Luis Manuel López Alfaro, pastor y garante de la unidad cristiana
Nuestro entrevistado es un hombre convencido que la devoción, Dios la da a través de personas que Él mismo elige para que a uno lo llame
Nuestro entrevistado es un hombre convencido que la devoción, Dios la da a través de personas que Él mismo elige para que a uno lo llame

Carlos Morán
La vida del papa Francisco y nuestro estelar de Diario del Sur tienen rastros semejantes en su trayectoria; ambos recibieron el llamado cuando tenían otros planes...
Luis Manuel López Alfaro tuvo una vida académica muy distinta a la que muchos imaginan. Antes de ingresar al seminario, disfrutó de una vida entre las aulas, una vida común que lo llevó a convertirse en ingeniero agrónomo.
Su historia comienza en la Ciudad de México, el 21 de junio de 1963. Creció en medio del arte y las notas musicales, ya que su padre era músico, un auténtico compositor que colaboró activamente en varias sinfónicas, hasta formar un grupo musical independiente.
Se instruyó en escuelas públicas y, siendo joven, deseaba estudiar medicina, pero una materia le hizo cambiar de opinión e ingresó a la Universidad Autónoma del Estado de México a estudiar agronomía.
Los caminos de Dios siguen siendo un misterio. Nuestro entrevistado es un hombre convencido de que la devoción Dios la da a través de personas que Él mismo elige para llamar a alguien.
Y sucedió que estaba a un semestre de convertirse en ingeniero agrónomo cuando unos amigos lo invitaron a un preseminario. Tal vez ya estaba destinado a ser sacerdote, porque vivía en la colonia Seminario, en la ciudad de Toluca, y su padre iba a dar clases de cantos gregorianos y dirigía eventualmente al coro del seminario.
Asistió a un preseminario por espacio de una semana. Fue por la inquietud de saber cómo vivían los seminaristas.
—Al final de la semana se me movió todo mi mundo con una serie de interrogantes: una carrera por terminar, un noviazgo… qué sería de mi vida, pues a pesar de todo lo que tenía, sentía un vacío—.
—Sentí entonces que la vida tiene que ser algo más que una carrera universitaria, algo más que una vida tradicional, y en esa semana descubrí que, aunque tenía todo en la vida, me faltaba lo más importante. En esa semana fue mi encuentro con Jesús—.

Y es que toda actividad en la vida humana requiere siempre de una fuerza, de algo que le dé sentido a nuestro ser y quehacer, y esa fuerza, ese algo, es Dios.
—No es difícil precisar la hora y el día, y sobre todo el medio que usó Cristo para llamarme; ahí me llegó la luz gracias a Jesús, quien me enseñó que en esta vida debemos tener esperanza y llevarla a todos. Fue en esa semana cuando decidí ingresar al seminario—.
Cuando en nuestro futuro está la presencia de Dios, no existe nada que se interponga. El seminario le permitió iniciar su vida como seminarista por las mañanas y, por la tarde, terminar la universidad. Le faltaba un semestre, siendo el más pesado, porque estudiaba dos profesiones distintas.
Dejar todo para ingresar al seminario fue gracias a poseer valor civil; sin embargo, su padre tenía planes con él. A pesar de que eran 10 hijos, la noticia no la esperaba y no estaba de acuerdo. Olvidó que años atrás le había consagrado a Dios un hijo y, como Dios no olvida, su padre tuvo que aceptar que Luis Manuel López Alfaro iniciara una vida dedicada a Dios.
Ese llamado, ese encuentro con Dios, lo llevó a la reflexión y a descubrir que: —tengo novia, una carrera, dinero, pero tengo un vacío en mi interior. No dejé nada, gané todo—.
Luis Manuel llevó una vida plena; vivió su juventud con intensidad, con la misma que la vive un hombre común, pero no dejó nada, así lo sintió. Recibió el sacerdocio como el premio de haber ganado todo.

—En el seminario tuve un formador, un guía que me ayudó a entrar al silencio, a la adoración, e ingresé a un mundo muy bello; fue como una puerta que se abrió y me dije “esto es lo que busco”, y en esa búsqueda le encontré sentido a la vida, hallé respuesta a lo que mi corazón deseaba—.
Tenía 28 años cuando egresa del seminario, seguro de su fe, dispuesto a predicar y evangelizar con el ejemplo del hijo del carpintero, de Jesús.
El 15 de agosto de 1991, la Catedral de Toluca le recibe para su ordenación. Se va a evangelizar a parroquias cercanas y dos años después regresa al seminario como formador. —Estuve cuatro años y, a la vez, terminé de formarme, porque sentía que había unas pequeñas lagunas en mi vida—.
—Estando en Chiltepec, la tierra de Don Felipe Arizmendi, quien fue mi rector en el seminario, recibió la encomienda de tomar la Diócesis de San Cristóbal, así que fuimos a acompañarlo y en el año 2004 me invita para que esté en su equipo pastoral en San Cristóbal de las Casas, Chiapas—.
Luis Manuel López Alfaro estuvo en Toluca 13 años y en San Cristóbal de las Casas 21 años. —Primero fui vicario de una parroquia, después párroco en Comitán, después soy nombrado vicario de pastoral (cargo diocesano) y luego asumo el cargo de vicario general, todo en Chiapas, y en esos días, el Papa me solicita que me quede como obispo auxiliar en San Cristóbal de las Casas—.
El sacerdote Luis Manuel López Alfaro anuncia que no puede estar en el cargo de obispo auxiliar, argumentando que la situación de la diócesis era muy compleja y que requería de un sacerdote más preparado. La respuesta del Nuncio fue: —Padre, confía; Dios hará cosas grandes dentro de tu pequeñez—. Y fungió como obispo auxiliar por cinco años. Las cosas grandes se hicieron…

Antes de fallecer, el papa Francisco lo nombra obispo de Tapachula. El 26 de junio de 2025, Tapachula lo recibió con mucha lluvia, que se tradujo en bendiciones.
En Tapachula, muchos sacerdotes ya lo conocían, y nuestro obispo Luis Manuel aceptó el nombramiento y con humildad externó que para ser obispo había otros más preparados que él; pero el Nuncio Apostólico le dijo:
—El Papa quiere más pastores, más hombres de territorio que tengan una conexión inmediata con la gente, no sacerdotes que quieran ser príncipes de la Iglesia.—
La vida de Monseñor Luis Manuel López Alfaro, quien todos los días predica con la palabra y el ejemplo, no ha sido fácil; ha vencido los retos y asegura que en el camino ha afianzado su misión al llamado de Dios.
—Ser obispo es un gran reto; afortunadamente la gente de Tapachula es muy generosa.—
Monseñor Luis Manuel es un hombre de Dios, gustoso de estar en esta tierra, entre gente buena, como llama a los tapachultecos.
En la entrevista, por demás espléndida, donde siempre, obligatoriamente, existe un tercero que guía la plática, que reconforta el corazón, hace alegre el ambiente y derrama su bendición entre nosotros: Dios.
Nuestro estelar de Diario del Sur es un hombre de paz, un humano sencillo, con muy buen sentido del humor y, por supuesto, escuchar a personas como él; su sola presencia regala paz.
Luis Manuel López Alfaro debutó en esta tierra como Obispo de la Diócesis; ha caminado, ha visitado y tiene como misión que la evangelización, el ejemplo de Jesús, se mantenga como principio de vida en todos, y todos, somos todos.
Esperé tres meses para esta entrevista; nos enviamos abrazos en Navidad y Año Nuevo y la espera seguía. No había fecha; una agenda de trabajo muy pesada se imponía, hasta que ocurrió el milagro.
morancarlos.escobar1958@gmail.com