Uno de los momentos que marcó a esta comunidad fue cuando, durante el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, se decretó la Reserva de la Biósfera La Encrucijada como área natural protegida.
Reconocimiento y memoria
Mujeres afrochiapanecas: doble lucha
Migración, abandono y resistencia
“Los pueblos afrodescendientes nos estamos quedando solos. Muchos se han ido porque aquí no hay de qué vivir, y los jóvenes se van a otras partes del país o a los Estados Unidos.
Para Argelia, su lucha también es una batalla por la memoria y por seguir manteniendo viva su cultura, sus raíces y todo lo que la hace sentirse orgullosa de ser afrodescendiente.
“Acá estamos y vamos a seguir luchando para que nos escuchen, atiendan y nos ayuden a mantener viva nuestra cultura, que nos da identidad”, mencionó.
Cultura, identidad y legado
“Queremos darle una nueva mirada a nuestros movimientos. Que nuestras hijas e hijos tengan una vida digna en estos territorios. Honramos a nuestros ancestros que fueron traídos como personas esclavizadas. Hoy les damos voz.”
El camino hacia la justicia
La importancia de visibilizar
Para Jesús Ruiz, activista afromexicano, la importancia de visibilizar y reconocer al pueblo afrochiapaneco es demostrar que existen y resisten desde la pluralidad.
“Hoy son voces que resuenan con fuerza y lo que buscamos es darle otro sentido a nuestro movimiento, pues trabajamos con personas que luchan todos los días por salir adelante, a pesar del olvido institucional”, expresó.
Añadió que pretenden construir un futuro desde la memoria y el arraigo, para que sus hijas e hijos puedan tener una vida digna dentro de las comunidades afrodescendientes.
Las “chinches besuconas”, se alimentan de sangre y depositan sus heces infectadas cerca de la picadura, permitiendo la entrada del parásito al organismo
Una motocicleta ofrecía viajes a bajo costo, mientras que en otro punto un mototaxi operaba pese a que este tipo de servicio no está permitido en la ciudad
La Comisión Nacional de Búsqueda y la SEMAR realizan sobrevuelos y recorridos en embarcaciones para localizar posibles indicios de migrantes desaparecidos
Las comunidades de afrodescendientes viven en la marginación y sin que alguien las volteen a ver / Alejandro Gómez / Diario del Sur
En la cálida y fértil región del Soconusco habitan comunidades descendientes de africanos que fueron traídos al continente americano durante la época colonial. Pese al paso del tiempo, la historia de los afrochiapanecos sigue siendo en gran medida ignorada y marginada.
Estás personas y comunidades no figuran en los libros de texto, en las políticas públicas del gobierno federal, estatal o municipal, ni en los planes de desarrollo. Sin embargo, su identidad y cultura luchan por la tierra, así como por su reconocimiento.
Hay comunidades como La Palma, Barra Zacapulco y El Herrado que resisten y exigen su derecho a existir, ser visibilizados, así como respetados por sus rasgos o color de piel que los ha marginado.
La población afrodescendiente en la región del Soconusco es de 8 mil 648 mujeres y 7 mil 926 hombres, sumando aproximadamente 16 mil 574 personas en total, mientras que en Chiapas, de acuerdo con el censo 2020, son un total de 56 mil 532 afrodescendientes y representa solo 1.0%.
Los afrochiapanecos son descendientes de personas africanas esclavizadas que fueron traídas a México desde el siglo XVI por los colonizadores españoles. Fueron trasladados principalmente por solicitud de la Iglesia Católica a la región del actual Soconusco, particularmente a la capitanía de Escuintla, entonces bajo la jurisdicción de la Capitanía General de Guatemala, perteneciente al Imperio Español.
Su destino era trabajar en las plantaciones de cacao, caña, café y añil, así como en el cuidado del ganado. Esta zona era considerada una de las más ricas de la Nueva España, y la mano de obra africana fue fundamental en el desarrollo económico de la región. Sin embargo, a diferencia de otras poblaciones, los afrodescendientes quedaron relegados al olvido tras la Independencia de México en 1821, cuando se promovió la idea de una “raza mestiza única”, borrando de la narrativa nacional a los pueblos afrodescendientes e indígenas.
Durante siglos, los afrochiapanecos resistieron desde la invisibilidad. A pesar de los embates del racismo estructural, la falta de políticas públicas específicas y la discriminación cotidiana, han conservado sus raíces, sus prácticas culturales y su sentido de pertenencia. Hoy, sin embargo, enfrentan nuevas amenazas: la falta de certeza jurídica sobre sus tierras, la migración forzada por falta de oportunidades y la indiferencia gubernamental.
Aristeo Arteaga José, habitante de la comunidad de La Palma, en el municipio de Acapetahua, señala que no tiene los documentos de sus tierras: “Aquí vivimos sin documentos. No tenemos escrituras que acrediten que estas tierras, en las que han vivido nuestras familias por generaciones, son nuestras. Vivimos de la pesca, el turismo, la ganadería y la agricultura. Con eso solventamos nuestras necesidades.”
Los afrodescendientes quedaron relegados al olvido tras la Independencia de México en 1821 / Alejandro Gómez / Diario del Sur
“Nos quitaron el derecho a nuestras tierras. Hoy no tenemos un papel que diga que somos dueños de las casas ni de los terrenos que trabajamos. Podemos ser despojados cuando el gobierno quiera. Solo queremos que se nos reconozca el derecho de propiedad”, denunció Aristeo.
Adonis Chong, de 85 años, recuerda que la comunidad de La Palma fue fundada en 1890 y que él es parte de la tercera generación afrodescendiente en la región. A pesar de las dificultades, asegura que en los últimos años han dado pasos importantes para el reconocimiento.
“Vino gente del CDI, hoy INPI (Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas). Hicieron una investigación, nos entrevistaron, preguntaron sobre nuestros antepasados y se llegó a la conclusión de que sí, somos descendientes de africanos. Gracias a eso, hoy tenemos documentos que nos reconocen como afromexicanos o afrochiapanecos”, externó.
Comentó que este reconocimiento es apenas un primer paso y que las condiciones de vida no han mejorado significativamente, pues falta inversión, apoyo social, acceso a educación, salud y servicios básicos.
Wirginia Ercita de la Cruz Montes, de la ranchería Barra Zacapulco, comparte su sentir como mujer afrodescendiente, ya que no ha sido fácil salir adelante para ellas, especialmente para las mujeres solteras.
“Me siento orgullosa de ser afro, de ser morena, oscura, y quiero seguir siendo parte de esa piel, de esa descendencia que ha luchado por sobresalir. Pero ha sido muy difícil. Somos mujeres solas que luchamos cada día, enfrentando el abandono del gobierno y la falta de oportunidades. Vivimos de la pesca, pero esta actividad ha decaído y nadie nos apoya.”
Las comunidades se están organizando para que las volteen a ver / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Pese a ello, no bajan los brazos. Como parte de sus costumbres, celebran cada año una fiesta patronal en honor a la Virgen Inmaculada Concepción, con un paseo en lancha por el río, una tradición que honra tanto su fe como su vínculo con el agua y la pesca.
En El Herrado, otra comunidad afrodescendiente del municipio de Acapetahua, Argelia Hernández Girón lanza un llamado urgente, pues la migración de la gente es una realidad que los afecta.
Las comunidades afrochiapanecas conservan una rica tradición cultural que incluye gastronomía, música, danzas, medicina tradicional y saberes ancestrales. Su cocina incorpora mariscos, coco, plátano y condimentos heredados de África. La vida gira en torno a los ciclos del río, del mar y de la tierra.
A pesar de que sus aportes culturales han sido invisibilizados en los planes de estudio y en los medios de comunicación, su herencia es palpable en el modo de hablar, las fiestas patronales, los platillos típicos y las redes comunitarias que han tejido durante generaciones.
En 2019, gracias a la presión de organizaciones y colectivos afrodescendientes de todo el país, el Gobierno de México reconoció constitucionalmente a los pueblos afromexicanos como parte de la composición pluricultural de la nación. Sin embargo, este reconocimiento todavía no se traduce en políticas efectivas ni en justicia territorial.
Las comunidades afrochiapanecas siguen esperando que se les otorgue certeza jurídica sobre sus tierras, que se respeten sus derechos y que sus historias formen parte de la narrativa oficial.
“Gracias a los que nos antecedieron, hoy estamos aquí luchando por ese reconocimiento. Sigamos buscando la ruta para que el racismo sistemático termine. Para que las autoridades dejen de crear sistemas que nos excluyan”, concluyó Argelia Hernández.
Aseguró que los afrochiapanecos del Soconusco son un ejemplo de resistencia, identidad y dignidad, pese al olvido histórico, la marginación institucional y la precariedad.
Precisó que es hora de que el Estado mexicano les dé el lugar que merecen; es hora de justicia, reconocimiento y reparación histórica para los pueblos afrodescendientes de Chiapas.
“Estamos en una lucha importante, para que los pueblos afromexicanos puedan darse a conocer en Chiapas, para que podamos tener nuestras propias narrativas y para que podamos seguir luchando todos los días contra la existencia negada que hoy vivimos”, abundó.
Puntualizó que la existencia es un proceso de reconstrucción, “desde nuestros ancestros que fueron traídos como personas esclavizadas a esta región de Chiapas, y que hoy están luchando por ese reconocimiento, así como para que el racismo sistemático e institucional llegue a su fin”.