Extracción ilegal: El comercio clandestino de orquídeas es uno de los mayores enemigos para la conservación. Muchas plantas, obtenidas a través del saqueo de bosques protegidos, terminan en mercados locales y calles, vendidas como productos ornamentales. La alta demanda proviene tanto de coleccionistas como de entusiastas que desconocen las complejas necesidades de estas plantas, que incluyen condiciones específicas de humedad, tipo de sustrato y calidad del agua. Como resultado, más del 90 por ciento de las orquídeas extraídas mueren en menos de un año, lo que genera una pérdida irrecuperable para los ecosistemas.
Deforestación: Además del saqueo, la expansión agrícola, la apertura de caminos y los incendios forestales han devastado las zonas donde tradicionalmente habitaban estas plantas.
Cambio climático también está alterando las condiciones que permiten su crecimiento, como las temperaturas, los regímenes de lluvia y la biodiversidad del suelo. Estas alteraciones hacen cada vez más difícil para las orquídeas encontrar hábitats adecuados en la región.