Y mientras haya alguien dispuesto a aprender un paso, Tatucahue seguirá marcando el ritmo, recordándole a Tapachula que su identidad también se defiende con los pies sobre la tierra.
Inseguridad, falta de promoción y paquetes poco competitivos frenan la llegada de visitantes, mientras agencias optan por vender Oaxaca, Quintana Roo e incluso rutas internacionales
Del 23 al 29 de marzo se realiza el registro a la pensión para personas con discapacidad; en Tapachula hay un módulo habilitado con atención de 10:00 a 16:00 horas
La familia se unió a la caravana migrante que salió de Tapachula tras huir de la guerra y los bombardeos en su país. Buscan llegar a la CDMX en busca de seguridad para sus hijos
Cada paso refleja la pasión y dedicación por preservar las costumbres locales / Carlos Mejía / Diario del Sur
Las tardes en el Parque Central de Tapachula no siempre huelen a prisa. Hay días -lunes, miércoles, viernes- en que el reloj marca las seis y el ruido del tráfico cede espacio al golpe rítmico de los zapatos contra el piso. Bajo la pérgola, entre miradas curiosas y celulares levantados, un grupo de cuerpos se ordena. No importa la edad ni el oficio: ahí, durante dos horas, todos aprenden a moverse como uno solo.
Al frente está Alonso Rabanales. No necesita alzar la voz. Basta un gesto, una palmada, una corrección breve. Es coreógrafo del grupo folclórico Magistral Tatucahue, una agrupación independiente que lleva casi tres décadas bailando contra el olvido. “Estamos aquí por amor al arte”, dice, sin solemnidad, como quien explica algo obvio. No hay cuotas, ni inscripciones, ni promesas de viajes. Solo la danza.
Tatucahue nació hace 29 años, fundado por el maestro Samuel Méndez Barrios, con una idea clara: preservar las costumbres y tradiciones a través del folclor. Desde entonces, el grupo ha sido refugio para niños, jóvenes, adultos y personas mayores que buscan algo más que aprender pasos: buscan pertenecer. “Lo más difícil es que encajen”, admite Alonso. Las edades son distintas, los ritmos de vida también. Pero la danza hace lo suyo: los vuelve familia.
Un día pueden ser 45 o 46 integrantes; otro, apenas 10. El trabajo, la escuela, la vida misma se interponen. Aun así, regresan. Ensayan también los domingos, de once de la mañana a dos de la tarde, cuando el sol cae de frente y el parque se llena de testigos involuntarios. No siempre hay escenario ni luces, pero siempre hay público.
Integrantes de Magistral Tatucahue ensayan en el Parque Central de Tapachula, manteniendo viva la cultura chiapaneca / Carlos Mejía / Diario del Sur
El reconocimiento institucional, en cambio, no llega. Alonso lo dice sin rencor, pero con claridad: no hay apoyo del gobierno. Han solicitado ayuda para vestuario y pasajes; han sido invitados a festivales internacionales donde la cultura tapachulteca y chiapaneca podría mostrarse al mundo. No han sido atendidos. Aun así, siguen. Porque bailar también es resistir.
El nombre Tatucahue no viene de una lengua antigua ni de un símbolo ceremonial. Es más sencillo y más humano: surge de las primeras sílabas de los lugares de origen de sus integrantes fundadores —Tapachula, Tuxtla Chico, Cacahoatán, Huehuetán—. Un mapa hecho cuerpo.
Entre los danzantes destaca María Fernanda González. Es joven, pero cuando enseña parece llevar años en el oficio. Corrige, marca, repite. Lleva seis años en el grupo y empezó, como todos, desde cero. “Es disciplina”, dice. Recordar pasos, coreografías, zapateados que cambian según la región. Chiapas, pero también otros estados del país. El cuerpo como archivo.
María Fernanda no cobra por enseñar. Comparte lo que ha aprendido. Ha visto cómo algunos llegan pensando que bailar es sinónimo de pago, de viajes asegurados, de viáticos. Luego se van. Los que se quedan entienden que aquí la ganancia es otra: el aplauso, la emoción del público, la foto que alguien pide al final, la certeza de estar representando algo que vale la pena.
La danza se convierte en un puente entre generaciones y tradiciones / Carlos Mejía / Diario del Sur
Tatucahue no solo baila. Organiza. Cada 26 de abril celebra su aniversario. Además, impulsa el Festival Internacional Sin Fronteras, donde han participado agrupaciones de Honduras, El Salvador, Guatemala y Colombia. De forma paralela, Alonso coordina el festival “El color de mi tierra”, del 10 al 16 de diciembre. Todo de manera independiente. Todo a pulmón.
Cuando el ensayo termina, el parque vuelve a su rutina. Pero algo queda flotando en el aire. Tal vez sea la idea de que la cultura no siempre habita en teatros ni depende de presupuestos. A veces vive aquí, en una pérgola, sostenida por quienes se niegan a dejar de bailar.
Cada ensayo de Tatucahue es un homenaje a las tradiciones y un acto de identidad tapachulteca / Carlos Mejía / Diario del Sur