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Condenada desde siempre al olvido, obligada por la costumbre a mantenerse alejada, pese a su cercanía; objeto de leyendas y sinónimo de tierra de despatriados, la llamada “Otra Banda” parece cargar con un destino irremediable, pese al crecimiento habitacional, la llegada de nuevos queretanos y la abrumadora tecnología de nues-tros días.
Para los queretanos de hoy, y para los de siempre, los bellos monumentos históricos que podemos contar por decenas en las calle de Invierno, o en la de Primavera, lo son menos por no considerarlos pertenecientes al Centro Histórico, pese a que ahí también es Centro Histórico. Como si el río efectivamente pudiera considerase una frontera, la Otra Banda pervive calladamente, sorda y muda al trajinar citadino, como si aún se apareciera el sereno sin cabeza en el Puente Colorado o si su frontera norte diera paso a cerro, nopales, mezquites y huizaches, y no a una vibrante zona de la moderna ciudad.
Las obras de “embellecimiento” de la Otra Banda han sido escasas y cuando se han hecho, no han sido las más felices; los queretanos “del centro” la visitan poco, pese a que ahí se ubican, además de bellas construcciones de los siglos XVIII y XIX, una residencia con encanto y misterio convertida en centro cultural, una estación ferroviaria de principios del siglo XX, diversas cantinas, espacios culturales, y hasta el ejercicio del oficio más antiguo del mundo por mujeres entradas ya en la tercera edad.
Quizá por ese abandono, por ese olvido de propios y extraños, es que la zona aún mantiene en pie muchas construcciones típicas de la época virreinal, que nadie parece detenerse a admirar, pero también, acaso por lo mismo, la Otra Banda es vulnerable a la mano destructora del hombre, que en la oscuridad puede echar a la basura cientos de años de piedra, adobe, cal y canto.
Mucho se ha especulado a últimas fechas del lugar que será destinado a la estación del nuevo y siempre soñado ferrocarril a México, y la Otra Banda no escapa a ellas, porque justo ahí, en tiempos del porfiriato fue construida la estación del nuevo Ferrocarril Nacional. Las razones para evitar la construcción en la zona distan de la protección al patrimonio edificado y se refieren, fundamentalmente, a las obras de infraestructura que se requerirían para hacer más accesible a la estación.
Me da la impresión de que una estación de esa naturaleza en la zona vendría a poner aún más en riesgo ese patrimonio queretano que aún puede descubrirse, pero, de cualquier modo, la Otra Banda parece estar destinada a seguir siendo una de esas páginas pares sin fotografías que nadie lee del bello libro que es Querétaro. Y vaya que es una lástima.