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Localjueves, 19 de marzo de 2026

La encontraron entre basura bajo un puente, hoy Kira vive una segunda vida gracias a un rescate

Rescatada entre basura y con sarna avanzada, una cachorra logró recuperarse y encontrar hogar tras un proceso de adopción responsable

Carlos Mejía

Ese día caminaba cerca del puente del río Texcuyuapan cuando algo rompió la rutina del lugar.

No fue un ladrido.
Fue un llanto.

Un sonido débil, repetitivo, casi perdido entre el ruido de los vehículos y el agua del río. Dulce se detuvo. Sabía que ese tipo de sonidos rara vez son una buena señal.

Se acercó al borde del puente y trató de ubicar de dónde venía. Entre la maleza y los montones de basura se alcanzaba a distinguir un pequeño cuerpo moviéndose con dificultad.

El rescate ocurrió casi de manera improvisada. En ese momento pasaban por el lugar dos hombres. Dulce les pidió ayuda para bajar hasta donde estaba el animal. Uno de ellos accedió y descendió con cuidado entre la maleza hasta alcanzarla.

Minutos después, la pequeña cachorra estaba nuevamente arriba del puente. Temblaba. No se sabe cuánto tiempo llevaba ahí, pero era evidente que había sobrevivido a días difíciles.

Dulce sabía que no podía dejarla en ese lugar.

Aunque forma parte del grupo Michi Rescate, dedicado principalmente a rescatar gatos, decidió hacerse cargo de la perrita al menos mientras lograba estabilizar su salud.

La llevó a casa esa misma tarde. Al día siguiente comenzó la etapa más importante: salvarla.

Debido a que Dulce ya tiene gatos en su hogar, una mujer que suele apoyar a rescatistas independientes aceptó cuidarla temporalmente. Dulce se encargó de proporcionar todo lo necesario: alimento, medicinas y visitas periódicas al veterinario.

Durante ese tiempo la perrita empezó a cambiar.

Su piel comenzó a sanar, su energía regresó poco a poco y su mirada dejó de reflejar el miedo con el que fue encontrada.

Fue entonces cuando Dulce decidió ponerle un nombre.

La llamó “Suertudita”. El nombre reflejaba exactamente lo que había ocurrido: contra muchas probabilidades, aquella perrita había sobrevivido.

Pero el rescate era solo la mitad de la historia.

El siguiente paso era encontrarle una familia.

Después de aproximadamente mes y medio de recuperación, Suertudita fue esterilizada y vacunada, requisitos fundamentales para iniciar un proceso de adopción responsable.

Su fotografía fue publicada en redes sociales a través del colectivo Michi Rescate, y poco a poco comenzaron a aparecer personas interesadas en adoptarla.

Tres adoptantes potenciales se comunicaron.

El primero parecía decidido, incluso aceptó algunas condiciones básicas del proceso, como enviar fotografías ocasionales para verificar el bienestar del animal. Sin embargo, el día acordado nunca llegó.

Otra persona preguntó por la perrita, pero no volvió a comunicarse.

Semanas después apareció una tercera interesada.

Una joven que dijo tener otros perros y espacio suficiente en su casa para recibirla. Cuando finalmente se encontraron, el momento fue sencillo pero significativo.

La joven se acercó y abrazó a la perrita de inmediato, sin miedo, sin dudas. Para Dulce, ese tipo de gestos dicen mucho más que cualquier palabra.

Fue así como Suertudita se fue a su nuevo hogar.

Y con ese cambio también llegó otro nombre.

Hoy, aquella cachorra rescatada debajo de un puente se llama Kira.

Durante las primeras semanas, Dulce pidió fotografías para asegurarse de que todo marchara bien. Las imágenes mostraban a una perrita cada vez más fuerte, más tranquila y completamente integrada a su nueva familia.

Con el paso del tiempo las noticias se volvieron más esporádicas, pero siempre positivas.

La última vez que supo de ella, Kira ya era una perra adulta, con alrededor de un año y dos meses de edad, viviendo feliz con su adoptante.

Para Dulce, ese es el final que todo rescatista espera.

“Uno se queda con la satisfacción de saber que el animalito está bien”, dice.

Historias como la de Kira se repiten todos los días en Tapachula, donde ciudadanos, colectivos y rescatistas independientes dedican tiempo y recursos a ayudar a animales abandonados.

El mensaje de Dulce para quienes piensan adoptar es simple:

Los perros no necesitan ser de raza para merecer amor. Necesitan una oportunidad.

Porque a veces, una vida entera puede cambiar gracias a algo tan sencillo como detenerse a escuchar un llanto que otros pasaron por alto.

Y en algún punto de Tapachula, una perrita que antes lloraba entre basura hoy corre por un patio con un nuevo nombre.

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