Del amor al desamor: crónica de lo que queda cuando se apagan los votos
En Tapachula, cada mes cientos de parejas viven el inicio y el fin del matrimonio con bodas civiles y divorcios administrativos. Descubre cómo funcionan estos procesos y el impacto del régimen patrimonial en Chiapas.
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Mientras algunas parejas sueñan con el “para siempre”, otras aprenden a despedirse / Carlos Mejía / Diario del Sur
Las vitrinas se llenan de corazones rojos y las palabras “para siempre” se repiten con una fe que parece invencible. Es el mes del amor, de la amistad, de las bodas colectivas gratuitas que cada año se celebran en Chiapas como un ritual civil que todavía convoca esperanza. Pero febrero también guarda una sombra discreta: la certeza de que no todos los el amor resisten el camino de la vida.
En Tapachula, el amor se formaliza casi con regularidad matemática. Cada mes, entre 80 y 100 parejas acuden al Registro Civil para casarse. Algunas lo hacen un sábado al mediodía, otras buscan el simbolismo de una fecha especial. El costo de una boda civil va de los 2 mil 900 a los 4 mil 600 pesos, según la hora, el día y el lugar. Es un trámite administrativo, sí, pero también un acto cargado de emoción: firmas temblorosas, sonrisas nerviosas, familiares que aplauden cuando el acta queda sellada.
Cada mes, a las oficinas del Registro Civil de Tapachula llegan entre 45 y 50 notificaciones de juzgados relacionadas con divorcios. No todas se resuelven ahí: el Registro Civil solo puede realizar divorcios administrativos, y apenas poco más de diez casos mensuales cumplen con los requisitos. Aun así, la cifra habla de una realidad silenciosa: casi la mitad de los matrimonios que se celebran cada mes enfrentan, en algún punto, la posibilidad del final.
El amor no se acaba de golpe. Se va erosionando entre turnos de trabajo, silencios prolongados, proyectos que ya no coinciden. Lo saben quienes recuerdan cómo empezó todo: la primera cita, el primer departamento, los planes de tener hijos o de crecer juntos. Lo saben también quienes, años después, descubren que ya no se reconocen en la mirada del otro.
Cuando una pareja decide casarse, elige también un régimen patrimonial. Algunos optan por el régimen mancomunado, la sociedad conyugal tradicional, donde los bienes y las deudas se comparten como símbolo de un proyecto común. Otros prefieren los bienes separados, una forma de amar sin mezclar patrimonios, más común cuando ambos trabajan o tienen negocios propios. Esa decisión, que parece técnica al momento de la boda, puede marcar la diferencia cuando el amor se rompe.
En el régimen mancomunado, lo construido durante el matrimonio se divide en partes iguales al divorciarse. En los bienes separados, cada quien conserva lo suyo. En ambos casos, el papel legal intenta poner orden donde antes hubo afecto. La ley no pregunta qué pasó con las promesas; solo establece qué corresponde a cada parte.
El matrimonio es una apuesta que cada mes decenas de parejas deciden intentar / Carlos Mejía / Diario del Sur
El divorcio administrativo es, en teoría, el camino más simple. Se tramita directamente en el Registro Civil cuando ambos cónyuges están de acuerdo, no hay hijos menores, no existen bienes por dividir y la mujer no está embarazada. Es un divorcio sin pleito, sin juez familiar, sin audiencias largas. Aun así, cuesta: alrededor de 4 mil 600 pesos. Incluso el adiós tiene tarifa.
Quienes no cumplen esos requisitos deben acudir a un juzgado familiar. Ahí el proceso se vuelve más largo y más caro. De acuerdo con el abogado Genaro, un divorcio puede costar desde 10 mil pesos cuando es de común acuerdo, hasta 45 mil pesos cuando hay desacuerdos, hijos, bienes y pensiones en disputa. En esos casos, el amor deja expedientes, y el recuerdo se convierte en prueba.
“Llegan igual que cuando se casaron”, cuenta una voz desde el ámbito legal. “Así como llegaron a firmar para su boda, llegan a firmar para su divorcio”. Presentan actas, identificaciones, documentos médicos. Firman otra vez. A veces sin mirarse. Después del dictamen del juez, aún deben regresar al Registro Civil para inscribir el divorcio y pagar una cuota adicional. El ciclo se cierra donde comenzó.
En los casos con hijos, la historia se vuelve más compleja. El juez puede dictaminar pensiones que van del 20 al 45 por ciento del salario para la manutención. Si ambos trabajan, los gastos se dividen. La ley intenta equilibrar lo que el amor ya no pudo sostener.
Mientras tanto, febrero sigue su curso. En Chiapas se anuncian bodas colectivas gratuitas por el Día del Amor y la Amistad. En Tapachula, decenas de parejas aprovechan la oportunidad. Se toman fotos, se besan, prometen cuidarse. Tal vez ignoran las cifras. Tal vez las conocen y aun así deciden intentarlo.
La transformación del amor al desamor no siempre es escandalosa. A veces es apenas un desgaste cotidiano. Otras, un pleito que lo arrasa todo. En las estadísticas del Registro Civil, cada número es una historia: una pareja que creyó, otra que se cansó, otra que aprendió a soltar.
Queda la nostalgia. Quedan los recuerdos compartidos que nadie puede dividir en partes iguales. Queda la certeza de que amar implica el riesgo de perder. Y queda, también, la esperanza persistente de que, pese a todo, alguien volverá a firmar un acta creyendo que esta vez sí será para siempre.
¿Cuánto cuesta divorciarse en Tapachula? Esto pagan las parejas cuando el amor termina - Diario del Sur | Noticias Locales, Policiacas, sobre México, Chiapas y el Mundo