Violencia y crimen organizado: Los migrantes son un blanco frecuente para grupos delictivos que operan en la frontera sur de México. Constantemente enfrentan secuestros y extorsiones, ya que los delincuentes buscan lucrar con su vulnerabilidad. Además, muchos son obligados a realizar trabajos forzados o son víctimas de trata de personas. A esto se suman los asaltos y robos, especialmente en rutas peligrosas, donde son despojados de sus pertenencias.
Condiciones inhumanas: La falta de servicios básicos en estaciones migratorias y refugios agrava la crisis humanitaria. Muchas instalaciones carecen de agua potable, alimentos, atención médica y espacios adecuados, mientras que los migrantes enfrentan largas caminatas bajo condiciones extremas de calor o lluvias. El hacinamiento en refugios y albergues, con recursos insuficientes, genera riesgos adicionales para su bienestar.
Obstáculos legales y burocráticos: Las dificultades legales son otro gran desafío. Muchos migrantes permanecen retenidos en estaciones migratorias por largos periodos en condiciones precarias. Además, los trámites prolongados en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) retrasan significativamente el acceso al asilo o refugio, aumentando su vulnerabilidad.
Problemas de salud: La exposición prolongada a condiciones climáticas adversas y la falta de atención médica provocan enfermedades respiratorias, gastrointestinales y deshidratación entre los migrantes. Los pocos servicios médicos disponibles en el trayecto y en los refugios son insuficientes para atender la demanda.
Tránsito por terrenos peligrosos: La selvas, ríos caudalosos y vías férreas, ponen en peligro la integridad física de los migrantes, quienes enfrentan accidentes y lesiones. Además, en ciertas áreas se enfrentan al riesgo de ataques de fauna silvestre, lo que agrava las dificultades del trayecto.
Presión de las autoridades: Los operativos de seguridad destinados a detener migrantes a menudo derivan en abusos de autoridad y tratos degradantes. En muchos casos, los migrantes son expulsados de manera inmediata a la frontera sur o a sus países de origen sin garantías legales adecuadas, lo que intensifica la incertidumbre en su situación.
Discriminación y xenofobia: En algunas comunidades, los migrantes se enfrentan al rechazo social, lo que dificulta su acceso a ayuda humanitaria o a oportunidades laborales. Quienes logran encontrar trabajo temporal son frecuentemente explotados o discriminados, empeorando su ya precaria situación.