Contraluz / “No me toquen ese vals…”
Interpretaban marchas, polkas, chotis, mazurcas y valses.
Recuerdo que me sentía feliz sentado en bancas de cantera adosadas a la pared, o en la escalinata que ascendía hasta topar con el cancel, que en esas ocasiones especiales no cancelaba nada, pues los portones del tempo eran abiertos de par en par.
Entre los valses que tocaban estaban el Danubio Azul, de Strauss; Los Patinadores de Emile Waldteufel; Ondas del Danubio de Ivanovici y otros europeos más; pero los valses que realmente me gustaban eran los mexicanos Sobre las Olas y Carmen de Juventino Rosas, Vals
Poético y Vals Amor de Felipe Villanueva; Dios nunca Muere de Macedonio Alcalá; y el Arpa de Oro de Abundio Martínez.
Curiosamente todos estos autores mexicanos eran mestizos y sus valses, a diferencia de los europeos, eran más lentos, más dulces, más suaves, susurrantes, conmovedores…
Quizá por ello a los 13 años tomé lecciones de clarinete que después de dos años tuve que dejar por otros estudios.
Desde entonces la música mexicana toda me marcó.
El vals en México
Finalmente, el éxito, difusión y adaptación de la música europea, se dio como el pueblo quiso: por encima de las posturas políticas y luchas civiles que dividieron al país.
En su momento, el músico Manuel M. Ponce (1882-1948), reconocido como fundador del nacionalismo musical mexicano, suscribía haber observado “el alma indígena en el vals mexicano”.
El director de orquesta contemporáneo Carlos Esteva Loyola, fundador de la Orquesta Clásica de México, afirma que el vals mexicano es más melancólico y lento que el vienés, esencia que sin desmerecerlo, lo define distinto y conmovedor.
Juventino Rosas
El autor mexicano de valses más celebrado nacional e internacionalmente es Juventino Tosas quien curiosamente no tuvo una formación profesional en la academia.
Compositor del célebre vals “Sobre las olas”, Juventino Rosas murió el 9 de julio de 1894 en Batabanó, Cuba cuando sólo tenía 26 años de edad a causa de una enfermedad hepática.
En 1875 se trasladaron a la Ciudad de México, donde continuaron con su música. Al poco tiempo se unieron a la orquesta de los hermanos Elvira y más tarde ingresaron al grupo de sus coterráneos, los hermanos Aguirre.
Su padre y su hermano fallecieron en un pleito de arrabal cuando se ensartaron en una pelea tras ser humillados por su aspecto humilde y mestizo.
Tras su fallecimiento en Cuba Juventino Rosas fue sepultado en la isla caribeña. La inscripción en su lápida fue la siguiente: “La tierra cubana sabrá conservar su sueño”.
En 1909, sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México y desde 1939 reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres.
Durante los 50 años posteriores a su muerte, fue el mexicano más grabado en el mundo.
Para Helmut Brenner, era asombroso que el primer mexicano que tuvo éxito en el extranjero no fuera uno de los compositores con amplia formación académica, sino un autor casi autodidacta.
Juventino Rosas, como muchos músicos mexicanos talentosos, fue pobre. Ello le costó en su corta vida, tristezas, humillaciones, divorcio, depresión y alcoholismo.
El vals Sobre las Olas fue publicado por los editores Wagner y Levien Sucs, quienes pagaron a Juventino Rosas cuarenta y cinco pesos por los derechos de reproducción de dicho vals y del chotis Lazos de
Juventino Rosas (rúbrica).
Nadia Stankovich egregia concertista de piano nacida en Belgrado en 1924 y fallecida en México en 2017, donde se avecindó en 1950, dedicó gran parte de su vida a investigar, estudiar y tocar la música de Juventino Rosas.
Ella como muchos otros expertos más encontraron en la obra de Juventino Rosas ese asomo del alma mexicana mestiza, que se expresa cristalino, dulce, épico y conmovedor.
















