Fue, sin lugar a dudas, una auténtica hazaña. En apenas cuarenta horas se cumplió con el anhelo gubernamental, y de la ciudadanía toda, de contar con alumbrado de electricidad. Aquel 24 de diciembre de 1890, de manera improvisada, a partir de las diez de la noche fue espectacularmente iluminado el paso de los carros bíblicos por algunas de las principales calles citadinas.
Para una ciudad que apenas tres años atrás había substituido la sucia manteca por el petróleo para alumbrar sus calles, aquella llegada de la luz eléctrica fue todo un acontecimiento que, tras los apuros del estreno, entre otras cosas ocasionado por la tardanza del ferrocarril en la llegada de los implementos necesarios, se fue convirtiendo en una realidad por las diversas calles citadinas. Se presumía entonces que el sistema que se instalaba en Querétaro era igual al de ciudades norteamericanas como San Luis Missouri, Cincinnati o Philadelphia.
Aquella hazaña, y luego el gran trabajo de instalación del sistema por la ciudad, tuvo como responsable a un hombre muy poco valorado por la historia local: don Emiliano Siurob, quien por entonces era el jefe de la oficina de alumbrado público y que además de dirigir los trabajos, adicionó ideas e inventos propios que ayudaron mucho en la empresa.
Don Emiliano, por ejemplo, desechó en la medida de lo posible, los postes existentes, fijando los cables desde las azoteas de las casas y centrando las lámparas a mitad de las calles, e incluso inventó un sistema para hacerlas bajar sin necesidad de utilizar escaleras en sus arreglos. Empezó la instalación, con tres lámparas, desde el Puente Grande, por la hoy calle de Juárez y hasta la esquina de Escobedo, y para mediados de 1892 ya había llegado hasta la plaza de La Cruz, iluminando sin descanso la ciudad. Antes, a mitad de 1891, concretamente el 27 de julio, la luz eléctrica pública llegó a la llamada “Otra Banda”, donde se organizó una gran fiesta con música en las calles hasta bien entrada la noche.
Hizo lo propio con el Palacio de Gobierno, en la hoy calle de Madero, pues el edificio dio albergue a la planta eléctrica y se iluminó, gracias a doscientas bujías, con luz incandescente.
Desde entonces han pasado muchas cosas en esta ciudad, las lámparas de iluminación se han cambiado una y otra vez, en ocasiones en tiempos tan cercanos que mueven a la sospecha, y ha quedado en el olvido la importante figura de un hombre que tuvo la capacidad de iluminar la ciudad y hasta de lograr la hazaña de instalar la energía eléctrica, aunque fuera provisionalmente, en cuarenta horas. Ese fue don Emiliano Siurob.