Localmartes, 15 de abril de 2025
Miguel Ángel, maestro que convirtió su discapacidad en talento para la banda de guerra
Su historia es un ejemplo de superación, disciplina y pasión por la música marcial
Manuel Núñez

A pesar de una discapacidad motriz, Miguel Ángel Pérez Crisóstomo encontró en la banda de guerra su pasión, superó prejuicios, formó generaciones y hoy es un referente como instructor en escuelas del sur de Tamaulipas. Su historia es un ejemplo de perseverancia, disciplina y amor por la música marcial.
En cada desfile, al compás de la corneta y el retumbar de los tambores, avanza con paso firme Miguel Ángel Pérez Crisóstomo. Lo reconocen los alumnos, lo saludan los maestros y lo aplauden los padres de familia. No es solo un instructor de bandas de guerra: es un símbolo de superación.
Desde hace 27 años, Miguel Ángel ha dedicado su vida a enseñar el arte de la música marcial. Lo que comenzó como una curiosidad en la secundaria para trabajadores, se transformó en un llamado profundo, casi místico, cuando escuchó por primera vez el sonido de una corneta. “Se me enchinaba la piel”, recuerda. Aquella primera emoción lo empujó a querer formar parte del grupo, pero los obstáculos no tardaron en aparecer.
En sus primeros intentos por integrarse a la banda, sus compañeros dudaron de su capacidad. “Me decían que no iba a poder, que se necesitaba mucho esfuerzo”, cuenta. Pero él no se detuvo. Tocó puertas hasta que un maestro creyó en él, y el instructor de ese entonces le dio la bienvenida. Así comenzó un viaje que transformaría su vida y la de muchos jóvenes.
Cuando el instructor original se retiró, Miguel Ángel asumió el liderazgo. Desde entonces ha formado bandas en escuelas como la Ricardo Flores Magón, la Técnica 2, Prepa 2, Prepa 3, el SETMAR, la Federal 4 y su alma mater: la Escuela Secundaria Federal No. 5 “Narciso Bassols”.

En estos años, ha participado en numerosos desfiles, incluyendo el Día del Trabajo y eventos patrióticos, además de representar a Tamaulipas en un concurso nacional en Saltillo, Coahuila. Aunque su participación fue como elemento, no como instructor, esa experiencia marcó otro hito en su carrera.
Su labor no solo ha sido musical. Miguel Ángel concibe a la banda de guerra como un refugio, una herramienta para rescatar jóvenes de entornos difíciles. “La banda de guerra ayuda a liberar las cargas negativas. En lugar de caer en adicciones o problemas, aquí transforman su energía en arte”, explica. Su visión es clara: alejar a los jóvenes de la violencia, el alcohol, las drogas y hasta los vapes, tan comunes hoy en día.
Recuerda que muchas veces quienes primero lo rechazaron por su discapacidad terminaron desertando, mientras él continuó firme. Hoy, esos mismos obstáculos son parte de la inspiración que transmite a sus alumnos. “De querer es poder”, les dice constantemente.
Miguel Ángel no ha dejado de instruir, incluso tras la pandemia y algunos retos administrativos. Actualmente sigue activo en la Secundaria “Narciso Bassols” y en una preparatoria en Congregación Reforma. Ahí, sigue transmitiendo no solo técnicas de redoble y toque de corneta, sino también valores de disciplina, resiliencia y pasión.
Con una vida dedicada a la enseñanza, con cientos de jóvenes que lo han tenido como guía, Miguel Ángel Pérez Crisóstomo demuestra que el talento no se mide por las limitaciones físicas, sino por la fuerza de voluntad. Su historia, como su música, resuena con fuerza y honra.