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Locallunes, 17 de noviembre de 2025

La vida deportiva que hizo leyenda a “Chocolate” Monzón

Un tapachulteco que dedicó su vida al deporte y se convirtió en un referente comunitario a sus casi 90 años

Carlos Morán

Es un hombre que se convirtió en leyenda sin proponérselo, en el deporte tejió su historia llena de triunfos, ocupó los estelares periodísticos y ha sido galardonado en muchas ocasiones.

Siendo alcalde, Neftalí del Toro no dejó pasar la oportunidad para reconocerlo como un deportista ejemplar, ícono del básquetbol y quien desde 1948 ha estado presente en las canchas deportivas.

Al lado de Cleofás Consuegra, el “Flaco” Pérez, Roberto Hernández, el “Bambi” Martínez, Marcos Caballero, el “Chato” Adriano como entrenador y muchos más, formaron la selección de básquetbol Tapachula en el año de 1973.

A pesar de tantos éxitos, reconocimientos y halagos, es un hombre sencillo, feliz, sonriente porque todavía toma la pelota y juega —yo no muevo el cuerpo, es la pelota la que me obedece.—

El “Chocolate” Monzón es hijo de Guillermo Monzón Coronado, de oficio comerciante y Amparo Salvador Villanueva, una mujer dedicada al hogar, así que, al terminar la primaria estudia la secundaria y me interrumpe…

—Nooo, solo estudié la primaria y me dediqué a jugar beisbol, futbol, básquetbol, voleibol, jugaba todas las disciplinas deportivas, no sabía qué era el futuro, mi vida era jugar y ya.—

—Entonces el doctor Valdez dijo, tomemos otro sitio y nos trasladamos a la 2ª oriente y 3ª avenida sur, cerca de la casa del Dr. Amilcar Horita, en donde estuvimos varios años, luego nos cambiamos a mi casa.—

—Éramos un grupo de amigos en donde también estaba el doctor Chapa Castañón, Moisés Santos, Carlos Monzón Lara, era una época bonita pero ya muchos se murieron.—

Y finalmente, todo sale a cuento porque llevamos a cabo la entrevista en la 6ª oriente, entre 9ª y 7ª sur, es el último espacio que el “Chocolate” Monzón rentó para que fuera el punto de reunión con sus amigos, colegas y nuevos amigos que llegan a conocerlo.

El espacio es un santuario que nuestro personaje sostiene, un espacio en donde las paredes cuentan su historia deportiva a través de postales: reconocimientos, premios, recuerdos de varias copas futboleras y todo un museo del deporte en su honor.

No es un restaurante, es un espacio en donde solo hay dos mesas rectangulares que se comparten, y en ese museo del “Chocolate” Monzón está Yolanda, una dama blanca de ojos de color. Una señora madura y sonriente que cocina y según dicen, cocina muy bien.

Yolanda es quien sazona la mesa, sin ella este sitio no podría ser; es un comedor familiar para gente que gusta de platillos servidos sin protocolo, sin un manual estricto, pero en un ambiente sano y lleno de historia.

Guillermo Monzón Salvador es un hombre que no envidia nada, ha hecho de su vida lo que ha querido, ha sido libre y ha jugado todas las jugadas, su victoria son los años y la paz que transmite.

El “Chocolate” Monzón no piensa en el final, vive como si fuese un mozo de 18 años, comparte y celebra su vida, así que aprovechemos de él para aprender a vivir sin prisas, competir y ganar, pero libres, vivir en paz.

Quiero pensar que cuando muera habrá una jugada en su cancha preferida, el golpeteo de las pelotas en el piso retumbarán para decirle adiós, y él, marchará sonriente a esa cancha y en ese espacio, en donde jugará eternamente.

Aunque el “Chocolate” Monzón no morirá, tiene una familia grande, tiene amigos y para que el final llegue, primero cumplirá 100 años, y su nombre será siempre recordado.


morancarlos.escobar1958@gmail.com

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