Localjueves, 6 de noviembre de 2025
El misterioso perro de ojos rojos que aterró al ejido Mexiquito
Si alguna noche escuchas pasos detrás de ti y un jadeo en la oscuridad, no mires atrás, porque podrías encontrarte con el mismo Cadejo
Carlos Mejía

Contaba el señor Javier Pérez López, antiguo vecino del ejido Mexiquito, que allá por el año 1956, cuando el poblado aún era un pequeño conjunto de casas rodeadas de cafetales y caminos de terracería, comenzó a hablarse de una misteriosa aparición que atemorizaba a los habitantes durante las noches sin luna.
Decían los mayores que, pasada la medianoche, se escuchaban pasos de animal acompañados de un fuerte olor a azufre y tierra húmeda. Algunos aseguraban haber visto a un perro grande, de ojos rojos como brasas y pelaje negro como la sombra misma. Aquel ser, según los ancianos, no era un perro común, sino el Cadejo, un espíritu errante que vagaba entre los caminos para proteger —o castigar— a los caminantes.
Una noche, don Javier regresaba de una fiesta en el pueblo vecino. Caminaba despacio, alumbrándose con una lámpara de petróleo. Al llegar al puente viejo, escuchó un gruñido detrás de él. Al voltear, vio al enorme animal parado en medio del camino. Sus ojos rojos lo observaban sin moverse. El aire se volvió frío y la lámpara se apagó de golpe. Don Javier, paralizado por el miedo, comenzó a rezar el Padre Nuestro.
El Cadejo se acercó lentamente, pero al llegar a pocos metros se detuvo y soltó un gemido triste, como de lamento. Luego dio media vuelta y se perdió entre la neblina del río. Don Javier llegó a su casa temblando, convencido de que había visto al espíritu guardián del pueblo.
Desde entonces, los viejos del ejido Mexiquito cuentan que el Cadejo sigue rondando los caminos, cuidando a quienes regresan tarde y castigando a los que caminan borrachos o con malas intenciones. Dicen que, si alguna noche escuchas pasos detrás de ti y un jadeo en la oscuridad, no mires atrás, porque podrías encontrarte con el mismo Cadejo que una vez vio don Javier Pérez López.