Cada temporada de zafra en Huixtla trae accidentes fatales en carreteras y dentro del ingenio, mientras la producción de caña sigue sosteniendo la economía regional
“El camión debe cumplir requisitos mínimos: luces delanteras y traseras en buen estado, así como reflejantes en los remolques, pero no siempre se respeta”, admite doña Marbella, productora de caña del cantón El Arenal.
Familiares firmaron un contrato y realizaron los pagos correspondientes a la mensualidad de 2 mil pesos, así como otros insumos solicitados por el establecimiento
Las “chinches besuconas”, se alimentan de sangre y depositan sus heces infectadas cerca de la picadura, permitiendo la entrada del parásito al organismo
Los camiones de carga que remolcan dos o tres jaulas con caña quedan varados sobre la carretera aún de noche, propiciando accidentes / Antonio Zebadúa / Diario del Sur
En Huixtla, la zafra no solo marca el calendario agrícola; también marca el registro de accidentes en la zona baja de este municipio. Inicia en la segunda semana de noviembre y concluye en mayo. Durante esos meses, miles de toneladas de caña son cortadas y trasladadas al ingenio azucarero. La actividad dinamiza la economía regional, pero al mismo tiempo expone, año tras año, un patrón de tragedias que parece asumido como parte inevitable del negocio.
Son al menos ocho municipios de la Costa y el Soconusco —Mapastepec, Acapetahua, Villa Comaltitlán, Huixtla, Tuzantán, Huehuetán, Mazatán y Tapachula— los que participan en la producción, con más de 16 mil hectáreas y casi mil 200 productores, por lo que la derrama económica es significativa, pero también lo es el saldo de accidentes en las carreteras que conducen al ingenio y, según testimonios, incluso dentro de la propia planta procesadora.
El ingenio azucarero de Huixtla, propiedad del Grupo Porres, se ubica entre los cantones Las Delicias y El Arenal. Hasta ese punto convergen interminables filas de camiones cargados con “cerros” de caña. Las jaulas avanzan lentamente hacia la molienda, mientras en los caminos persiste el riesgo: unidades obsoletas, falta de mantenimiento y señalización deficiente.
Aunque cada año se anuncian reuniones preventivas y acuerdos entre los dos grupos cañeros participantes, los accidentes viales continúan. Choferes que no revisan sus frenos, remolques sin luces ni reflejantes y tractores que circulan de noche o madrugada casi invisibles representan un peligro constante. Se estima que alrededor del 50% de los camiones y tractores son modelos atrasados, propensos a fallas mecánicas. Cuando se descomponen, quedan varados sin advertencia alguna. El resultado se repite: motociclistas y automovilistas que se impactan contra la parte trasera de las jaulas, con consecuencias fatales.
La ruta considerada más peligrosa —cabecera municipal–Delicias–Obrera–Ingenio— guarda recuerdos imborrables. Uno de los más dolorosos fue el de dos hermanos guatemaltecos que salieron en bicicleta a comprar víveres y murieron aplastados por un tractor que jalaba cinco jaulas cargadas.
“El niño de 10 años llevaba en el cuadro de la bicicleta a su hermano de seis años y, al llegar a la altura de las vulcanizadoras, se detuvieron para dejar pasar un tractor que jalaba cinco jaulas llenas de caña; sin embargo, el ruido y la impresión provocaron que el menor perdiera el equilibrio y ambos cayeran hacia la cinta asfáltica, donde la llanta del tractor les pasó encima”, relató Jorge Mendoza, chofer cañero con domicilio en Las Delicias.
“El accidente ocurrió hacia el año 2008, pero aún lo recuerdo. Después de que los peritos levantaron los cuerpos, se tomaron medidas de precaución; sin embargo, los accidentes no han dejado de ocurrir, ahora con motociclistas”, agregó.
Sobre lo que ocurre dentro del ingenio azucarero, el silencio es la regla. La empresa no ha ofrecido entrevistas para hablar de los percances registrados en cada temporada. Entre trabajadores circulan versiones sobre caídas al molino y muertes dentro de la fábrica. Las familias, aseguran, son indemnizadas mediante acuerdos que les impiden hacer público lo sucedido. Nada se confirma oficialmente. Nada se desmiente.
la combinación de vehículos obsoletos y carreteras peligrosas convierte la ruta cañera en un desafío diario / Antonio Zebadúa / Diario del Sur
En la presente zafra, los percances han vuelto a registrarse en la carretera costera. Uno de los más recientes ocurrió en el puente del río Huehuetán, donde un camión de doble remolque impactó un automóvil y lo proyectó contra el muro de contención. El conductor resultó lesionado. La escena se repite cada año con distintos protagonistas.
A la estadística de accidentes se suma la contaminación. La quema de cañaverales provoca la llamada “lluvia de ceniza”, que cae sobre techos, patios y calles de Huixtla y municipios cercanos. El viento decide qué colonias amanecen cubiertas de hollín.
Los habitantes han aprendido a convivir con el polvo negro: lavan banquetas varias veces por semana y barren a diario. Algunos optan por esperar el fin de la temporada para realizar una limpieza profunda. La ceniza se incrusta en pisos y paredes, sin que el trapeador sea suficiente.
La viruta u hollín de ceniza que suelta la caña al quemarse invade casas y calles de Huixtla. / Archivo / Diario del Sur
Cada año se habla de modernizar prácticas para reducir emisiones y reforzar la seguridad vial. Se anuncian medidas que duran poco o se diluyen entre el tránsito constante de jaulas sobrecargadas. El gobierno municipal intentó prohibir el paso de vehículos pesados por la cabecera; la disposición apenas se respetó unos días.
La zafra sostiene la economía de cientos de familias en la región, pero también deja una pregunta persistente: ¿cuánto vale una tonelada de azúcar cuando su producción se acompaña de muertes evitables y de un cielo cubierto de ceniza?