Localdomingo, 6 de julio de 2025
¿Sabías que el primer kiosco del parque Miguel Hidalgo fue traído desde Italia?
Construido en los años 30 y rediseñado varias veces, el kiosco sigue siendo el alma del Parque Hidalgo.
Carlos Mejía

En el centro palpitante de Tapachula, donde el bullicio cotidiano se funde con la memoria histórica, se erige un símbolo que ha sido testigo del paso del tiempo y del pulso de la ciudad: el kiosco del Parque Miguel Hidalgo. Más que un adorno arquitectónico, es un refugio de nostalgias, un altar sonoro donde la marimba entona la identidad del pueblo.
Desde hace más de ochenta años, este kiosco ha sido el epicentro de la vida social, cultural y urbana de los tapachultecos. Su historia comienza formalmente en la década de 1930, cuando fue construido el primer kiosco como parte del diseño original del parque central, inaugurado en 1895. Aquella estructura —de hierro forjado y estilo porfiriano— fue mandada a hacer en Italia y se ubicaba donde hoy se encuentra la conocida “media luna”, una zona techada que sustituye simbólicamente al monumento original.
El cronista municipal, don Leopoldo Constantino García, recuerda que el primer kiosco “marcó toda una época de esplendor urbano”, siendo punto de reunión de familias, escenario de música y protagonista de tardes inolvidables. Fue durante el gobierno del presidente Adolfo López Mateos, en una gira por Tapachula en los años sesenta, que se ordenó la ampliación del parque. Este proceso, liderado por el arquitecto Rolando Gutiérrez, rediseñó completamente el espacio público. El viejo kiosco desapareció sin dejar rastro, quedando su destino envuelto en el misterio.
Tapachula comenzó entonces una nueva etapa en su desarrollo urbano. En 1960 fue demolido el antiguo mercado General Sebastián Escobar —una pieza clave del Tapachula moderno— y en 1964 se concretó una remodelación mayor del parque, cerrándose también la Quinta Poniente, para dar paso a la actual forma de plaza cívica. En 1989, una nueva intervención modernizó los accesos y jardines, pero el espíritu del parque seguía encontrando su centro en el kiosco.

El actual kiosco fue colocado en los años 90, probablemente durante la administración de Norberto de Gyves. Aunque mucho más sobrio que su antecesor, se ganó pronto el cariño de los ciudadanos. Sus escalones han sido testigos de conciertos de marimba, actos cívicos, bailes populares, exposiciones artísticas, ferias del libro y tardes musicales que han reunido generaciones. Allí, donde la música brota casi a diario, se cruzan las vidas de migrantes, turistas, niños, vendedores, parejas y adultos mayores que encuentran en ese pequeño foro el pulso vivo de la ciudad.
“La esencia del parque ha cambiado, pero aún quedan rastros de su alma original”, dice don Leopoldo, con voz pausada. “El kiosco es lo que toda ciudad mexicana debe tener: el lugar de la música del pueblo. En nuestro caso, la marimba. Es símbolo de urbanidad, de cultura, de identidad”.
Flanqueado por la iglesia de San Agustín y el Palacio Municipal, el kiosco no sólo domina visualmente el Parque Miguel Hidalgo, sino también el imaginario colectivo de Tapachula. Su presencia recuerda que esta ciudad, ubicada en una de las regiones más dinámicas del país, sigue siendo un cruce de caminos, de culturas, de sones y esperanzas.

En la última década, se le han hecho mejoras menores: nueva iluminación, adecuaciones en jardinería, renovación de andadores. Pero también, hacia mediados de los años 2010, se demolió la versión anterior del kiosco para instalar una estructura aún más sencilla. Aunque sin los adornos de antaño, sigue cumpliendo su función primordial: ser el punto de reunión y resonancia del alma colectiva.
Así, en el corazón de Tapachula, sigue latiendo un kiosco que no es solo hierro y cemento. Es historia viva. Es la sombra donde los abuelos cuentan anécdotas, el eco donde los músicos jóvenes aprenden las primeras notas, el escenario donde las marimbas entonan las raíces del Soconusco. Es, en palabras del cronista, el alma del parque, y el parque, el corazón de Tapachula.
