Fue con el apreciado amigo y maestro Carlos Dorantes (qepd), con quien intercambiaba libros allá por los años 60, cuando conocí la novela “El Extranjero” de Albert Camus.
Camus presentó “El Extranjero” en 1942, y su curiosa elección de título es una de las primeras muestras de su carácter críptico y simbólico. El título en su idioma original, “L’Étranger” – al igual que en español-, provienen del latín “extraneus”, que se puede traducir como “extraño”.
Así, “el extranjero” que evoca Camus, no es un migrante, un venido de otras tierras, “el extranjero” de Camus es un ser extraño, diferente al resto. El extraño que Camus dibuja es un paria, un exiliado de su propia realidad.
Presuponíamos Carlos y yo, la profundidad filosófica de Camus; su latente “peligrosidad”, pues nos hacía cuestionar muchas cosas de la vida que considerábamos entonces intocables, como en un altar; y elogiábamos su capacidad para reflejar, con unos cuantos personajes que deambulaban por Argelia, el drama del mundo, inmerso entonces en la II Guerra Mundial.
Camus fue merecedor del Premio Nobel de Literatura, novelista, ensayista, dramaturgo y filósofo francés nacido en Argelia, dejó una huella profunda en su generación y las posteriores a través de novelas como El Extranjero, La Caída y La Peste; obras de teatro como Los Justos y Calígula; y ensayos como El mito de Sísifo.
Camus nació el 7 de noviembre de 1913, hijo de una empleada doméstica analfabeta que era casi sorda, y de un peón agrícola francés que murió en la batalla de Marne en 1914. Vivió sus primeros años con su madre y su hermano mayor en un pequeño departamento de un barrio popular de Argel. Camus falleció el 4 de enero de 1960 a los 51 años en un accidente carretero en el trayecto de Lyon a París.
Su obra surgió durante los años de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Independencia de Argelia; y está permanentemente signada por la defensa de la libertad y de la vida; y contra todas las ideologías. Sostenía que quería “hablar por aquellos que no tenían voz y que estaban oprimidos”.
A los 44 años, en 1957, se le concedió el Premio Nobel de Literatura por “el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”.
Instalado en París a los 24 años, asumió la dirección de la revista “Combate”, periódico de la Resistencia al régimen del mariscal Philippe Pétain, que colaboraba con la ocupación de Francia por la Alemania nazi.
En el “Mito de Sísifo”, un ensayo publicado en 1942, expuso su filosofía de lo absurdo, la búsqueda de coherencia por el hombre y la condición humana.
En 1945, fue uno de los pocos intelectuales que denunciaron las armas atómicas.
Tras un breve paso por el Partido Comunista, Camus criticó, al igual que André Guide y otros, el totalitarismo en la Unión Soviética en “El hombre rebelde” (1951).
En 1952 rompió con uno de los íconos de la intelectualidad francesa, Jean-Paul Sartre, luego de que fuese publicado en una revista que éste dirigía un artículo en el que se criticaba “la rebeldía estética de Camus”. Como decía arriba, entre sus principales y más celebradas obras se encuentra “El Extranjero” (1942), novela en la que a través del protagonista Meursault, describe las vicisitudes de un individuo incapaz de codificar sus “sentimientos” y que transita por una disociación permanente entre la razón y los sentimiento, atribuible a la desconexión de su entorno y su tiempo entre sensatez y realidad.
Su posterior novela “La Peste” (1947), ya concluida la II Guerra Mundial, supone un redireccionamiento de su percepción del mundo en el que aparecen las ideas de solidaridad y capacidad de resistencia humana que se imponen a la noción del absurdo.
Camus terminó el manuscrito inicial de “El Extranjero” en mayo de 1941; posteriormente escuchó y aceptó sugerencias de André Malraux , Jean Paulhan y Raymond Queneau. La primera edición original en francés se publicó el 19 de mayo de 1942 por Gallimard. Apareció en librerías a partir de junio de ese mismo año, pero su tirada inicial se limitó a cuatro mil 400 ejemplares. A pesar de haberse publicado durante la ocupación nazi de Francia , salió a la venta sin censura ni restricciones por parte del Departamento de Propaganda .
En inglés comenzó a publicarse a partir de 1946, primero en el Reino Unido, donde su título se cambió a “The Outsider” para evitar confusiones con la traducción de una novela homónima de Maria Kuncewiczowa.
En su novela Camus representa la esencia de quien vive donde sea que habite, como un extranjero –extraño-.
Meursault, el protagonista, es un personaje cuyo proceder es confuso a medida que avanza la trama y se vuelve cada vez más difícil entender su lógica y sus motivos, porque pareciera no tenerlos.
Meursault es uno de los primeros antihéroes de la literatura, es un personaje complejo con el que la mayoría no siente empatía o conexión y su actuación es siempre cuestionable.
Su mirada pasiva y apática lo ponen fuera del alcance del entendimiento la mayoría de las veces.
Meursault representa, también, el conflicto axiológico del ser humano:
¿Juzgamos moralmente la acción o la personalidad? Meursault encuentra absurda cualquier atadura con sentimientos naturales del ser humano y la falta de compromiso es su premisa.
En “El Extranjero” que concluye con un asesinato –en el que el calor del norte de África parece tener un papel preponderante- Camus nos lleva a recorrer los caminos que inducen a una sociedad a cuestionarse todo su devenir.
El ambiente generalizado de desesperanza y frustración en la sociedad europea es una de las motivaciones ambientales de esta obra. La Europa desvencijada y ultrajada después de dos guerras mundiales, mutiló la capacidad de identificación con el otro. Las naciones europeas se convirtieron en sociedades carentes de orientación, cuya capacidad de juzgar moralmente se vio puesta en duda una y otra vez durante décadas. Camus lo refleja en “El Extranjero”, deja entrever la idea de una sociedad ciega.
Camus encarna en su protagonista al hombre de su época, y aun, tal vez, de la nuestra. La capacidad de conexión y los sentimientos como empatía y solidaridad parecieran estar extintos. En el contexto de Camus, la muerte de la empatía parece generada por la violencia, la acción bélica, los discursos de odio, la afrenta de la polarización, y los estímulos de todo tipo, incluidos los digitales, que hoy nos bombardean desde todos los ángulos y ámbitos.
Camus dibujó en Meursault un paisaje oscuro donde la amputación de la pasión y la voluntad es la acción principal. He ahí su significancia moderna, en un mundo globalizado, la interconexión más que generar empatía parece habernos silenciado la voz de protesta.
Nuestros lamentos como sociedad parecen muchas veces ser como los de Meursault, tardíos e intrascendentes.
En todo esto pensaba ayer tras el cobarde asesinato del valiente alcalde de Uruapan Carlos Manzo quien supo anticipar con sorprendente serenidad sus tres opciones: triunfo, cárcel o muerte…