“El patrón solo nos dijo que esperemos, pero llevamos esperando varios días y la despensa no se llena sola, por lo que ya estoy buscando qué más hacer para mantener a mi familia”, explicó.
“Yo entré hace cinco años. Mi esposo falleció y con ese trabajo pude salir adelante con mis hijas”, comenta Laura Méndez, quien laboraba en la zona de secado.
Contó que ahora se la pasa preguntando a las demás si ya habían escuchado algo, pues estaba esperando que llegara gente del gobierno, pero nadie vino. Solo cerraron las autoridades y los dejaron a la deriva.
Otra trabajadora, Juana López, de 29 años, lamenta que la situación impacta directamente la economía de todos los trabajadores e incluso de los dueños de las plantas.
“Hasta ahora no sabemos qué va a pasar con las plantas, el dinero para la renta, la comida y la escuela de mis hijos. Es algo desesperante”.
IMPACTO ECONÓMICO Y LA CAÍDA DE PRECIO
“No solo perdemos dinero, también perdemos tranquilidad. Estamos atrapados sin salida, lo cual afecta a toda la comunidad productora del cultivo de palma”, relata.
Manifestó que el precio de la tonelada de fruta ha caído un 30% ante la falta de compradores, lo que representa una afectación directa a la economía de los productores.
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El desabasto y las altas temperaturas han elevado la demanda de pipas, generando un gasto constante para hogares que dependen de este servicio para tener agua
Cinco plantas extractoras de aceite de palma fueron clausurados por contaminar el subsuelo en la Costa de Chiapas / Cortesía / PROFEPA
Los caminos polvorientos que cruzan la región del Soconusco y el silencio de las maquinarias industriales dicen más que mil palabras. Desde que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) clausuró cinco de siete plantas extractoras de aceite de palma en abril de este año, cambió profundamente la vida de cientos de familias, ya que el cierre no solo detuvo operaciones; suspendió la rutina, el ingreso económico, la certidumbre y la esperanza de muchos que dependen de esta industria para vivir.
Lo que comenzó como una acción administrativa federal por parte de PROFEPA se convirtió rápidamente en un problema laboral y económico para quienes dependen de la industria aceitera, ante el cierre de las plantas Oleopalma, Seopalma, Cooperativa Unión de Palmicultores de la Costa de Chiapas, Pakal Consultores en Agronegocios del Sureste y la Aceitera Chiapaneca La Palma Sociedad de Producción Rural de Responsabilidad Limitada.
Los primeros en sentir el golpe fueron los obreros. En municipios como Acapetahua, Villa Comaltitlán y Mapastepec, cientos de ellos fueron notificados que ya no habría turnos en las plantas extractoras y que las puertas estarían cerradas hasta nuevo aviso, mientras para muchos, ese empleo representaba el único ingreso familiar.
José Pascual Coello Castillo, presidente de la Sociedad de Producción Rural Zitihualt y presidente de la extractora de aceite, dio a conocer que son un promedio de cinco mil personas que de manera directa e indirecta dependen de la producción del aceite de palma.
“El pago que obtenían era lo que les permitía pagar su luz, los útiles escolares, la comida. Algunos llevaban años, ahí habían aprendido el oficio, lo enseñaban a otros y habían construido una vida a partir de este trabajo, pero hoy no tienen nada”, expresó.
Marco Antonio Ruiz, contó que trabajaba en el área de limpieza y empaque. Ganaba poco, pero era seguro para llevar el sustento a su casa para sus dos hijos y esposa que dependen directamente de él.
Ante la falta de procesamiento y poca demanda la fruta cayó de precio / Archivo / Diario del Sur
Para muchas mujeres y hombres como Marco Antonio, el cierre fue también un golpe emocional. Su rutina y su estabilidad se vinieron abajo sin previo aviso. Algunos de sus compañeros han buscado empleos eventuales en casas, en el campo o, en el caso de las mujeres, vendiendo comida, pero nada reemplaza el ingreso constante que representaba la planta extractora para ellos.
Rosalba Hernández señaló que les dijeron que el cierre era temporal, pero ya llevan casi el mes y nada cambia, por lo que están desesperados por la situación que están atravesando muchos trabajadores de las plantas.
“Mi esposo y yo trabajábamos juntos en la planta, y ahora él salió a buscar cualquier trabajo, pero no hay nada seguro para llevar el sustento a casa y de repente nos agarra la desesperación”, comenta.
El impacto por el cierre de las cinco plantas fue más allá del personal. Los productores de palma africana, pequeños y medianos campesinos que han invertido los últimos años en cultivar, cosechar y transportar la fruta, se encontraron con una realidad triste: no hay a quién venderle su producto.
De las 66 mil toneladas de palma que se produce en Chiapas, menos de la mitad se logra vender / Gráfico / Diario del Sur
Ahora las plantas no reciben la palma, los centros de acopio fueron cerrados y los precios cayeron como si hubieran sido arrastrados por una avalancha invisible. De recibir hasta 3,100 pesos por tonelada, algunos apenas pudieron vender a menos de la mitad o máximo en 2 mil pesos.
Josué Hernández, productor, narró que el fruto comenzó a pudrirse en los remolques, en los patios, en las parcelas, y aunque algunos han intentado trasladar la producción a otras regiones donde todavía había plantas activas, se tuvieron que endeudar para hacerlo.
“Hubo quienes abarataron su carga con la promesa de recuperar algo, cualquier cosa, antes que verlo todo perdido. La desesperación crece entre los productores, ya que no hay una fecha para la apertura de las plantas”, manifestó.
José Luis Méndez Hernández, presidente regional de los palmicultores, contó que algunos productores han expresado que el cierre les ha obligado a endeudarse con prestamistas locales, quienes aumentan las tasas de interés aprovechando la necesidad que tienen por el cierre de las plantas extractoras.
Muchos productores han debido endeudarse para sacar el producto a otras extractoras y no perder totalmente su inversión. / Archivo / Diario del Sur
Indicó que de las 66 mil toneladas de palma que se producen cada mes en la Costa y Soconusco, las empresas extractoras que operan sólo logran comprar el 40 por ciento, por ello, la mayoría de los productores busca cómo vender sus cosechas.
“Lo que deja el cierre también se percibe en las calles vacías, en los caminos donde ya no circulan los camiones cargados y en los centros de carga donde el sonido constante de motores ha sido reemplazado por la espera”, detalla.
Puntualizó que hasta los comedores, los talleres, los pequeños comercios han visto disminuir sus ventas, pues toda la economía rural que dependía directa o indirectamente de la industria palmicultora se encuentra en pausa, sin fecha clara de reactivación.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) clausuró cinco plantas extractoras de aceite de palma ubicadas en los municipios de Acapetahua, Mapastepec y Villa Comaltitlán por contaminación, falta de tratamiento adecuado de aguas residuales, falta de infraestructura técnica y afectación directa al entorno donde estaban instaladas.
Las acciones se llevaron a cabo tras diversas inspecciones que revelaron que las empresas operaban sin cumplir con las disposiciones legales establecidas para el manejo adecuado de residuos industriales, entre ellas la norma ambiental NOM-001-SEMARNAT-2021.
Durante las visitas de inspección, se detectó que las aguas residuales industriales generadas durante el proceso de extracción no estaban recibiendo el tratamiento necesario, lo que provocó su infiltración directa al suelo natural en terrenos aledaños e incluso bajo las lagunas de oxidación.
Esta práctica genera un alto riesgo de contaminación, no solo para el medio ambiente, sino también para la salud de la población cercana a estas instalaciones, por lo que la PROFEPA decidió clausurar temporalmente mientras realizan los cambios requeridos para cumplir con la normativa.
De acuerdo a la Profepa las plantas reabrirán hasta que cumplan con las normativas ambientalistas / Archivo / Diario del Sur
De acuerdo con el artículo 121 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, la descarga de aguas residuales sin tratamiento adecuado constituye una amenaza significativa, ya que estos residuos contienen compuestos como nitrógeno, fósforo, materia orgánica y bacterias coliformes fecales. Estos contaminantes deterioran la calidad del agua y del suelo, afectan la biodiversidad y comprometen la estabilidad de los ecosistemas locales.
Ante estas irregularidades, la PROFEPA procederá con la integración del procedimiento administrativo correspondiente para determinar responsabilidades y aplicar las sanciones previstas en la legislación ambiental vigente para las empresas: Oleopalma, Seopalma, Cooperativa Unión de Palmicultores de la Costa de Chiapas, Pakal Consultores en Agronegocios del Sureste y la Aceitera Chiapaneca La Palma Sociedad de Producción Rural de Responsabilidad Limitada.
Asimismo, dará seguimiento técnico y jurídico al cumplimiento de las medidas requeridas, con el objetivo de evitar mayores daños ambientales y garantizar el cumplimiento de la ley por parte de las plantas extractoras de aceite de palma.
Es importante citar que las extractoras más grandes no sólo extraían el aceite de la fruta de palma, sino que también obtenían subproductos como el llamado junquillo, que es el sobrante de la extracción del aceite, que se muele y vende como alimento para ganado, además de producir aceite palmiste del coquito de la fruta, que tiene un valor más alto.