“Aquí nadie viene a regalarnos nada. Todo lo que tenemos lo hemos hecho nosotros. Y nuestros hijos no tienen que vivir igual que nosotros”, dice con orgullo don Pablo Contreras, padre de un estudiante.
El olvido institucional
Hoy somos dueños de nuestra tierra
Federico Ramos Pérez, líder de la colonia y uno de los primeros migrantes que llegaron a Lindavista, relata que ya tienen más de 25 años habitando esta zona.
“Llegamos con lo puesto, con casas de cartón y nailo, pero con trabajo y la bendición de Dios, hoy muchos ya tenemos nuestras casas de material”, cuenta con orgullo.
Contó que el paso de los años ha traído progreso, pero también muchos retos para las más de 30 familias que viven en Lindavista.
Contó que uno de los logros más significativos para todos los que viven ahora ha sido la regularización de la propiedad en la que viven, pues le da certeza de que ya nadie los podrá sacar de sus casas.
Los retos persisten. Federico señala que siguen sin drenaje ni alumbrado público, pero lo que más les urge es el acceso a agua potable, ya que la que utilizan es de pozos.
Son múltiples enfermedades que pueden sufrir por las condiciones en las que viven
“Es común encontrar casos de candidiasis, infecciones gastrointestinales y afecciones en la piel debido al entorno contaminado”, señaló.
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En las afueras de Tapachula, la colonia Lindavista sobrevive entre los residuos del basurero municipal / Alejandro Gómez / Diario del Sur
A las afueras de Tapachula, entre caminos polvorientos y un paisaje marcado por montañas de desechos, se asienta una comunidad que contradice su nombre. Se llama Lindavista, cuya realidad diaria es muy lejos de ser pintoresca.
Esta colonia, donde viven más de 200 personas, nació a la sombra del basurero municipal y hasta el día de hoy carga con las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de haber surgido entre los residuos de una ciudad que prefiere mirar hacia otro lado.
Fundada hace poco más de dos décadas por migrantes guatemaltecos que llegaron a Tapachula en busca de una oportunidad, Lindavista se formó cuando hombres y mujeres comenzaron a trabajar como pepenadores en el basurero municipal. Día tras día, bajo el sol o en medio de lluvias y pestilencia, los primeros pobladores recogían plástico, cartón, aluminio y otros materiales reciclables, para venderlos por unos cuantos pesos.
“No había otra forma de ganarse la vida y la mayoría veníamos de Guatemala, escapando de la pobreza. Aquí encontramos trabajo entre la basura, y aunque era duro, al menos obtenías el sustento”, recuerda don Mateo, uno de los primeros habitantes de la colonia.
La colonia creció sin planificación, sin servicios y sin reconocimiento oficial. Fue gracias a la voluntad de algunos propietarios de ranchos cercanos que los vecinos lograron levantar los primeros cimientos de su comunidad. Estos les donaron pequeñas parcelas donde, con esfuerzo colectivo, construyeron una escuelita y una capilla. No hubo arquitectos ni fondos públicos. Solo manos solidarias, láminas recicladas y madera de segunda.
Hoy en día, Lindavista sigue sin calles pavimentadas, sin energía eléctrica en la mayoría de los hogares, sin drenaje ni agua potable. Las casas son humildes, hechas de madera o block mal acabado. Durante la temporada de lluvias, el lodo invade cada rincón, y cuando hay sequía, el polvo se mete hasta en la comida.
Las condiciones en las que trabajan y viven no son las óptimas / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Pese a estas condiciones adversas, sus habitantes han tejido una red comunitaria que les permite sobrevivir e incluso que los volteen a ver las autoridades, pues les han ayudado a construir la entrada de la colonia.
El 80 % de la población sigue viviendo de lo que otros desechan. Desde temprano, hombres y mujeres se dirigen al basurero con costales al hombro, en busca de plásticos, metales y cualquier material que se pueda vender.
A veces hallan ropa o artículos en buen estado que reutilizan. Otras veces, lo que encuentran son enfermedades gastrointestinales, diarreicas, gripe o de lápiz por la contaminación.
“Aquí los niños crecen entre moscas, humo y agua contaminada. Nos enfermamos todo el tiempo, pero no tenemos un centro de salud cercano”, denuncia María López, que tiene más de 20 años viviendo ahí.
Pese al entorno hostil, Lindavista también es un ejemplo de resiliencia. Algunos de sus habitantes han logrado dejar atrás el oficio de pepenador. Jóvenes que crecieron entre montañas de basura hoy estudian, mientras que otros se han capacitado en oficios como albañilería, fontanería, soldadura o jardinería.
Las casas humildes están pegadas a montañas de PET o desechos que los venden para su sustento / Alejandro Gómez / Diario del Sur
La pequeña escuela comunitaria, construida con materiales donados y la ayuda de organizaciones civiles, es uno de los logros más significativos de la colonia. Aunque no cuenta con todos los recursos, cumple una función vital: mantener a los niños alejados del basurero y darles una oportunidad de romper el ciclo de pobreza.
También la iglesia, erigida con esfuerzo colectivo, representa un espacio de consuelo espiritual. Ahí se celebran misas, bautizos y reuniones comunitarias. Es un refugio donde las familias encuentran fuerza para seguir adelante, a pesar del abandono institucional.
Lo más doloroso para los habitantes de Lindavista es el olvido de las autoridades. No tienen actas de posesión, no figuran en ningún plan de desarrollo urbano y, por lo tanto, no son beneficiarios de programas sociales o de infraestructura. “No existimos para el gobierno”, afirma con desazón una vecina.
Los servicios básicos son prácticamente inexistentes. Las calles no están pavimentadas y se vuelven intransitables con las lluvias fuertes que se presentan en esta temporada.
Muchas familias complementan su sustento mediante la crianza de pollos / Alejandro Gómez / Diario del Sur
La mayoría de las casas no tiene acceso a electricidad, y los pocos que cuentan es con conexiones improvisadas, corren riesgos constantes. No hay recolección de basura, ni drenaje. El agua se consigue por pozos rudimentarios.
“Muchos llegamos como posesionarios, sin nada. Hoy ya tenemos escrituras y eso nos da legalidad. Podemos decir que este pedacito de tierra es nuestro”, afirma Federico, con la mirada puesta en las calles polvorientas de la colonia.
El diario vivir y jugar de los niños es entre charcos y restos de basura / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Recuerda también cómo el basurero municipal fue clave para sobrevivir, ya que el basurero les dio trabajo sin condiciones y pudieron empezar a ganarse la vida lejos de su país centroamericano. “La mayoría que fundamos Lindavista llegamos como pepenadores, y veníamos de Guatemala”, recuerda.
“El agua es vida, y nosotros usamos agua de pozo, pero no es suficiente ni siempre está limpia, e independiente de lo contaminada que esté. Necesitamos agua segura para vivir con dignidad”, puntualizó.
Más de 200 personas, entre adultos y menores de edad, que habitan en las inmediaciones del basurero municipal, están expuestas a múltiples enfermedades debido a las condiciones insalubres en las que viven, advirtió Alejandro Ruiz Moreno, médico general.Explicó que el contacto constante con desechos orgánicos, químicos y materiales contaminantes puede provocar infecciones por bacterias, virus y hongos, así como enfermedades parasitarias.
Las casas están contra espalda del basurero municipal / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Además, los habitantes de la zona enfrentan riesgos constantes de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, zika, chikungunya y hepatitis C, ya que la acumulación de basura y agua estancada genera criaderos de mosquitos, lo que agrava aún más la situación sanitaria.
Ruiz Moreno mencionó que la presencia permanente de residuos en descomposición produce gases tóxicos y atrae a roedores e insectos, que también son transmisores de enfermedades, representando un peligro constante para quienes se encuentran en esa zona sin ningún tipo de protección.
Ante este panorama, el médico recomendó adoptar medidas de higiene básicas, como el lavado frecuente de manos, especialmente antes de comer o preparar alimentos, así como el uso de agua limpia. También es importante mantener, en la medida de lo posible, la limpieza dentro y alrededor de las viviendas improvisadas.
Menores y adultos mayores son propensos a enfermedades debido a las condiciones en las que viven / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Finalmente, hizo un llamado a las autoridades de salud y al ayuntamiento para que implementen campañas de atención médica, fumigación y orientación sanitaria, además de buscar alternativas para reubicar a las familias que sobreviven en condiciones tan críticas.