La leyenda de la dama del vestido blanco en el panteón municipal
Entre árboles torcidos y tumbas antiguas una figura misteriosa aparecía al atardecer y dejó marcados a quienes trabajaron ahí
Alejandro Gómez
Don Miguel, quien lleva más de 40 años trabajando en ese camposanto, recuerda la historia de la mujer de andar elegante, vestida con un gran vestido blanco y que no caminaba, sino se deslizaba.
Contó que todo comenzó con don Adán, un trabajador ya fallecido que durante años cuidó el panteón junto a don Beto. Una tarde calurosa, mientras don Adán limpiaba el área central, vio a la mujer parada entre las lápidas.
La mujer siempre aparecía al atardecer, vestida de blanco. A veces lo llamaba con dulzura: “Ven, corazón…”. Y aunque sus palabras eran suaves, dejaban un escalofrío que llegaba hasta el alma.
Don Beto también llegó a verla, pero nunca habló mucho del tema. Solo advertía que hay cosas que no se entierran del todo en el cementerio.
“A mí ya no me toca verla… me toca escuchar otras cosas que pasan en los panteones, como el caso de la niña del panteón”, dijo Miguel Ángel, quien lleva cuatro décadas trabajando allí.
Él evita quedarse después del anochecer. Porque en el panteón municipal, cuando el sol cae y el aire se vuelve más pesado, la dama del vestidor blanco aún vaga entre las tumbas… buscando a alguien que le siga hablando bonito.




























