De barberías a restaurantes: así crece el comercio haitiano en las calles de Tapachula
Bares, barberías, tiendas, restaurantes y spas son algunos de los negocios que han instalado, siendo altamente visibles en los alrededores del mercado Sebastián Escobar
La gastronomía haitiana ha sido lo primero que les ha abierto paso en las calles de la ciudad, por lo que actualmente al menos son tres los restaurantes haitianos.
Nelly: adaptarse sin dejar de resistir
Las primeras semanas permaneció en casa, observando el entorno y tratando de entender cómo funcionaba la ciudad; posteriormente comenzó a buscar empleo, pero no le daban una respuesta por la falta de documentos.
“Sin papeles es más complicado. A veces uno consigue trabajo por un día, pero no es seguro. No hay de otra que buscar cómo sobrevivir. Uno tiene que resolver para la comida”, abundó.
Anderly: el oficio como modo de integración
“A veces dicen que no hay suficiente dinero para contratar más personas. Uno trabaja un día, dos días y después ya no hay nada. No es trabajo fijo”, externó.
“En cualquier país donde llegamos, buscamos la manera de vivir. A los haitianos les gusta trabajar. Siempre hacemos el esfuerzo para salir adelante”.
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Los letreros en creole ahora ya son más comunes de observar en la ciudad / Alejandro Gómez / Diario del Sur
En las calles de la zona Centro y de colonias populares de Tapachula, los letreros en creole -idioma criollo basado en el francés- y en español forman parte del comercio haitiano que hoy se ha integrado al paisaje cotidiano. Lo que hasta hace apenas unos años era una presencia transitoria, ahora es un elemento visible del entorno urbano: menús escritos en ambos idiomas, barberías, salones de belleza, bares y restaurantes funcionan en pequeños locales donde se escucha hablar tanto creole como español.
En el primer cuadro de la ciudad es posible encontrar hasta tres restaurantes de comida haitiana uno junto a otro. Afuera de uno de ellos está un anuncio que ofrece “Cuisine Créole, spécial bouillon” (cocina criolla, especialidad en caldos), por 80 pesos.
Sobre la banqueta, hombres conversan sentados mientras esperan clientes para cambiar divisas, vender chips para celular o reparar celulares, mientras otros entran y salen de los pequeños locales, ya que la dinámica comercial fluye con naturalidad.
En ciertas zonas han formado una pequeña plaza de comercio entre haitianos, donde encuentran servicios y que se ha vuelto un punto de reunión comunitaria. Ahí no solo se intercambian productos a modo de trueque, también encuentran información sobre empleos, renta de viviendas y avances en trámites migratorios.
Tapachula concentra alrededor del 60 por ciento de las solicitudes de asilo en México, de acuerdo con datos oficiales de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Tan solo en 2025, más de 20 mil personas haitianas iniciaron trámites de refugio en esta ciudad, lo que convirtió a esta nacionalidad en una de las más numerosas en la frontera sur.
Aunque no existe un padrón exacto sobre cuántos permanecen actualmente, organizaciones civiles estiman que alrededor de 18 mil continúan residiendo en la ciudad mientras esperan la resolución de su proceso migratorio, por lo que la mayoría emprende negocios.
Lo que comenzó como una escala en el camino hacia Estados Unidos se ha transformado para ellos en una estancia prolongada. Y en esa permanencia forzada nació el emprendimiento como respuesta a la urgencia económica de la comunidad haitiana.
Los restaurantes haitianos también son comunes en la ciudad / Alejandro Gómez / Diario del Sur
En el centro de Tapachula, Marie Jean Baptiste, originaria de Haití, refleja el proceso de adaptación que viven muchos migrantes que llegan a la ciudad en busca de una nueva oportunidad, ya que la mujer ha logrado integrarse a la vida cotidiana y económica de Tapachula.
Marie relató que cuando llegó a la ciudad, como muchos de sus compatriotas, no contaba con recursos para abrir un negocio. Por ello comenzó vendiendo comida en las calles, preparando platillos tradicionales de Haití que ofrecía principalmente a los migrantes haitianos que también se encuentran en Tapachula.
Explicó que en ese entonces trabajaba completamente sola, encargándose de preparar los alimentos y venderlos para obtener ingresos, pero al paso del tiempo el sabor de su comida comenzó a ser conocido entre su propia comunidad y eso le permitió rentar un pequeño local en el centro de la ciudad.
Su restaurante lleva varios meses funcionando y se ha convertido también en fuente de empleo para otros migrantes. Lo que comenzó como un proyecto personal hoy da trabajo a cuatro personas, todos haitianos que encontraron en este lugar una oportunidad para obtener ingresos.
En el menú del restaurante se pueden encontrar diversos platillos tradicionales de Haití como griots, carne de cerdo frita; bouillon (una sopa espesa con carne y verduras); spaghetti, banann peze o plátano frito, además de combinaciones de arroz con frijoles y carne. También ofrecen bebidas como limonada, jugos naturales y refrescos.
Marie comenta que al inicio la mayoría de sus clientes eran solo sus propios connacionales; sin embargo, con el paso de los meses el restaurante comenzó a atraer a personas locales interesadas en conocer la gastronomía haitiana.
Puntualizó que los tapachultecos han sido amables con ella y considera que no ha enfrentado muchos actos de racismo, situación que le dio confianza para emprender y consolidar su negocio en la ciudad.
El comercio informal es otra manera en como haitianos y haitianas se integran / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Nelly vivió alrededor de 12 años en República Dominicana antes de llegar a México. Ese tiempo le permitió aprender español y desempeñarse laboralmente en distintos oficios. Sin embargo, circunstancias personales y económicas la obligaron a abandonar el país caribeño y emprender un nuevo trayecto a Tapachula.
“Está tranquilo si uno hace las cosas bien, pero no hay trabajo. Uno va, deja su número y dicen que te van a llamar, pero nunca llaman. Yo me cansé de buscar y emprendí un pequeño negocio de vender agua”, expresa.
Menciona que actualmente continúa en proceso migratorio y la falta de documentos definitivos limita su acceso a trabajos bien pagados con contratos estables, lo cual la obliga a aceptar trabajos temporales o informales que no garantizan ingresos constantes.
A pesar de las dificultades, Nelly reconoce que Tapachula le ha ofrecido cierta tranquilidad comparada con otras etapas del trayecto migratorio. Su integración no ha sido inmediata, pero sí posible gracias al idioma y al esfuerzo personal.
En la ciudad, haitianos trabajan en mostradores o en la albañilería / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Anderly es plomero. También vivió varios años en República Dominicana, donde trabajó en construcción e instalaciones hidráulicas. Esa experiencia le dio un oficio que considera su principal fortaleza al llegar a México.
“Yo soy plomero. Trabajé muchos años en construcción, haciendo instalaciones y arreglos, lo cual me está sirviendo en Tapachula para salir adelante”, explica con orgullo.
En Tapachula logró emplearse durante tres meses en trabajos de plomería relacionados con su especialidad. Sin embargo, la estabilidad no fue permanente, pues los empleadores argumentan falta de presupuesto o disminución de obra.
Para él, el idioma no ha sido una barrera significativa, ya que habla un poco de español, y el obstáculo principal es la falta de documentos para estar de manera legal en México. Ante esa realidad, realiza trabajos independientes y se apoya en recomendaciones dentro de la comunidad haitiana. Considera que el espíritu trabajador es un rasgo colectivo.
La integración de migrantes haitianos, sin embargo, no está exenta de barreras. Algunos migrantes haitianos aún mencionan dificultades para rentar viviendas, abrir cuentas bancarias o acceder a empleos formales debido a su situación migratoria.
Aun así, la percepción general entre los entrevistados es que Tapachula les ha permitido reconstruir parte de su estabilidad. La convivencia diaria, el aprendizaje del español y el contacto constante con clientes mexicanos han facilitado un proceso de adaptación de migrantes progresivo.
El río Suchiate simboliza el cruce migratorio y el tránsito de migrantes. Pero para miles de haitianos, la ruta se detuvo en Tapachula. En esa pausa obligada muchos han comenzado a construir algo más duradero para sobrevivir.
Hoy, el creole y el español conviven en vitrinas y conversaciones, pues la presencia haitiana en Tapachula no es únicamente un paso temporal y se han vuelto parte activa de la vida urbana y económica de Tapachula, donde además el comercio haitiano que surgió de la necesidad lo han convertido en un mecanismo de integración.
En medio de la incertidumbre migratoria, la comunidad haitiana demuestra que la integración de migrantes puede construirse desde abajo, con trabajo constante y adaptación diaria. Y en Tapachula, esa resiliencia ya forma parte del paisaje local.
Más allá de los trámites migratorios e incertidumbre migratoria, la presencia haitiana en Tapachula refleja la gran capacidad de adaptación de una comunidad que ha hecho del trabajo una forma de abrirse camino. Con pequeños negocios, oficios aprendidos en su país o en el trayecto migratorio, y el esfuerzo por aprender español e incluso continuar estudiando, muchos han logrado integrarse a la dinámica social y económica de la ciudad. Así, en medio de las barreras del idioma y la espera ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), su presencia deja de ser solo tránsito migratorio para convertirse en parte activa de la vida cotidiana en la frontera sur.