En la década de los 90´s quien fuera el alcalde de hierro de Nueva York, Rudolph Giuliani popularizó la teoría de las ventanas rotas, que sostiene que si el vidrio de una casa se rompe y nadie lo repara pronto estarán rotos todos los demás, es decir si un espacio público o privado muestra signos de abandono, deterioro y desinterés esto se convierte en un caldo de cultivo para el delito, pues serán los delincuentes quienes se adueñen de ese lugar en franca decadencia, convirtiéndolo en una guarida evitada por la población honesta. Los trabajos en esta ciudad comenzaron de menos a más recuperando paso a paso espacios públicos como el metro, las calles o parques eliminando grafitis, basura y focos fundidos y, ya una vez restablecidos estos sitios, manteniéndolos en óptimas condiciones, por lo que método resultó muy eficaz para restablecer el orden en la caótica metrópolis, mediante la tolerancia cero.
Por lo tanto, si la teoría de las ventanas rotas logró lo que se creía imposible en Nueva York, qué pasaría si la implementamos en el marco del Día internacional de la Mujer en nosotras mismas para mantener un equilibrio personal e impedir que nuestras propias ventanas rotas tales como apatía, descuido, desorden, contaminación intelectual, visual y auditiva así como malos hábitos o trastornos mentales nos contaminen a un grado en el que el caos se apodere de nuestro ser, acciones y pensamientos y por ende las consecuencias de esos actos u omisiones tengan serias repercusiones en nuestro futuro, qué tal si aprovechamos para hacer una revisión exhaustiva de lo que podemos mejorar e implementar de manera personal en cada una de las áreas de nuestra vida, porque nuestro equilibrio depende de que todas ellas, las personales, mentales, profesionales, recreativas y las de crecimiento cumplan con el porcentaje correcto, ya que tanto la mejora como el declive en cualquiera de esos rubros impacta positiva o negativamente en el que en teoría debería ser un ciclo de mejora continua es decir un círculo virtuoso.
Y en lo que compete a nuestro entorno primario, qué tal si comenzamos desde hoy, desde este mes de las mujeres y desde nuestra individualidad ondeando esas banderas de lucha contra la desigualdad, la violencia y la discriminación y pasamos de las palabras a los hechos reconociendo también las ventanas rotas, que pasamos por alto en nuestra relaciones interpersonales, haciendo como que no vemos y que se traducen en muchísimos casos por parte de la pareja, en faltas de respeto, gritos, golpes, burlas y menosprecios y, en el área social y laboral, en discriminación, desigualdad salarial y un techo de cristal que pareciera irrompible y que aunque cuesta trabajo visibilizar, después verbalizar y pedir ayuda para frenarlas y exigir respeto, si no accionamos y ponemos límites ahora, estaríamos contribuyendo a perpetuar la cultura de la desigualdad y la opresión para nosotras, nuestras hijas y nietas, estaríamos siendo cómplices de los constructos sociales que establecieron los roles de género y que limitan las oportunidades en la educación y en el trabajo predestinando a las mujeres a un futuro de obediencia y sometimiento al género masculino, nada promisorio y en nada beneficioso para el desarrollo de una sociedad.
Así que mujeres seamos nuestra propia dama de hierro, convirtámonos, si es que no lo somos ya, en esa guardiana de nuestra seguridad, aliada de nuestro crecimiento y protectora de nuestra dignidad, que nunca más dure tanto tiempo una ventana rota dentro de nosotras que pueda rompernos para siempre, que nuestros “NO” sean firmes y nuestros “Si” sean claros, para que aún después de cualquier tipo de ruptura de nuestro ser, nos levantemos con la fuerza con la que nacemos y la que jamás nada ni nadie nos puede arrebatar; la fuerza de ser una Mujer Completa.