A finales de los años 60 un grupo de amigos emprendimos un viaje a la Sierra Gorda. De hecho casi ninguno la conocía por lo que los preparativos tenían los inciertos visos de aventura.
Desde entonces hemos querido saber más de la Sierra y de su rica y complicada historia.
En cuanto a Escandón, luego de entregar las misiones agustinas a los franciscanos partió hacia el norte donde fundó la Nueva Santander – estado de Tamaulipas- donde es reconocido como fundador y benefactor.
Desde la semana pasada iniciaron con el operativo de Semana Santa con la Secretaría de Seguridad Pública municipal y la Coordinación Municipal de Protección Civil.
El Programa Operativo Anual contempla proyectos pluviales, obra social, salud, educación y agua potable; aún se gestionan recursos federales para obras en El Marqués
Buen paso mantiene el piloto queretano, al conquistar un segundo sitio en un fin de semana intenso, lo que le permite mantenerse entre los mejores de la categoría
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Empezamos mal pues fue por la tarde cuando tomamos la carretera 57 y después la 120 apiñados en una muy vieja camioneta Land Rover prestada por el buen cura de Hércules Salvador Medina Galván y un vochito propiedad del padre Nazario García quien nos acompañaba junto al también presbítero, Salvador Rincón Frías.
Por el camino hubo qué parar varias veces pues la camioneta se sobrecalentaba y había que echarle agua de tanto en tanto. Ya muy tarde arribamos a La Lagunita donde arrancaba el camino de terracería hecho por los habitantes de Tilaco bajo la dirección del padre Francisco Piñol Miracle que había llegado en 1963, teniendo en “El Huracán de la Sierra”, un viejo camioncito de 1942, su instrumento material estrella.
En ese camino y ya en total oscuridad nos detuvimos, ya solo una vez, en la que hicimos una fogata a la vera del camino. Llegamos a Tilaco a eso de la 1:00 am y dormimos en la misión… Los que íbamos prácticamente no sabíamos nada de la Sierra; entre otros, Felipe Muñoz, Carlos Dorantes, José Navarro, Arturo Proal, Arturo de la Isla, Elías Ortega… Desde entonces, la mayoría, si no es que todos los que fuimos, quedamos prendados por la Sierra: sus paisajes de cactáceas, la riqueza del semidesierto, los bosques de Pinal, el Río en Ahuacatlán, el ordenado centro de Jalpan, la belleza de las Misiones serranas – sólo estuvimos en Jalpan, Landa y Tilaco-, cuyo rescate apenas comenzaba, el café de Agua Zarca, las manzanas de Rioverdito, las acamayas, la comida en El Lindero…y sobre todo la amabilidad de su gente.
Como por ejemplo las diferencias en la labor de evangelización de los misioneros agustinos, dominicos y franciscanos –de San Fernando y de Pachuca- que influyeron decisivamente en la conformación de los nuevos pueblos hasta la secularización de las misiones serranas alrededor de 1770.
Como muchos, también nos indignó la última batalla por la “pacificación” emprendida contra la tribu jonaz en agosto de 1748 por el coronel José de Escandón quien ordenó a los capitanes, cabos y caudillos de Cadereyta, Zimapán, Jiliapan-Pacula, Jalpan y Escanela, San Juan Bautista, Xichú, Tolimán y Soriano que saliesen con sus respectivos soldados, con sus armas, municiones y bastimentos para un mes y que abriéndose en escuadras, corriesen registrando cerros, bosques y barrancas, comunicándose las compañías por medio de piquetes de soldados y así estrechar el cerco hacia el centro propuesto, el cerro de la Media Luna, capturando las cuadrillas de jonaces que saliesen a su paso, sin dejar que escapase ninguna persona sin distinción de sexo ni edad, y usando del rigor de las armas en caso que los jonaces usasen las suyas y teniéndolos presos hasta entregárselos a él mismo, quien dispondría qué hacer con los cautivos.
Se trataba, decía Escandón, de extinguirlos de una vez y que no quedase de ellos aún memoria… “Los cercó y aprehendió en la Media Luna a 173 sobrevivientes de “la nación Jonás” acabando en esa batalla con aquella indómita tribu; la última tribu armada y libre de aquellas que anteriormente fueron parte de “El Gran Chichimeca”.
Nos alegramos al saber que Fray Juan Guadalupe Soriano, religioso del convento de San Francisco de Pachuca que ya misionaba en la región, “viendo que aún quedaban algunos restos de la nación Jonaz, fundó para aquellos últimos mecos la misión de Purísima Concepción de Bucareli; en una cálida hondonada en medio del Cerro Gordo y el de San José de los Amoles, donde por el agua y el clima se aseguró abundancia de frutas y hortalizas, y sostuvo a su costo y riesgo esta nueva y última misión, hasta que por su ancianidad hubo de retirarse por el año de 1793”.
Entendimos con el historiador Jacques Soustelle que en la Sierra Gorda y el Seno Mexicano, durante la conquista y el virreinato, ocurrió un tejer-destejer, cual otra tela de Penélope. “una tarea que se reanuda sin cesar y que debe sin cesar emprenderse de nuevo; las fundaciones se suceden durante dos siglos, en los mismos lugares y muchas veces sin resultado”.
En la región de la Sierra Gorda y en general en la conocida como La Gran Chichimeca campeaban esencialmente dos naciones: la jonaz, integrada por guerreros nómadas e indómitos que vivían de la caza y eran señalados como irreductibles; y la población-otomí compuesta por tribus oriundas caracterizadas por su silente adaptabilidad.
Con los pames había trabajado Fray Juan Guadalupe Soriano de quien la investigadora Monique Gustine recoge el siguiente texto: “La lengua del idioma Pame es casi una con el idioma Chino; luego hay alguna luz o premisa por donde inferir que estos Pames tienen su origen del Chino Imperio (…) La nación Pame comienza desde la misión de S. José Fuenteclara que es donde llaman Sierra Madre o ]Sierra Gorda, nación muy abundante de gente esparcida por los montes y las sierras, y comenzaban desde el paraje nombrado Puerto del Aire, a un lado del real de Zimpapán y por todos los cerros divagados de Xiliapan, Pacula. En Xiliapan había como cien familias, Pacula pasan de doscientas, Cerro Prieto o los monte tienen como trescientas familias, Landa más de doscientas, Tilaco lo mismo, Jalpan como cuatrocientas. Concá como cien, Tancoyol como doscientas. Sigue esta nación por toda la provincia de Río Verde, y en fin, ha sido esta nación muy dilatada, aun hoy esto es, que se ha consumido con las continuas pérdidas. Es gente muy dócil y nada guerrera, muy humildes, aunque por lo común muy grandes flojos…” Un dato curioso frecuentemente apuntado es que aprendían pronto cualquier oficio así como tocar instrumentos musicales.
En 1750 arribó Fran y Junípero Serra quien en muy poco tiempo logró reorganizar a pames otomíes, erigiendo las cinco misiones, hoy Patrimonio de la Humanidad, y enfocando baterías junto con la evangelización, hacia la agricultura, la educación y las artes, logrando en pocos años en toda la región una especie de utopía, que como todas feneció en poco tiempo al decretarse la secularización de las misiones.