Las cifras están rayando en lo alarmante y es que el infarto agudo al miocardio es la principal causa de muerte en Querétaro; según la secretaria de Salud Estatal, Martina Pérez Rendón, cerca del 50 por ciento de las muertes en la entidad están relacionadas con esta condición, afectando incluso a personas desde los 30 años. Preocupante es el hecho de que, en lo que va del año, al menos ocho personas han perdido la vida incluso en la vía pública debido a este hecho.
Nos encontramos ante una epidemia silenciosa, que puede incluso llamársele crisis de salud pública, que no recibe la atención mediática de otras enfermedades pero que cobra vidas de manera implacable, el problema no es nuevo, pero las estadísticas actuales deberían encender todas las alarmas.
Detrás del infarto hay factores de origen y riesgo bien identificados: diabetes, hipertensión, obesidad y sobrepeso, padecimientos que, aunque prevenibles o controlables, siguen en aumento debido a malos hábitos de vida, alimentación deficiente y la falta de cultura preventiva en salud. ¿Cuántos queretanos acuden regularmente a chequeos médicos? ¿Cuántos han normalizado el sobrepeso o el consumo excesivo de azúcares y grasas?
El problema no solo es una decisión individual, también es estructural, ante la falta de una política de salud más agresiva en prevención. No basta con recomendar una alimentación balanceada o dejar de fumar; se requiere una estrategia integral que incluya campañas masivas de concientización, chequeos médicos gratuitos en comunidades vulnerables y una mayor regulación en la venta de productos ultraprocesados porque con los avisos en circulos negros no ha bastado; además, se debe fortalecer la infraestructura hospitalaria en materia de prevención.
El Estado debe asumir un papel más activo, pero la ciudadanía también debe reconocer su responsabilidad, la prevención no es un lujo, es una necesidad urgente. El infarto no distingue clases sociales ni edades, pero sí podemos hacer la diferencia con acciones concretas y cuidarnos mucho porque todos estamos en esta cuerda floja.
Muy apurado con su precandidatura Gaspar Trueba, cambió como “varguitas” el reglamento municipal de cabildo del municipio de Colón y ahora solamente sus chicharrones truenan; está facultado para subir o bajar del orden del día asuntos en la sesiones de cabildo, según sea el caso. La silla presidencial de Colón, algo tiene y no es precisamente sensatez.