El operativo recorre desde El Colorado hasta la caseta de cuota a Celaya, con participación de policías municipales, estatales, Guardia Nacional y Ejército Mexicano.
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La sucesión papal no es solo un acontecimiento religioso. En una época marcada por la polarización global, el auge de los populismos, las guerras híbridas y las crisis migratorias, la figura del papa rebasa el ámbito espiritual para convertirse en un actor geopolítico de primer orden.
El papa Francisco, con su estilo disruptivo y su clara inclinación por los pobres, los migrantes y la justicia climática, ha incomodado a sectores poderosos tanto dentro como fuera del Vaticano. Pero también ha sembrado un legado: una Iglesia más cercana a las periferias del mundo, más consciente de su responsabilidad social y más abierta a los dilemas contemporáneos.
En ese contexto, la inminente sucesión papal no puede leerse solo desde la teología, sino también desde la política internacional. El próximo papa no solo deberá lidiar con la resistencia interna de una curia dividida, sino que tendrá que asumir un papel protagónico en un nuevo orden mundial todavía en construcción.
La guerra en Ucrania, el conflicto en Gaza, el ascenso de regímenes autoritarios y el regreso de líderes como Donald Trump reconfiguran las alianzas globales y ponen a prueba la autoridad moral de Roma. Al mismo tiempo, el cambio climático, la inteligencia artificial y el avance del nihilismo cultural exigen una voz firme, compasiva pero contundente. El mundo busca referentes éticos. Y el nuevo papa tendrá que responder.
¿Será un papa del sur global, que continúe la línea latinoamericana de Francisco? ¿O veremos el retorno de una figura más conservadora, más alineada con los viejos equilibrios del poder occidental? Cualquiera que sea el resultado del próximo cónclave, hay algo claro: el sucesor de Francisco no solo heredará una silla milenaria, heredará también la enorme responsabilidad de ser un factor de cohesión en tiempos de fractura.
Desde Querétaro como desde cualquier rincón del mundo, esta elección no es ajena. Porque cuando el mundo tiembla, el Vaticano también se mueve. Y lo que ahí se decida resonará no solo en las iglesias sino también en las cancillerías, los parlamentos y los corazones de millones que aún buscan sentido en medio del caos.