Localsábado, 22 de febrero de 2025
¡Difícil regreso! Mexicanos deportados viven un viacrucis en su propia tierra
Sin empleo y con deudas por sus intentos fallidos de cruzar, muchos mexicanos deportados enfrentan un futuro incierto
Manuel Núñez

La deportación forzada de mexicanos desde Estados Unidos los deja en una situación vulnerable al llegar a su propio país. Tras ser trasladados en aviones desde distintos centros de detención en Texas y California, los deportados son enviados a Chiapas, donde deben encontrar la manera de regresar a sus lugares de origen.
Uno de los casos es el de Gilberto García Rodríguez, originario de Nayarit, quien fue detenido cuando intentaba cruzar por el cerro en la frontera con Estados Unidos. "Me deportaron ayer, me transfirieron de San Diego a Texas en un avión y de Texas para acá en otro avión", relató. "Da miedo porque nunca había llegado tan lejos, y aparte uno solo".
A su llegada a Tapachula, Gilberto fue trasladado a la central de autobuses, donde tuvo que buscar la manera de llegar a Tijuana, Baja California, ciudad donde residía antes de cruzar a Estados Unidos. "Gracias a Dios mi familia pagó el boleto, pero ya no lo voy a intentar porque si me agarran otra vez me van a encerrar más tiempo". Su viaje de regreso costó 6 mil pesos, un gasto que no todos pueden cubrir.
El gobierno mexicano proporciona un apoyo de 2 mil pesos a los deportados, pero muchos consideran que es insuficiente. "Me sirvió para quedarme en un hotel, comprar un cargador para mi teléfono y poner saldo para comunicarme", contó Gilberto. Sin embargo, para muchos otros, el monto no cubre ni siquiera la mitad del costo del boleto a su estado natal.

Otro deportado, Diego Palacio, originario de Durango, pasó cinco días incomunicado en un centro de detención en El Paso, Texas. "Llegamos aquí y fue un proceso muy largo", relató. "Nos llevan a la central de camiones y ya de ahí cada quien se acomoda como pueda para regresar a su tierra".
Palacio recibió una tarjeta de apoyo gubernamental con un saldo aproximado de 2 mil 500 pesos, pero no está seguro de si le alcanzará para cubrir su viaje a Durango. "Si no me alcanza, tendré que pedir ayuda a mi familia", explicó. Además, mencionó los riesgos que enfrentan los migrantes al intentar cruzar la frontera, como la violencia de las pandillas y los secuestros.
El viacrucis de los deportados no termina al pisar suelo mexicano. Sin empleo y con deudas por sus intentos fallidos de cruzar, muchos enfrentan un incierto futuro. "Voy a buscar chamba, porque también es una pérdida de tiempo estar intentando el sueño americano", reconoció Gilberto. Otros, como Diego, encuentran motivación en sus familias. "Hablar con mi madre y mi abuela me alegró el día, es mi mayor motivación".
El drama de los mexicanos deportados pone en evidencia las dificultades del retorno y la falta de un sistema de apoyo efectivo para reintegrarlos a su país de origen. Mientras algunos logran encontrar ayuda con familiares o amigos, muchos otros quedan varados en la Ciudad de México, buscando la forma de regresar a casa con recursos limitados y pocas opciones.
