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Localmiércoles, 18 de febrero de 2026

Shiro, el gigante noble que dio origen a la crianza de cane corso en Unión Juárez

La historia de “Garridog” comenzó con él. Shiro llegó hace cuatro años, pequeño, como compañero y protector del hogar

Carlos Mejía

“Estamos aquí ubicados en Unión Juárez, Chiapas, y nos dedicamos a la crianza de cachorros de raza cane corso. Les damos una crianza muy personal, muy amorosa”, explica.

“Viene de Italia, de Europa. Los romanos lo utilizaban en guerras y con el tiempo se fue domesticando”, relata Gerardo mientras Shiro se mantiene atento, pero tranquilo.

En México, la raza tiene alrededor de 25 años de presencia formal. Existen criadores reconocidos en estados como Aguascalientes, Veracruz y Nuevo León. En Chiapas, la actividad es menos común, pero ha ido creciendo.

Gerardo inició esta experiencia por motivos personales. “Primero adquirí un cachorro para cuidar a mi familia, de uso personal. Me gustó tanto la raza que en 2021 decidí empezar a criar”, recuerda.

Más que vender, seleccionar hogares

Actualmente, en su criadero hay una camada reciente de siete cachorros. Además, cuenta con tres hembras —una ya retirada de la reproducción— y un macho semental. Cada proceso implica inversión y cuidados específicos.

“Desde antes de la monta hay que desparasitar, dar vitaminas, preparar a los padres. La gestación dura dos meses y hay que sobrealimentar a la madre. En promedio, se pueden gastar más de 15 mil pesos solo en el proceso”, detalla.

A eso se suman vacunas de alta calidad, esquemas completos de desparasitación y alimentación premium. Además del alimento balanceado, Gerardo complementa con dieta BARF —basada en carne cruda, pollo y verduras— para mantener a los perros en peso ideal.

“El perro debe estar atlético, no obeso ni demasiado delgado. Como el ser humano, necesita equilibrio”, afirma.

Los cachorros se entregan hasta los tres meses de edad. Pero no cualquiera puede llevárselos.

“No exploto a los perros. La crianza responsable debe ser prioritaria. Selecciono a las familias. No podemos dar un perro de esa calidad para que al rato esté abandonado. Más que venta, es como una adopción con compromiso”, subraya.

El filtro incluye conocer el espacio donde vivirá el animal y las condiciones familiares. El objetivo es evitar que terminen en abandono, una problemática que en Chiapas continúa en aumento.

El contraste con el maltrato animal

Gerardo lo tiene claro: “Es una raza de guarda y protección, pero bien educada no es agresiva. Shiro sale a la calle y es bien comportado”.

Shiro, el inicio de todo

La historia de “Garridog” comenzó con él. Shiro llegó hace cuatro años, pequeño, como compañero y protector del hogar.

“Es muy amoroso, cuida a mis hijos, a mi esposa. Siempre anda conmigo. Se ha ganado nuestro cariño”, comparte.

Pero más allá de la genética o el pedigrí, Shiro representa el vínculo.

“Se encariña uno mucho con ellos”, dice el criador mientras acaricia su lomo.

En el mercado internacional, un cane corso puede alcanzar precios promedio de 5 mil dólares, e incluso hasta 10 mil euros en Europa, dependiendo del linaje. En México, ejemplares certificados pueden superar los 60 mil pesos.

En Chiapas, Gerardo ofrece costos más accesibles, aunque reconoce que mantener la calidad implica inversión constante.

“No es tan fácil costear un cachorro de calidad. La manutención es alta, pero vale la pena si se hace con responsabilidad”, sostiene.

Algunos de sus ejemplares han sido enviados a distintas partes de la República Mexicana y a países como Guatemala y El Salvador.

Una decisión para toda la vida

En Unión Juárez, donde el clima fresco y el paisaje montañoso invitan a caminar, Gerardo acostumbra correr más de cinco kilómetros con sus perros. La actividad física forma parte de la rutina diaria.

Para él, la crianza no es un negocio rápido, sino un proyecto a largo plazo basado en el bienestar animal.

“Afortunadamente todos los cachorros que hemos entregado están bien. Gracias a Dios no hemos tenido problemas”, comenta.

Sin embargo, reconoce que no todas las historias son iguales en el estado. El abandono, el maltrato y la reproducción indiscriminada siguen siendo desafíos que requieren conciencia social.

Tener un perro, especialmente de gran tamaño, no es una moda ni un símbolo de estatus. Es una responsabilidad que puede extenderse por más de una década.

En las faldas del Tacaná, Shiro continúa vigilante. Su presencia recuerda que detrás de cada cachorro hay una historia, un esfuerzo y una familia que decide abrir espacio en su vida.

Porque al final, más allá del pedigrí o el precio, cada huellita deja marca.

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