener tiempo libre para el alma, a introducirse en el mismo mundo de la panadería.
La chica tomó el pastel cortado en rebanadas y al poco tiempo volvió sin nada. —Lo vendí todo—, dijo emocionada, —para el domingo hágame dos, y además le traigo una nueva oferta—.
—Una señora probó su pastel y me dijo que su hija va a festejar 15 años y desea que le haga uno con el mismo sabor—.
La señora que deseaba el pastel la convence, pues Carmelita no se atrevía a hacer un trabajo de ese tamaño, así que, con las bases de la boda de su mamá, ahí armó una torta riquísima y tan bien decorada que gustó mucho.
En ese centro de capacitación aprendió la técnica de los pasteles crema que son húmedos, no fue fácil introducir el pastel de tres leches, hasta que supo conquistar el mercado.
En realidad, se llama “La casa del Pastel”, pero es imposible dejar el nombre de “Pasteles caseros”, como nació y como sigue vivo en el mercado.
Carmelita Cerdio Villagómez, tiene 37 años en el mundo de los pasteles. En su fábrica de pasteles solo producen dos tipos de pasteles con distinto relleno.
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Carmelita Cerdio imprime su arte, amor e inigualable sabor en cada uno de sus exquisitos pasteles / Carlos Morán / Diario del Sur
Los postres, y en especial los pasteles, son a la mesa lo que los conciertos barrocos son a la música: un arte delicado. Carmelita llegó a este mundo feliz, sonriente, nació con talento y pasión por vivir la vida como Dios manda.
No olvida que de niña su madre la llevaba a ver a la abuela a quien llamaba como “mamá Carmen” y, quien se dedicaba a la apasionante tarea de hacer pan, un oficio como el del poeta, que tiene la esencial tarea de alimentar al mundo.
Entre los hornos y los moldes con maza cubiertos con un paño blanco para reposar y ver el proceso lento de la harina, en donde se producía el milagro, Carmelita se llevó esas imágenes y aromas: la mágica maza convertida en delicadas piezas de pan…
Es hija de don Francisco de Jesús Cerdio Bado, un renombrado agricultor y pionero de la soya en la zona del Soconusco, y de Beatriz Villagómez, quien era asistente en el Banco de Crédito del Istmo. Es Carmelita Cerdio Villagómez, nuestra entrevistada de Diario del Sur y, la segunda heredera de este hogar con una hermana mayor: Beatriz.
Carmelita hizo sus estudios iniciales en escuelas públicas; cursa la primaria en la escuela Tipo Fronterizo; la secundaria, en la Federal número ; y su padre decide enviarla al Tec de Monterrey, en Monterrey, Nuevo León, internada para cursar el bachillerato.
En el Tec de Monterrey, después de culminar el bachillerato, estudia un año la licenciatura en Administración de Empresas, pero extrañaba su casa y el amor y decide regresar e ingresar a la UNACH, para terminar lo que había iniciado en Monterrey.
Pero su historia como empresaria comenzó siendo muy joven. Cuenta que en Navidad y todos los festejos de la casa, su mamá se dedicaba a cocinar el plato fuerte y ella, tenía el don o la virtud natural para crear el postre. —Ya tenía fama en la familia que mi fuerte era hacer postres—, anota sin perder el buen humor.
No sabe la fecha exacta, solo recuerda que la chica que les ayudaba en casa con los quehaceres domésticos, le dice un afortunado día: —hágame un pastel y lo voy a vender a la calle—, por supuesto que Carmelita no estaba convencida, pero tomó la decisión sin tantos aspavientos.
Carmelita Cerdio con su hija / Carlos Morán / Diario del Sur
Carmelita Cerdio Villagómez tenía 20 años cuando debutó como repostera en esos quince años de la hija de doña María del Carmen Campollo (dueña de la farmacia San Martín, que estaba ubicada en la 6ª norte).
La misma señora la convence para que se promueva y sus pasteles se vuelvan famosos y disfrutados por todos. —Anúnciese en Diario del Sur, usted va a vender—, indicándole que en el aviso eficaz pusiera su número de teléfono y, —así comencé esta aventura— anota sonriente.
¡Tenía que ser mujer! Para decidir cuando el número de ventas estaba al alza, viajó a la Ciudad de México en busca de asesoría. El pastel que ella elaboraba era bueno, pero deseaba profesionalizarse, así que se inscribió en el Centro de Capacitación la Baguette, era un centro de panadería europea, en donde pulieron su talento y sazón por el pan.
El mercado creció tanto que, tuvo que abrir una tienda en su propia casa, en donde está la fábrica de pasteles, ahí colocó un enfriador gracias a que las nuevas fórmulas modernas permiten su estancia en frío mientras llega el comensal por un postre.
Pero realizar pasteles o panes, es una tarea muy parecida a la del poeta, es una pasión peligrosa, una vocación algo melancólica y, aunque nuestra entrevistada es pura sonrisa y risas, estudiando la universidad comparte sentimentalmente su vida con Emilio Ballinas Vázquez. Ella se convirtió en administradora y él, en contador público.
En 1988 se convierte en madre y siete años después nace su segunda hija; Carmelita. La historia de Carmelita Cerdio, de su pequeña fábrica de pasteles nació y fue tomando forma como su vida.
El nombre de “Pasteles caseros”, nació y fue ganando fama sin que nadie se diera cuenta. Fue así cómo un rotulista que trabajaba en “Conasupo”, en donde Carmelita daba su servicio social, le dijo —permítame hacerle el letrero de su pastelería—. Hasta el día de hoy es el mismo letrero con el mismo diseño. La mercadotecnia de “Pasteles caseros” no es por diseño sino por el excelente sabor.
Carmelita Cerdio el sello de los pasteles caseros / Carlos Morán / Diario del Sur
La pequeña empresa que comenzó con la venta de un pastel en la calle, el pastel de aquella quinceañera y el anuncio en el aviso eficaz de Diario del Sur, se fue convirtiendo en una pequeña industria. Hubo tiempos malos por la entrada de supermercados, pero el tiempo fue buen amigo, me confía Carmelita Cerdio.
Su hija Carmelita es abogada de profesión y al no encontrar un espacio laboral o mejor dicho, su destino, la llevaría a vivir una experiencia maravillosa en París, en donde tomó un curso en Cordon Bleu; ha sido instruida por la famosa chef Paulina Abascal, así como con Julián Ángel que, decidió sumarse al negocio familiar de “La Casa del Pastel”, e inició con la receta tradicional de mamá Carmen, abuela de Carmelita y bisabuela de su hija.
Es su hija, quien tuvo la genial idea de crear mesas de postres para los eventos, y es acá en donde una mujer joven con visión, lleva “Pasteles caseros” al mundo de las redes sociales, crea una página y la mercadotecnia vuelve a renacer, sacude la pequeña industria y…
Nuevamente aquello que inició como una pequeña empresa creada por Carmelita Cerdio, se suma su hija Carmelita Ballinas y juntas, con el sabor tradicional y la magia de nuestra entrevistada, lograron fama y conquistaron con calidad y sabor.
Ha educado a dos hijos: Carlos Ricardo, quien egresó del Instituto Tecnológico de Tapachula, como ingeniero en electromecánica, titulándose por promedio, y su hija Carmelita, quien es licenciada en derecho egresada de la UNID y socia de Pasteles caseros.
Nuestra empresaria está casada con el C.P. Jesús Emilio Ballinas Vázquez, nace el 13 de abril de 1967, y es Carmelita Cerdio, una mujer emprendedora que un día, sin proponérselo, fincó una empresa pastelera.
Es necesario anotar que el verdadero nombre de nuestra entrevistada es Carmen, un nombre fuerte y estricto como el de su abuela, un nombre que la llevó al mundo de la repostería y a quien de cariño se le conoce como Carmelita.
Así es esta historia dulce de Carmelita, quien pasa sus días entre aromáticas especies, crema fresca, harina, frutas y panes desnudos recién horneados que, son rellenos y vestidos según la ocasión.