También se han impulsado proyectos comunitarios de aprovechamiento responsable, donde los habitantes aprenden a manejar sus recursos naturales de forma equilibrada, combinando el conocimiento tradicional con prácticas ecológicas modernas.
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Una rama de ocote puede prender una estufa de leña, encender un anafre, iniciar una fogata o simplemente aromatizar el ambiente / Facebook / Orgullo Mexicano
Desde tiempos ancestrales, el ocote ha estado presente en la vida cotidiana de los pueblos mexicanos. Su característica más conocida es su facilidad para arder y servir como iniciador de fuego, pero esta modesta madera resinosa es mucho más que eso. Ha sido medicina tradicional, símbolo cultural, elemento ritual y, en tiempos recientes, objeto de interés para la conservación ecológica.
En los hogares del sur y centro del país, pocas cosas son tan prácticas como tener un pedazo de ocote a la mano. Ya sea para prender una estufa de leña, encender un anafre, iniciar una fogata en el campo o simplemente para aromatizar el ambiente con su resina quemada, el ocote sigue siendo un recurso de uso común y valorado, especialmente en comunidades rurales.
El ocote proviene del árbol conocido como pino de Moctezuma (Pinus montezumae), que puede alcanzar hasta 35 metros de altura. Se trata de un árbol perteneciente a la familia de las pináceas, nativo de bosques templados y montañas mexicanas, con presencia desde el norte del país hasta el estado de Chiapas.
Además del Pinus montezumae, otras especies también ofrecen madera resinosa apta para convertirse en ocote, como el pino escobetón (Pinus devoniana), el pino apache (Pinus engelmannii) y el ocote pardo (Pinus hartwegii). Estas especies se desarrollan en altitudes elevadas, lo que convierte al ocote en un recurso abundante en las regiones serranas.
Su corteza café rojiza, hojas verdes oscuras, madera clara y piñas de variados tamaños forman parte de la identidad visual de estos árboles, que crecen en bosques que también cumplen funciones ecológicas fundamentales como la captación de agua, la protección del suelo y la biodiversidad.
El ocote proviene del árbol conocido como pino de Moctezuma (Pinus montezumae) / Cortesía / Agronomía, Fitotecnia y Más
Lo que hace único al ocote es su resina natural altamente inflamable, que permite que un trozo de esta madera prenda con rapidez, incluso en condiciones húmedas. Pero esta misma resina también ha sido empleada con fines medicinales.
Según registros del siglo XVI, como el Código Florentino, el ocote fue utilizado por los pueblos originarios de Mesoamérica para tratar una amplia variedad de afecciones: sarna, inflamaciones, dolor de oídos, granos, hinchazones de pies, y hasta quebraduras óseas. El médico e historiador Francisco Hernández también destacó sus propiedades curativas y su aplicación contra enfermedades como la lepra, según testimonios de médicos indígenas.
En algunas comunidades, se hierven fragmentos de ocote en agua para crear infusiones, o se aplican ungüentos elaborados con su resina sobre la piel. Aunque la medicina moderna ha sustituido muchas de estas prácticas, su legado permanece en la tradición oral de abuelos, curanderos y campesinos.
El ocote también ha sido parte de prácticas rituales y supersticiones populares. En diversas regiones del país, se tallan talismanes de ocote en forma de cruz o estrella de David, que son colocados en casas, vehículos o incluso en cunas de bebés para protegerlos del “mal de ojo” o las energías negativas.
La cultura popular ha adoptado el término “ocotito” para referirse de forma metafórica a personas que “prenden pleito” o causan discordia fácilmente, en alusión a la facilidad con la que el ocote inicia el fuego. Es una muestra más de cómo esta madera ha permeado no solo en lo práctico, sino en lo simbólico y lingüístico.
A pesar de su utilidad, el uso del ocote también plantea retos ambientales. La tala excesiva de árboles resiníferos para su comercialización puede provocar deforestación, erosión del suelo y pérdida de hábitat. En muchas comunidades serranas, esta extracción se realiza de manera informal, sin regulaciones, lo que pone en riesgo a los ecosistemas forestales.
Infografía ocote / Cortesía / Instituto de Biología UNAM
Por ello, expertos forestales y organizaciones ecologistas promueven el uso sostenible del ocote, recomendando la recolección de ramas caídas o la poda selectiva de árboles adultos, así como la implementación de programas de reforestación con especies nativas de pino.
El ocote es mucho más que una madera que arde rápido. Es símbolo de una relación ancestral entre el ser humano y la naturaleza; una herramienta práctica, una medicina olvidada, una metáfora cultural. En un país donde el fuego ha tenido una carga simbólica tan profunda, el ocote representa esa chispa que enciende no solo el hogar, sino también la memoria de lo que somos como cultura.