Localjueves, 30 de octubre de 2025
De la esperanza colectiva al agotamiento y desaparición de las caravanas migrantes
Antes eran símbolo de esperanza, ahora enfrentan desorganización, contención y desplazamientos limitados
Alejandro Gómez

En poco más de siete años, las caravanas migrantes pasaron de ser un símbolo de esperanza y acompañamiento colectivo a convertirse en expresiones de desgaste, desorganización, contención y desaparición con los pasos de los años.
Honduras, Guatemala y Tapachula ha sido los epicentros de este fenómeno migratorio que con el paso del tiempo ha cambiado en su forma, organización y significado, pues antes buscaban llegar a los Estados Unidos y ahora al centro del país.
Las primeras caravanas con más de 7 mil migrantes surgieron en 2018, impulsadas por la necesidad de viajar en grupo para reducir riesgos ante el crimen organizado y los abusos de autoridades o traficantes.
La caravana de octubre de ese año, compuesta por miles de personas de Honduras, El Salvador y Guatemala, marcó un antes y un después en la forma de cruzó de Guatemala hacia México y atrajo la atención internacional, visibilizando la crisis humanitaria centroamericana.

Con la presión del gobierno de Estados Unidos, México modificó su estrategia y a partir de 2019, el despliegue de la Guardia Nacional y la intensificación de los controles del Instituto Nacional de Migración transformaron el panorama.
Las caravanas comenzaron a disolverse antes de avanzar, y los migrantes se fragmentaron en grupos más pequeños, obligados a permanecer en la frontera sur. Tapachula se consolidó como un embudo migratorio, donde miles de solicitantes de refugio quedaron varados por meses.
En 2021 Guatemala endureció sus políticas migratorias para frenar los éxodos masivos por su territorio y fue uno de los primeros cambios que sufrieron las caravanas que buscaban llegar a los Estados Unidos.
A partir del endurecimiento de las políticas migratorias para contener las caravanas, se registraron varios enfrentamientos entre los éxodos masivos y las autoridades en Chiapas.

Con la pandemia y la saturación de los procesos de refugio, los éxodos se adaptaron, ya que las caravanas se volvieron menos masivas y más esporádicas, pero siguieron funcionando como una estrategia de visibilidad y presión social.
En junio de 2022, partió de Tapachula la caravana más grande registrada hasta ahora, con una cifra estimada de 15,000 personas. Ese movimiento marcó el punto máximo de las caravanas recientes, pero también evidenció el agotamiento del modelo: pocos lograron avanzar hacia el norte y la mayoría fue disuelta en el camino.
En los últimos dos años, las caravanas se han transformado profundamente, pues las convocatorias dejaron de hacerse de forma presencial o abierta, y ahora se organizan a través de códigos QR, una herramienta que permite registrar participantes o coordinar puntos de salida de manera digital por WhatsApp.
A diferencia de años anteriores, cuando los migrantes eran contenidos con fuerza y devueltos a Tapachula, hoy las autoridades han optado por dejarlos avanzar para que salgan del estado de Chiapas y descongestionen la frontera sur.

Esa innovación tecnológica no logró revitalizar el movimiento, pues de las siete caravanas que se organizaron en Tapachula durante 2025, ninguna alcanzó el centro del país, mucho menos la frontera norte, ya que la mayoría fue disuelta en el trayecto o se dispersó voluntariamente ante la falta de apoyo.
La segunda era de Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos parece estar marcando el fin de las caravanas masivas, porque las nuevas políticas migratorias y la presión sobre México, Centroamérica e incluso Panamá han reforzado el control fronterizo.
La última convocatoria, prevista para el 30 de octubre, simplemente se canceló, pues en la reunión previa en el Parque Bicentenario solo seis personas de Honduras acudieron. Esa escena sintetiza la desmovilización y el cansancio que atraviesa hoy el movimiento de las Caravanas.