Escritores del Soconusco resisten entre tinta y frontera
En el Día Internacional de los Escritores, autores del Soconusco reflexionan sobre literatura, autogestión e inteligencia artificial en el sur de México
En el Día Internacional de los Escritores, autores del Soconusco reflexionan sobre literatura, autogestión e inteligencia artificial en el sur de México

Carlos Mejía
Víctor Eduardo Briones Escobar y el periodista–poeta Gustavo López retratan la realidad literaria de la región: vocación, autogestión, inteligencia artificial y el desafío de vivir de las letras en el sur de México.
En el Soconusco, donde el calor madura el café y la palabra, el Día Internacional de los Escritores no se celebra con alfombra roja, sino con cuadernos gastados, presentaciones autogestivas y cafés que sirven de tertulia. En Tapachula, la literatura camina entre el bullicio del centro y el rumor de las lluvias tempranas. Aquí, dicen, “levantas una piedra y hay un poeta”.
Licenciado en Criminalística y Criminología, Víctor Eduardo Briones Escobar llega puntual. Habla como quien ha aprendido a corregirse a sí mismo: mide las palabras, las deja respirar. Editor en jefe de Soconusco Emergente Editorial, ha hecho de la región su trinchera y su imprenta. Formado en Letras Hispanoamericanas en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, y fortalecido por el diplomado de la Sociedad General de Escritores de México, defiende la profesionalización como si fuera un oficio artesanal: aprender el oficio para no abaratarlo.
Sobre la mesa coloca su ruta bibliográfica como quien despliega un mapa. En cuento, la antología Éter negro. En novela, Donde descansan las estrellas, presentada en 2025. En ensayo, Ciudad sin topes (2024). En poesía, Minerva desencadenada. Y un libro técnico de literatura en proceso, porque —dice— el escritor debe ser también emprendedor, gestor, editor y promotor de sí mismo.
Su diagnóstico es frontal: los apoyos como PECDA, FONCA y el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes son insuficientes. En el Soconusco no hay oficina de derechos de autor; no existe un aparato institucional sólido que respalde a quienes escriben desde la frontera sur. “Hay mucho escritor y poco lector”, sentencia.

Habla de cifras: la industria cultural representa el 6.1% del PIB mundial y el 2.1% en México. “La cultura puede detonar economía creativa regional”, insiste. Pero para eso se necesita estructura, formación y ética.
En la región, calcula, hay entre 80 y 90 escritores activos. Se organizan en colectivos: Mapastepec Literario, Escritores de Escuintla, la Asociación de Escritores de Tapachula, el Círculo de Escritores, Palo de Mango. Redes que sobreviven más por voluntad que por presupuesto.
Briones enumera influencias: Rosario Castellanos, Jaime Sabines, Balán Rodrigo, Roberto López Moreno, Juan Villoro. Menciona incluso el libro Yo no soy robot, como guiño a la era que nos atraviesa.
Porque la conversación inevitable es la inteligencia artificial. La usa —confiesa— para corrección ortográfica, sintaxis y coherencia; también explora herramientas como ChatGPT, Midjourney y Canva. Pero advierte: es útil como herramienta, peligrosa si sustituye la creatividad humana. Recuerda que el Instituto Nacional del Derecho de Autor prohibió en 2025 el registro de obras hechas completamente con IA. “La ética será el nuevo taller literario”.
Su gira 2026 lo llevará por Chiapas —Cacahoatán, Tuxtla Chico, Huixtla, Motozintla, Comitán, San Cristóbal, Tuxtla Gutiérrez— y después a Yucatán, Campeche, Puebla, Oaxaca, Ciudad de México, Guadalajara, con proyección hasta Argentina. El mapa crece, pero el punto de partida sigue siendo Tapachula.
Gustavo López trae más de veinte años en la comunicación: radio, televisión, plataformas digitales, hipermedia. Para él, periodismo y literatura van de la mano. “Es más fácil que un periodista se vuelva escritor que un escritor periodista”.
Cita a Gustavo Adolfo Bécquer: “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”. Explica que la poesía es desahogo y liberación. En Chiapas —dice— existe la expresión: “En Chiapas levantas una piedra y hay un poeta”. Define la entidad como nido de poetas, región que comparte identidad literaria con Guatemala y posee una voz propia.
Habla del lector chiapaneco como exigente. Reconoce que el libro impreso sigue siendo fundamental, aunque conviva con estados de WhatsApp y plataformas digitales. En Tapachula, muchas antologías se financian con recursos propios: rifas, cooperaciones, ventas anticipadas y apoyos de empresarios.
Fue presidente de la Asociación de Escritores de Tapachula; hoy la encabeza Karla Arriola. Menciona también al Grupo Emergente del Xonusco y la Fraternidad Bajo el Palo de Mango como espacios de resistencia cultural.

¿Se puede vivir de la poesía? “Sí, si hay dedicación”. Concursos, premios, becas. Pone como ejemplo a Balán Rodrigo, originario de Villa Comaltitlán. Sobre la IA es tajante: no inspira; inspira el autor. “La IA no te va a superar, te va a superar el que sepa IA”.
Recita un fragmento de su poema Los viajes de esta vida:
“¿Recuerdas la primera vez que viajamos juntos?
Llevabas tu equipaje lleno de ilusiones y sueños…”
Ambos coinciden en los temas que atraviesan la literatura regional: migración, violencia, empoderamiento femenino, investigación histórica sobre el café y el ferrocarril, el folclor que invoca a El Cipe y El Cadejo. La frontera sur no solo es geografía; es argumento.
En Tapachula, la escritura no es lujo sino resistencia. Entre imprentas pequeñas y presentaciones en casas de cultura, el escritor aprende a ser gestor, community manager y vendedor de sus propios libros.
El Día Internacional de los Escritores, en el Soconusco, no es un acto protocolario: es una afirmación de existencia. Víctor Briones corrige galeradas mientras planea su próxima gira; Gustavo López alterna cabina y verso. Dos rutas que convergen en una certeza: la palabra sigue siendo el mejor equipaje para atravesar esta frontera caliente.
Y mientras la ciudad bosteza bajo el sol, en alguna mesa de café alguien abre un cuaderno. Porque aquí, en esta esquina del sur, la literatura no descansa: respira.
