María Avendaño de la Rosa, comerciante con 48 años de trayectoria en la sección de zapatería, asegura que el mercado es rescatable, pero requiere que las autoridades intervengan.
“Es uno de los mejores mercados que tenemos a nivel Costa, pero necesita una reestructuración completa. Hemos tenido mesas de trabajo con autoridades, pero no hay seguridad ni compromiso para una remodelación real”, expresó.
Mercado Soconusco, grave deterioro y nula atención
“Cuando llueve, llueve más adentro que afuera. Las láminas gotean, los drenajes despiden olores fétidos y la pintura se ha caído”, comenta Fernando Yax Tzunum, comerciante del mercado.
“El gobierno no lo hace, así que los compañeros lo hicieron. Lo que necesitamos es autoridad y orden. Sin eso, ningún mercado puede funcionar bien”, concluyó el locatario.
Mercado Emiliano Zapata: 35 años resistiendo
El tianguis cuenta con unos 130 locales, de los cuales más de la mitad están vacíos o han sido traspasados. La competencia desleal del ambulantaje representa el golpe más duro, ya que la clientela prefiere comprar afuera.
“Nosotros vendemos poquito. La gente se queda comprando afuera y ya no entra. Es lo mismo que pasa en todos los mercados: muchos vienen, se estacionan, venden y se van. Nosotros nos quedamos con la venta mínima”, detalló.
“El drenaje apenas lo vinieron a reparar porque lo pedimos, y si no pagamos nosotros, no lo hacen. El municipio tarda demasiado en atender cualquier cosa que se le solicita”, abundó.
San Juan, inversión millonaria y poco resultado
El contraste es doloroso, ya que una inversión millonaria que pretendía ordenar el comercio popular y dignificar las condiciones de trabajo de los locatarios está semivacía y deteriorada.
El San Juan sigue siendo un punto neurálgico para miles de personas; su ubicación estratégica e historia lo mantienen vivo, aunque su interior refleja falta de seguimiento de las autoridades.
Mercado Los Laureles, poco usado y al olvido
“En este mercado la mayoría de los locales están vacíos o con candado. Hay secciones completas sin actividad”, denuncian los pocos locatarios que aún permanecen en el lugar.
Aquí el problema no es solo la infraestructura, sino la falta de atracción de clientela, pues a pesar de que está bien ubicado, el mercado quedó relegado.
“Aquí no hay movimiento. Ni los vecinos vienen. Muchos locales se usan como bodegas o están cerrados desde hace años. Necesitamos que se haga algo, o este mercado va a morir”, expresan los locatarios que resisten.
El centro de abasto es un símbolo de cómo la falta de planificación y seguimiento institucional puede llevar al fracaso una obra fundada en 1985, en la que se invirtieron millones de pesos.
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En 1950 el mercado fue un cuartel militar, tras derrumbarlo en 1956 fue construido en 3 años y entregado a los locatarios / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Los mercados de Tapachula son mucho más que espacios de comercio: son el espejo del pulso económico y social del Soconusco. En los pasillos se mezclan el olor del café recién molido, de las frutas frescas y el humo de los comales. Sin embargo, detrás de esa vitalidad diaria, se esconde una realidad marcada por el deterioro de sus infraestructuras, la falta de mantenimiento, la ausencia de estacionamiento, problemas de higiene, competencia desleal, abandono institucional y el hecho de que la mayoría de los locales se están volviendo bodegas.
Durante un recorrido por los cinco principales mercados de la ciudad: San Juan, Sebastián Escobar, Emiliano Zapata, Soconusco y Laureles, se revela un panorama de contrastes: espacios con historia y arraigo que hoy enfrentan desafíos que amenazan su sostenibilidad y ponen a prueba la paciencia de los locatarios.
El mercado Sebastián Escobar, ubicado en la 10a Norte entre 3a y 5a Poniente, funciona apenas al 30% de su capacidad. Es considerado el más antiguo y emblemático de Tapachula, por estar en el corazón de la ciudad, pero se encuentra en un estado de deterioro alarmante, que refleja la crisis que atraviesan los mercados públicos.
El centro de abasto presenta deterioro en el techo, humedad, varillas expuestas y desprendimiento del repello, evidencias de que se cae a pedazos. Al ingresar, la situación no mejora: un 30% de los locales están totalmente destruidos, e incluso se observan roedores caminando entre los espacios vacíos.
Este mercado, que en 1950 funcionaba como cuartel, fue demolido en 1956 y entregado a los locatarios en 1960. Hoy, apenas opera al 30% y se mantiene en condiciones precarias, siendo únicamente el espíritu de sus locatarios el que se niega a desaparecer.
El mercado Sebastián Escobar presenta importante deterioro en su infraestructura física / Alejandro Gómez / Diario del Sur
En sus palabras resuena la nostalgia y el enojo de una generación que creció detrás de los mostradores. De las más de 50 zapaterías que albergaba el mercado, hoy solo sobreviven dos, mientras el resto de los locales fueron convertidos en bodegas o permanecen cerrados.
“Tenemos reglamento de mercados, pero no se ejecuta. Por eso hay abandono comercial. De los locales, alrededor del 60 o 70% son bodegas, y en el resto estamos los que sobrevivimos y los que están desocupados. Estamos en el corazón de Tapachula, y aún así nos ignoran”, externó.
La comerciante recuerda con orgullo que pertenece a una de las familias fundadoras del mercado y afirma que el amor por este espacio es lo único que la mantiene en pie, pese a la falta de mantenimiento, iluminación deficiente y problemas de drenaje que complican las ventas diarias.
La zona de carnicerías luce desierta en el centro de abastos Sebastián Escobar / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Al sur de Tapachula, en la 14ª Oriente, entre Central y 1ª Sur, afuera de lo que antes fue la estación ferroviaria, se ubica el mercado Soconusco, también conocido como mercadito de La Estación, el cual opera apenas al 40% de su capacidad. De acuerdo con los locatarios, su infraestructura está deteriorada y representa un riesgo para quienes transitan por él.
Durante un recorrido por este inmueble, se pueden observar pisos quebrados, locales vacíos y percibirse el mal olor que emana de su envejecido y deteriorado drenaje. Cuando llueve, las goteras hacen que el piso sea resbaladizo e incluso han causado accidentes.
En el mercadito de La Estación, hay varios locales vacíos. - Alejandro Gómez / Diario del Sur
El mercado Soconusco luce deteriorado, sus pisos y techos están para llorar. - Alejandro Gómez / Diario del Sur
Locatarios del mercado Soconusco piden que sea atendido por la autoridad y reemplacen pisos y techo - Alejandro Gómez / Diario del Sur
El centro de abasto cuenta con más de 350 locales, pero apenas el 40 o 50% funciona, mientras que la otra mitad son bodegas o permanecen vacíos, consecuencia del desinterés de las autoridades y la competencia desleal del comercio ambulante.
“El reglamento de mercados está muy claro, pero no se aplica. Falta autoridad, falta orden. Hace dos años supuestamente lo remodelaron, pero fue una obra mal hecha. Cambiaron el techo y lo dejaron peor. Hoy nadie exige la garantía de esa mala obra”, señaló.
Fernando indicó que este mercado, fundado en 1934, solo ha recibido una remodelación parcial, y que la pintura reciente no fue iniciativa de las autoridades, sino de una asociación civil de comerciantes que decidió hacerlo.
En el tianguis Emiliano Zapata, ubicado al suroriente sobre la 19ª Avenida Sur, entre 18ª y 20ª Oriente, opera apenas al 40% de su capacidad, y la historia se repite. Petrona de los Santos España, con 35 años vendiendo en el lugar, describe con resignación el deterioro progresivo del espacio en el que trabaja junto a su hermana.
“El mercado necesita muchas cosas. Está descuidado. Casi el 40% de los locales están desocupados debido a la venta ambulante. Afuera, el comercio creció tanto que se extendió sobre la 19ª Sur y la 20ª Oriente. Nosotros adentro apenas vendemos lo mínimo”, expresó.
Los locatarios señalan que la gente no ingresa al centro de abasto - Alejandro Gómez / Diario del Sur
Pocos locales venden en el Tianguis Emiliano Zapata o San José El Edén como se le conoce - Alejandro Gómez / Diario del Sur
Más de la mitad de los locales son usados como bodegas en el Tianguis de San José - Alejandro Gómez / Diario del Sur
El deterioro no es solo comercial, pues los árboles crecidos en los alrededores del tianguis amenazan con dañar los cables eléctricos. Las lámparas no funcionan, los techos presentan filtraciones y, aunque los locatarios han gestionado reparaciones, estas llegan tarde y, en muchos casos, se terminan ejecutando a costa de su propio bolsillo.
Sobre la 15ª Privada Poniente y la 14ª Privada Norte, el mercado San Juan opera al 70% de su capacidad. Se fundó en 1981 y originalmente se llamó Mercado y Central de Abasto, siendo uno de los más grandes del sureste y considerado en su momento un proyecto insignia de modernización comercial en Tapachula.
El mercado presenta daños en techos, pisos irregulares y pasillos en mal estado, reflejo del abandono de los últimos años. A su alrededor, las calles están llenas de baches, basura y drenajes colapsados. Aunque cuenta con estacionamiento en un segundo piso y en la zona sur, estacionarse sigue siendo complicado. A esto se suma la presencia de puestos ambulantes que ocupan banquetas y vialidades, incluso en doble fila, alrededor del centro de abasto, generando caos vial, obstruyendo los accesos y afectando las ventas de los locatarios establecidos.
Durante el gobierno de Juan Sabines Guerrero, el mercado fue remodelado y entregado en 2012, cuando recibió el nombre de San Juan, con una inversión de más de 250 millones de pesos en su reconstrucción, según Carlos Estrada, comerciante con más de dos décadas en el lugar.
“El exgobernador Sabines Guerrero reconstruyó el mercado y se edificaron mil 700 locales con mejoras en ingeniería, drenaje y techado. En su momento, parecía que Tapachula tendría por fin un mercado digno”, relató el comerciante.
Sin embargo, lo que comenzó como una obra modelo terminó por convertirse en un símbolo de desaprovechamiento y mala planeación. Hoy, la planta alta del mercado está casi vacía, y solo se vende ropa de paca. Los locatarios argumentan que el diseño no fue pensado de acuerdo con la dinámica comercial local, y la mayoría prefiere vender en el exterior antes que ocupar un local en el interior o en la planta alta.
El mercado San Juan es considerado el más grande e importante del Soconusco - Alejandro Gómez / Diario del Sur
La planta alta del mercado San Juan está practicamente vacía, únicamente alrededor de 25 locales venden ropa de paca - Alejandro Gómez / Diario del Sur
El mercado San Juan estructuralmente funciona, pero su peor enemigo son los ambulantes - Alejandro Gómez/ Diario del Sur
Las calles aledañas al mercado están repletas de ambulantaje en el mercado San Juan - Alejandro Gómez / Diario del Sur
“La segunda planta está casi abandonada. Los locales se usan como bodegas porque la gente no sube. Los clientes se quedan en la planta baja o compran en la calle, y eso nos afecta. Muchos compañeros decidieron salir afuera porque adentro no hay ventas”, afirmó el comerciante.
“El mercado está bien estructurado, pero sin orden. Hace falta que el gobierno lo reactive de verdad, que apoye con promoción y mantenimiento. Si no, todo ese dinero que se invirtió se va a perder”, puntualizó.
Si en los demás mercados el abandono se siente, en el mercado de Los Laureles se palpa aún más. Ubicado sobre la calle 14ª de Septiembre del fraccionamiento y la 2ª Oriente prolongación, este espacio fue creado para descongestionar el centro, pero terminó siendo afectado por la falta de mantenimiento y el cierre de sus locales.
El lugar denota abandono: desde afuera, con la banqueta destruida, da una mala impresión; y al ingresar al inmueble se percibe un espacio completamente descuidado. La mayoría de sus locales están cerrados, sus pasillos desiertos, y apenas unos pocos funcionan, mientras que un área es ocupada por el Banco de Alimentos de México, por lo que la gente ingresa a buscar apoyo y no a hacer compras.
La fachada del mercado Los Laureles, construido en 1985 nunca atrajo clientela - Alejandro Gómez / Diario del Sur
Menos del 20 % de los locales funcionan en el Mercado Los Laureles - Alejandro Gómez / Diario del Sur
Los locales de la segunda planta del mercado San Juan, nunca se ocuparon desde que se reinuguró. - ALEJANDRO GÓMEZ
En el mercado solo sobreviven dos cocinas de las 20 que antaño tenía - Alejandro Gómez / Diario del Sur
Los cinco mercados municipales de Tapachula representan no solo el sustento de miles de familias, sino también una parte esencial de la identidad cultural y económica de la región. Sin embargo, hoy operan sin reglamento funcional, sin inversión y sin mantenimiento.
De acuerdo con los testimonios recabados, en todos ellos más del 60% de los locales se encuentran desocupados o son utilizados como bodegas, y la mayoría de las estructuras presentan filtraciones, daños en el sistema eléctrico, drenajes colapsados y mala iluminación. Además, la falta de ordenamiento del comercio ambulante y el poco espacio para estacionarse reducen la afluencia de clientes, afectando directamente a quienes pagan permisos y cuotas.
A pesar del panorama, los comerciantes se mantienen firmes. Muchos de ellos, como doña María Avendaño, Carlos Estrada y Fernando Yax, han pasado más de medio siglo detrás de un mostrador, viendo pasar generaciones enteras de tapachultecos.
Cada historia, desde el Mercadito Soconusco hasta el San Juan, revela la misma demanda: atención, inversión y respeto al reglamento de mercados. Lo que los locatarios piden no es caridad, sino voluntad política para reactivar los espacios que alguna vez fueron motores de la economía local.