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Locallunes, 5 de mayo de 2025

Migrantes enfrentan abandono, trastornos mentales y discriminación en la frontera sur

Miles de migrantes varados en la frontera sur de México enfrentan una crisis de salud mental agravada por la falta de empleo, documentos y atención especializada

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Alejandro Gómez

Una bomba emocional

La salida por una puerta falsa

Infancias olvidadas

La otra cara de esta tragedia invisible son los niños. Decenas de pequeños migrantes crecen sin acceso a educación, recreación ni derechos básicos, mientras desarrollan trastornos de conducta.

“Muchos niños están replicando patrones de violencia porque sus padres tampoco pueden contenerlos emocionalmente. Es un círculo vicioso que tratamos de romper enseñando gestión emocional”, explica la especialista.

Una ciudad sin psicólogos para nadie

“Ni siquiera las escuelas tienen psicólogos, apenas trabajadores sociales. La ignorancia genera rechazo”, lamenta Díaz Rovelo.

Para ella, atender la salud emocional debe ser tan prioritario como brindar alimentos, refugio o documentos: “no basta con resolver lo material si el daño emocional no se atiende”.

Sobrevivir en un campo minado emocional

“A veces la vida nos empuja tan fuerte que nos deja sin aliento, sin tierra firme, sin certeza de nada”, así es como viven muchas personas en contexto de movilidad humana en la frontera sur de México con Guatemala.


No tiene otra opción que salir a la calle a trabajar porque es su única forma de resistir y no volverse loca encerrada en el cuarto en el que vive.

“Acá nos dio vuelta la vida y ahora tenemos que agarrar fortaleza de donde podamos para no volvernos locas por la desesperación o la falta de recursos para comer o comprar medicamentos en mi caso”, expresó.

Óscar Gutiérrez, de Honduras, relata que el camino fue largo y lleno de obstáculos. No solo por el trayecto, sino por la incertidumbre constante por no saber qué comer, dónde dormir o si mañana será mejor.

“Uno viene con esperanza, pero a veces la realidad te golpea más fuerte y tenemos que buscar de donde agarrarnos para no enloquecer en esta ciudad en la que quedamos atrapados”, dice con la mirada perdida.

“A veces no sé si lo lograré, pero si me detengo quién me ayuda y no queda más que seguir luchando para ayudar a mis hijos que me dan la fortaleza para continuar”, puntualizó.

Mientras no se atienda esta otra crisis —la crisis mental—, la frontera sur seguirá siendo no sólo una barrera geográfica, sino una frontera invisible que fractura vidas por dentro.

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