Convertido en el 47º presidente de Estados Unidos a partir del lunes pasado, Donald Trump pregonó inaugurar una (nueva) era dorada de Estados Unidos que dijo “empieza ahora”.
Fiel a su retórica estridente resumió entre alardes semánticos sus posiciones y ofertas de campaña que lo llevaron a vencer sin ninguna duda, en las elecciones de noviembre de 2024. Así, prometió que “a partir de este día nuestro país florecerá y será respetado”.
Anunció así cambios considerables que para México, como país ve-cino, son trascendentes aunque en tres puntos, discutibles: migración, narcotráfico y aranceles.
En ese tenor estableció críticas al tránsito político reciente de su país al afirmar que “Nuestra soberanía será restablecida. Se reinstaurará nuestra seguridad. Se reequilibrará la balanza de la justicia. Se pon-drá fin al uso político despiadado, violento e injusto del Departamento de Justicia y de nuestro gobierno. Nuestra máxima prioridad será crear una nación orgullosa, próspera y libre”.
Ante una audiencia compuesta por familiares, expresidentes, repre-sentantes del Congreso y de la Corte Suprema, de presidentes latinoamericanos como los de Argentina y El Salvador; y de los magna-tes Elon Musk y Mark Zuckerberg, de mil invitados, Donald Trump no desdeñó recordar que “Hace unos meses, en un bonito mitin de Pensilvania, un grupo de asesinos me perforó la oreja. Pero mi vida se salvó por algo: Dios me salvó para hacer a Estados Unidos grande de nuevo”.
Y con ello cerró el círculo elemental de su narcisismo: designado por Dios y por su pueblo; mano dura inhumana, le dijeron después contra inmigrantes y minorías; y sanciones económicas a quienes, en especial naciones vecinas, se interpongan en ese camino. Y alargó su autocomplascencia: “ahora tengo la esperanza de que las recientes elecciones sean recordadas como las más grandes y consecuentes en la historia de nuestro país”.
Y ya encarrerado sustentó su eslogan de campaña con la afirmación de que se trata de “la revolución del sentido común… El 20 de enero de 2025 es el día de la liberación”.
Como se esperaba, en su discurso América Latina, con México en el centro de su disertación, ocupó importante lugar:
Donald Trump dejó en claro que ejercería el poder desde el primer día a través de decenas de decretos adelantando que declararía “emergencia nacional en la frontera entre Estados Unidos y México para frenar la inmigración y que enviaría tropas para “arreglar el desastre”.
La “emergencia nacional” le permite militarizar la frontera y sellar los pasos de entrada a Estados Unidos además de destinar más fon-dos y recursos a la “deportación masiva” que durante meses pro-metió. Y concretó su amenaza: “Se detendrá inmediatamente toda entrada ilegal, y comenzaremos el proceso de devolver a millones y millones de extranjeros criminales a los lugares de donde vinieron”.
También anticipó que definiría a los cárteles mexicanos del narcotrá-fico “organizaciones terroristas”. E invocando la “ley de enemigos extranjeros” de 1798, ordenaré a nuestro gobierno que utilice todo el inmenso poder de las fuerzas del orden federales y estatales para eliminar la presencia de todas las bandas y redes criminales extranjeras que traen delitos devastadores a suelo estadounidense”.
Además, en medio de banal anecdotario, reiteró que pretende cambiar el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América.
Y adelantó que tiene la intención de “recuperar” el control del Canal de Panamá aduciendo que se está cobrando de más a los barcos estadunidenses y también que “China está operando el canal”. “Y nosotros no se lo dimos a China. Se lo dimos a Pamaná y vamos a recuperarlo”.
El nuevo presidente también ahondó en algunas de las medidas sociales que pretende tomar.
“Habrá solo dos géneros: hombre y mujer”, explicó Trump, en la línea de sus esfuerzos para restringir a la comunidad transgénero.
Y se explayó sobre todo en las decisiones económicas. “En vez de poner impuestos a nuestras ciudades, pondremos impuestos a otros países para enriquecernos”, aseguró.
Al criticar la inflación en Estados Unidos, Trump le dijo adiós al pacto para promover las energías limpias del gobierno de Biden y a la apuesta por los vehículos eléctricos: “Vamos a perforar, baby, a perforar” aludiendo a reactivar al máximo los yacimientos petroleros de Texas y otros estados.
“Volveremos a Estados Unidos una nación rica de nuevo”, gracias al “oro líquido que tenemos bajo los pies”, alardeó.
Aprovechó también para prometer, como lo había hecho ya Elon Musk, que se colocará la bandera estadounidense en Marte.
El mismo lunes por la noche Trump reiteró que planeaba imponer un arancel del 25 por ciento a los productos procedentes de Canadá y México el 1 de febrero, alegando que esos países estaban permitien-do la entrada en Estados Unidos de “cantidades masivas de personas y fentanilo”.
El martes por la noche, Trump amplió la amenaza y dijo que, para la misma fecha, también pretendía imponer un arancel adicional del 10 por ciento a los productos chinos, diciendo que China enviaba fen-tanilo a México y Canadá.
Dicha medida, han anticipado expertos y medios, entre ellos The New York Times, podría desestabilizar tanto las relaciones diplomáticas estadounidenses como las cadenas de suministro mundiales. México, China y Canadá representan en conjunto más de un tercio de los bienes y servicios que importa y exporta Estados Unidos, y sustentan decenas de millones de puestos de trabajo estadounidenses. Los tres países juntos compraron más de un billón de dólares de exportaciones estadounidenses y proporcionaron casi 1.5 billones de dólares de bienes y servicios a Estados Unidos en 2023. “Las economías de México y Canadá, en particular, están es-trechamente integradas con la de Estados Unidos. Las cadenas de suministro de diversos bienes serpentean de un lado a otro de las fronteras norteamericanas, viajando entre campos, fábricas y alma-cenes de cada país a medida que se transforman de materias primas en productos acabados”, ha establecido TNY.
Ante ello, los gobiernos de Canadá y México, en particular, se han apresurado a intentar evitar cualquier arancel. Han intentado asegurar al equipo de Trump que están haciendo un esfuerzo adicional pa-ra impedir que personas y drogas crucen las fronteras de Estados Unidos.
El gobierno chino también ha estado sopesando sus opciones para posibles represalias, en caso de que Trump imponga aranceles. En Pekín, Mao Ning, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, dijo que “Siempre creemos que no hay vencedores en una guerra arancelaria o comercial”.
Los expertos en comercio evalúan si los aranceles se materializarán o si la amenaza es solo una táctica de negociación destinada a obtener concesiones de México y Canadá. Ambos países evitaron aranceles elevados durante el primer gobierno de Trump y apuestan a que Estados Unidos necesita que México y Canadá para enfrentarse a China, un rival mucho más grande.
Los economistas y legisladores dicen que los aranceles causarían una pérdida de ingresos y empleos, y obligarían a los consumidores estadunidenses a pagar más por varios productos de alta demanda.
México se destaca entre las principales economías por su dependencia del comercio con Estados Unidos, al que envía aproximadamente el 80 por ciento de sus exportaciones, muchas de las cuales provienen de fábricas que operan a menos de 50 kilómetros de la frontera.
Los aranceles del 25 por ciento serían ruinosos para México, dijo Marcus Noland, vicepresidente ejecutivo y director de estudios del Instituto Peterson de Economía Internacional.
“En efecto, iniciarían un proceso de desindustrialización de México”, consideró.
Los automóviles, las computadoras, los cables, los teléfonos y los ins-trumentos médicos se encuentran entre las principales exportaciones de México.
La agricultura es otro punto débil de México, que suministra el 63 por ciento de las importaciones de verduras de Estados Unidos y el 47 por ciento de sus importaciones de frutas y frutos secos.
En México las reacciones no se han hecho esperar, si bien en general ha existido cautela. La presidenta Claudia Sheinbaum se alejó pronto de una posición de reto verbal y se ha adentrado en convocar a la unidad nacional; discernir las mejores medidas para paliar cualquier posibilidad de que se concreten las amenazas; buscar una interlocución serena entre equi-pos de su gobierno y el los de Donald Trump y convocar al trabajo ordenado y productivo a través del Plan México.