“El problema más grande no es la rampa”, dice Carlos tras 39 años enfrentando barreras en Tapachula
Carlos Martín, quien utiliza silla de ruedas desde 1987 tras un accidente laboral, asegura que el mayor reto no es la lesión, sino las barreras físicas y sociales que aún persisten
Carlos Mejía
Subir una banqueta puede convertirse en una frontera. Entrar a un banco, en una misión. Cruzar una calle con pendiente pronunciada, es un riesgo. Lo que para muchos es rutina diaria, para otros implica cálculo, paciencia y, a veces, pedir ayuda.
Carlos Martín López Pérez conoce bien ese mapa invisible de obstáculos. Tiene 59 años y desde 1987 utiliza silla de ruedas, tras sufrir un accidente laboral que le cambió la vida.
A esa transformación se sumó la reacción social. “La gente decía que era castigo de Dios, que algo habíamos hecho mal. Esa ignorancia duele”, afirma con serenidad.
Sin embargo, la práctica cotidiana revela otro problema: el comercio informal que ocupa banquetas y, en ocasiones, bloquea las rampas.
“Las rampas están, pero ponen sus ventas encima. Uno les dice que la rampa es para poder pasar y a veces contestan mal. El problema más grande no es la rampa, es la sociedad que pone barreras”, explica.
Intentar subir una banqueta sin rampa implica buscar un punto más bajo, impulsarse con fuerza o esperar a que alguien ayude. Bajo el sol del mediodía, cada intento desgasta brazos y paciencia. “Es triste no poder subir algo tan sencillo sin ayuda”, dice.
Bancos y oficinas públicas
Entrar a algunos bancos en Tapachula sigue siendo complicado. Hay sucursales sin rampa y cajeros automáticos instalados en desniveles. En más de una ocasión, Carlos ha tenido que entregar su tarjeta a un tercero para retirar dinero.
“Ni uno de los cajeros tiene rampa. Tenemos que pedir el favor. No debería ser así”, señala.
La situación se repite en ciertos edificios públicos. Oficinas ubicadas en segundos pisos sin elevador o con accesos estrechos representan barreras reales.
“La mayoría de los edificios que dan servicio al público no son accesibles. Uno quiere hacer un trámite y no puede. Eso es discriminación”, afirma.
Ingresar a una dependencia pública implicó buscar una entrada alterna y esperar apoyo para sortear un escalón. No es un caso aislado, sino una constante.
El transporte, el mayor obstáculo
Si hay un punto crítico en la movilidad, es el transporte público. Carlos asegura que para muchas personas en silla de ruedas, el traslado diario depende de taxis, ya que el transporte colectivo no cuenta con adecuaciones.
“A veces no nos quieren levantar. Y si nos levantan, nos cobran más. Preguntan si voy a llevar la silla, como si la fuera a dejar tirada”, comenta.
Calcula que un trayecto que a otra persona le toma diez minutos en combi, a él puede llevarle hasta una hora, considerando espera y costo.
Antes existía un servicio adaptado conocido como “Tapachulteco”, pero dejó de operar. Desde entonces, la movilidad depende de la buena voluntad y del bolsillo.
Las colonias olvidadas
Aunque el centro presenta avances, en las colonias la situación cambia. Calles de terracería, hoyos y piedras dificultan el tránsito.
“La mayoría somos gente humilde que sufrió el accidente trabajando. Vivimos en colonias donde las calles no están arregladas. Hemos pedido que, al menos donde vive una persona con discapacidad, compongan la calle”, expresa.
Las pendientes hacia la zona de la 12 y 14 Norte representan otro desafío. Subidas prolongadas que exigen fuerza y bajadas que requieren control preciso.
Discapacidad e inclusión
Para Carlos, la lucha ya no es únicamente por rampas. “Ahora es por inclusión. Que nos den trabajo, que en las escuelas podamos estudiar como cualquier persona”.
Desde hace años trabaja en el Ayuntamiento, oportunidad que se abrió durante una administración municipal pasada y que se ha mantenido. Ese empleo, asegura, le devolvió independencia y dignidad.
Cuando se le pregunta qué es más difícil, responde sin dudar: “Las barreras de la ciudad. La discapacidad uno la vive, se adapta. Pero las barreras arquitectónicas afectan a todos”.
Si pudiera caminar
Al final surge una pregunta inevitable: si pudiera caminar un día, ¿qué haría?
Sonríe antes de responder. “Agarrar un balón e ir al campo a jugar fútbol. Eso es lo que más extraño”.
Antes del accidente, el deporte formaba parte de su vida. Hoy, la nostalgia no es reclamo, sino memoria.
¿Está hecha Tapachula para todos?
Carlos reconoce avances. “Ya no estamos en el tiempo de luchar por una rampa; ahora la autoridad sabe que debe construirlas”. Pero también es claro: “Tapachula no está hecha para todos todavía”.
En el Día Internacional de la Silla de Ruedas, la experiencia deja una conclusión sencilla y contundente: la discapacidad no está en la persona, sino en el entorno que no contempla todas las formas de movilidad.




























