Tendenciasviernes, 17 de octubre de 2025
Mujeres que lloran por oficio: la historia de las plañideras mexicanas
El oficio era aprendido de generación en generación, muchas mujeres lo asumían como una forma de sustento
Marcia Ramos / Diario del Sur

En la historia y la cultura popular mexicana existe una figura tan curiosa como antigua: las plañideras, mujeres contratadas para llorar y expresar públicamente el dolor durante los funerales. Aunque su oficio puede parecer extraño en la actualidad, durante siglos fue una práctica común en distintas regiones del país, especialmente en comunidades rurales donde los rituales fúnebres tenían una fuerte carga simbólica y emocional.
El término plañidera proviene del verbo “plañir”, que significa llorar con lamento. Su origen se remonta a las civilizaciones antiguas, como Egipto, Grecia y Roma, donde se pagaba a mujeres para que acompañaran los cortejos fúnebres y mostraran el duelo de la familia ante la comunidad. En México, la figura se consolidó durante la época colonial, cuando las tradiciones indígenas del luto se fusionaron con los rituales católicos traídos por los españoles.
En muchos pueblos, especialmente del centro y sur del país, las plañideras eran consideradas indispensables para dar “buen descanso” al alma del difunto. Su llanto no solo representaba dolor, sino también respeto, acompañamiento y despedida. A través de sus lamentos, se creía que ayudaban al espíritu a encontrar el camino hacia la otra vida.
Las plañideras solían acudir vestidas de negro, con el rostro cubierto por un rebozo, y entonaban cantos o rezos fúnebres. En algunos casos, improvisaban versos que recordaban la vida del fallecido o pedían por su descanso eterno. Este oficio era aprendido de generación en generación, y muchas mujeres lo asumían como una forma de sustento en comunidades con escasas oportunidades laborales.
Con el paso del tiempo y los cambios sociales, la figura de la plañidera fue desapareciendo. Las costumbres funerarias se modernizaron, y el llanto público fue reemplazado por ceremonias más sobrias. Sin embargo, en ciertas regiones de México, como en Oaxaca, Chiapas, Michoacán o Puebla, aún persisten algunas expresiones de esta práctica, especialmente en los funerales tradicionales o durante las celebraciones del Día de Muertos.
En estos contextos, el llanto ritual conserva su sentido simbólico: no se trata solo de tristeza, sino de honrar la memoria y el tránsito del alma. Las plañideras se convierten en guardianas de una tradición que vincula el dolor con la devoción, el llanto con la fe y la muerte con la continuidad de la vida.
Hoy en día, el recuerdo de las plañideras ha trascendido el ámbito religioso para inspirar obras de teatro, películas y manifestaciones artísticas que recuperan su figura como símbolo de duelo y resistencia femenina. En algunos pueblos, mujeres mayores aún relatan cómo sus madres o abuelas eran llamadas para “llorar” en los funerales, y cómo esa labor, lejos de ser motivo de burla, representaba una forma digna de acompañar el dolor ajeno.
Las plañideras mexicanas, con su llanto convertido en rito, forman parte de esa memoria colectiva que rescata los múltiples rostros del duelo en México. Un oficio que, aunque casi olvidado, nos recuerda que en el llanto también habita la solidaridad, el consuelo y la profunda conexión humana frente a la muerte.