Sin inversión ni visión, Tapachula se acerca a un colapso hídrico
La potabilizadora de agua ya no alcanza a suministrar el vital líquido a los más de 353 mil habitantes; autoridades tienen proyectado construir otra hasta 2027
La falta de agua potable en Tapachula no es un problema nuevo, pero sí uno que se agrava con el tiempo y que amenaza la calidad de vida de sus habitantes.
Una ciudad que crece más rápido que su suministro de agua
Organismo con más pesonal admnistrativo que operativo
“Si hay más gente administrativa, pues no funciona. COAPATAP es un comité operativo; debería haber más personas en la calle resolviendo problemas de fugas de agua, que dentro de las oficinas”, explicó
“Nadie le puso atención; pasaron cuatro directores y dos administraciones municipales, y el proyecto quedó estancado por falta de voluntad o de interés en resolver un problema que ya es añejo”, denunció.
El proyecto de una nueva planta requiere voluntad política
“Aguachicoleo”: un enemigo invisible en Tapachula
El aguachicoleo es, en consecuencia, un factor que incrementa el déficit de agua y evidencia la urgente necesidad de una gestión integral y rigurosa del sistema hídrico de Tapachula.
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Tanques de agua en la potabilizadora al norte de Tapachula / Archivo / Diario del Sur
De acuerdo con César García Jiménez, exdirector del Comité de Agua Potable y Alcantarillado de Tapachula (COAPATAP) y actual representante de Procentro, la ciudad enfrenta una combinación de problemas administrativos, operativos y políticos que han impedido garantizar un suministro constante y eficiente del vital líquido para todos los habitantes de la Perla del Soconusco.
“Tenemos un problema serio por el déficit de agua, porque la problemática no es únicamente técnica, sino también estructural y resultado de la falta de trabajos que no se han realizado en al menos 40 años, debido a la limitada capacidad operativa”, explicó.
Añadió que existe una gran limitación para resolver los temas operativos, ya que la administración no basta si no se cuenta con conocimientos técnicos en el manejo de la red que distribuye el agua potable a los hogares tapachultecos.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Tapachula cuenta actualmente con una población de 353,706 habitantes. Sin embargo, la planta potabilizadora fue diseñada para abastecer a solo 220 mil personas, con una capacidad de producción de mil litros por segundo, lo que cubre apenas el 40 por ciento de la demanda total.
Actualmente, la planta presenta un déficit del 60 por ciento, equivalente a mil 500 litros por segundo. Este rezago en la producción explica los tandeos y la escasez de agua que enfrentan decenas de colonias de la zona urbana, especialmente durante la temporada de sequía.
Acceso principal a la planta potabilizadora en Tapachula / Archivo / Diario del Sur
El ingeniero señaló que el principal obstáculo del sistema de agua potable radica en la estructura interna del COAPATAP, ya que existe más personal administrativo que operativo, lo cual limita la capacidad de brindar un servicio eficiente a la población.
.Agregó que este desequilibrio ha provocado que los problemas de suministro no se detecten a tiempo y que las fallas técnicas se prolonguen durante semanas, afectando a miles de ciudadanos que ya de por sí enfrentan dificultades para recibir el servicio.
La falta de personal técnico en campo también se refleja en el retraso de proyectos fundamentales, como la construcción de una nueva planta potabilizadora para Tapachula. Recordó que desde hace varios años se presentó un proyecto alterno, impulsado junto con el doctor Óscar Gurría, ante la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y aprobado por la doctora Blanca Jiménez, entonces directora del organismo. Sin embargo, dicho proyecto no ha recibido seguimiento.
El proyecto aprobado por la Conagua tenía como objetivo rehabilitar la planta potabilizadora existente, sin necesidad de rehacer los planos originales, realizando únicamente ajustes en los costos de la obra, que en un inicio se estimaban en 750 millones de pesos y que actualmente superan los mil millones, debido al incremento en el precio de los materiales.
El ingeniero señaló que la construcción de una nueva planta potabilizadora para Tapachula tendría un costo similar, es decir, alrededor de mil millones de pesos, pero permitiría duplicar la capacidad de producción y garantizar el suministro de agua las 24 horas del día.
Sin embargo, los cambios de administración y la falta de seguimiento institucional han provocado que el proyecto se retrase nuevamente, postergando su ejecución hasta 2027 y generando una pérdida estimada de dos años de avance por cada aplazamiento.
Instalaciones de la planta de potablización en Tapachula / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Otro de los problemas que agravan la crisis hídrica en Tapachula es el llamado “aguachicoleo”, término local utilizado para referirse al robo de agua mediante conexiones irregulares o tomas clandestinas.
El exdirector de COAPATAP, César García Jiménez, señaló que aproximadamente 250 colonias, es decir, el 50% de la población, se abastece parcialmente de manera ilegal, lo que reduce la disponibilidad de agua para quienes sí cumplen con el pago mensual del servicio.
Explicó que este fenómeno provoca que, incluso cuando la planta potabilizadora y los pozos operan correctamente, la distribución del agua sea desigual, ocasionando que muchas colonias reciban el suministro de forma intermitente, un día sí y dos no.
Bombeo en los tanques de agua de la planta / Alejandro Gómez / Diario del Sur
Combatir el aguachicoleo no solo requiere la aplicación de sanciones, sino también un mejor monitoreo de la red de distribución y el fortalecimiento de la operación en campo, con el fin de que el recurso llegue de manera justa y eficiente a todos los habitantes.
El ingeniero aseguró que el impacto social del robo del vital líquido es significativo, ya que la población afectada se ve obligada a recurrir a pipas privadas, lo que incrementa los costos y los riesgos sanitarios, mientras que los usuarios cumplidos ven disminuido su acceso a un recurso que debería ser un derecho garantizado.
Limpieza de los tanques de sedimento en la planta Cecilio del Valle. / Cortesía / Coapatap
La infraestructura actual también limita la capacidad de Tapachula para satisfacer la demanda de agua, ya que la planta potabilizadora principal, construida en 1985, tenía una capacidad inicial de 1,000 litros por segundo, pero el paso del tiempo la ha deteriorado.
Hasta marzo de 2025, la planta operaba a 800 litros por segundo, registrando períodos críticos de apenas 400 a 500 litros por segundo. Aunque la rehabilitación mediante el uso de químicos seguros permite mejorar temporalmente la producción de agua, no resuelve el problema de fondo.
“La ciudad no debe conformarse con eso. Tapachula es la capital económica de Chiapas y debería contar con una planta nueva, o al menos actualizar la existente para producir 2,000 litros por segundo. Con ello, sumado a los 28 pozos que generan 1,200 litros por segundo adicionales, tendríamos agua las 24 horas del día”, señaló García Jiménez.
El ingeniero propone un plan integral que combine la construcción de una nueva planta potabilizadora con la rehabilitación de la existente, lo que permitiría alcanzar una producción total de 2,000 litros por segundo.
Este proyecto requeriría una inversión aproximada de mil millones de pesos, cifra que refleja la magnitud de la obra y la necesidad de asegurar recursos suficientes para no comprometer la continuidad del suministro de agua. Además, sugiere reforzar la operación en campo y combatir el robo de agua, con el fin de garantizar una distribución justa y eficiente para todos los ciudadanos.
La falta de agua potable no solo afecta la vida cotidiana, sino que también tiene consecuencias económicas y de salud. Negocios y comercios dependen de un suministro constante, mientras que la población se ve obligada a recurrir a pipas privadas, lo que incrementa los costos. Además, la intermitencia en el servicio eleva los riesgos sanitarios, ya que el agua almacenada durante varios días puede contaminarse.
Tapachula enfrenta un escenario complejo: infraestructura obsoleta, desinterés político, robo de agua y deficiencias operativas. Sin embargo, con proyectos bien definidos, continuidad administrativa y compromiso ciudadano, existe la posibilidad de revertir esta crisis. La ciudad necesita una política pública con visión de largo plazo, inversión en infraestructura y el fortalecimiento del organismo operador, para garantizar que el derecho al agua deje de ser una lucha diaria y se convierta en una realidad para todos los habitantes.
La zona donde se acumulan y limpian los sedimentos en una planta potabilizadora se conoce generalmente como sedimentador, decantador o tanque de sedimentación / decantación / Cortesía / Coapatap