#GourmetCultural presenta esta semana una fusión de sabores mediterráneos y mexicanos, que podrás disfrutar mientras recorres “la galería más chiquita del mundo”
Sin saberlo, Toni estaba dando inicio a una tradición que seguiría viva cinco años después y que el público haría suya: un menú nuevo cada semana, siempre escrito a mano por él mismo.
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Hasta septiembre, se podrá disfrutar de un menú que rinde homenaje al primero que ofreció el restaurante / Foto: Hugo Arciniega /Diario de Querétaro
Cuando Toni Ávila decidió abrir El Reinita, lo hizo con una idea clara en mente: quería algo que fuera verdaderamente suyo. Después de años combinando el diseño gráfico con trabajos en distintos restaurantes, sintió que era el momento de dar un paso al frente. Soñaba con tener su propio espacio, uno donde pudiera tomar las decisiones y, como él mismo dice entre risas, ser “el mero mero”.
Sin obsesionarse por definir un concepto —algo que, asegura, los hace únicos como restaurante “sin concepto”—, Toni retomó el apodo de infancia de su hermana como un guiño personal, aunque con el artículo en masculino. Así nació El Reinita. En mayo de 2020, con lo que tenía a la mano en la cocina, publicó su primer menú: una serie de platillos improvisados que marcarían el inicio de su propuesta.
“En ese momento ya estaba completamente harto de todo lo relacionado con el diseño. No quería tomarle fotos a los platillos, ni hacer gráficos, nada. Solo me importaba sacar el menú y que, con la pura descripción, la gente se animara a probar”, contó Ávila en entrevista con Diario de Querétaro. “De hecho, el primer menú lo escribí en un pizarrón. No lo repartí, solo lo puse grande para que todos pudieran leerlo. Yo quería abrir el negocio, pero tampoco quería invertirle mucho a esos temas”.
En su primer día como El Reinita, Toni ofreció dos opciones sencillas pero contundentes: un emparedado de pollo frito con ensalada griega, o arroz al cilantro con pollo, verduras en salsa agridulce y la misma ensalada como acompañamiento. Ambos platillos venían con una botella de Topochico, “el agüita mineral” que pronto se volvería parte del sello de la casa.
Según cuenta, ese primer menú se inspiró en sabores de la cocina árabe y griega, que en ese momento le daban mayor seguridad. Pero con el tiempo, El Reinita se ha vuelto un espacio mucho más ecléctico. Por su cocina han pasado platillos franceses, hindús, japoneses, antojitos mexicanos, sándwiches estilo deli estadounidense, entre muchas otras propuestas.
Babaganush 'estilo Reinita', con ensalada griega con sandía y albóndigas, acompañado con salsa tzatziki / Foto: Hugo Arciniega /Diario de Querétaro
“El menú era semanal porque fue lo que funcionó desde el principio”, explica Toni. “Mucha gente nos buscaba porque siempre había algo distinto. Incluso algunos del Mercado de la Cruz empezaron a venir acá, porque sabían que encontrarían cosas parecidas a las de allá adentro”.
Conforme él y su equipo fueron tomando confianza, también crecieron las ganas de experimentar. Toni asegura que sus menús nacen, en gran parte, de la curiosidad: a veces por una receta que encontraron en internet y quieren probar; otras, por antojos espontáneos, como una buena torta de chilaquiles.
Recientemente, El Reinita cambió su dinámica: dejó atrás el ritmo vertiginoso del menú semanal y ahora ofrece una carta fija que se mantendrá durante tres meses. La decisión vino del propio Toni, quien admite sentirse agotado tras cinco años de seguir el reto autoimpuesto de reinventar la cocina cada semana. Este nuevo formato también le da margen para respirar, repensar, y volver a innovar sin la presión constante del calendario.
Desde ahora y hasta septiembre, los comensales podrán disfrutar de un menú que rinde homenaje al primero que ofreció el restaurante. Las entradas incluyen sardinas, lentejas con tabule, empanadas de espinaca con queso feta y minestrone verde. Entre los platos fuertes destacan la ensalada de falafel, babaganoush, shawarma, albóndigas, hummus y una fresca ensalada de sandía. Una propuesta que invita a sumergirse en sabores libaneses, griegos y mediterráneos.
Aunque tienen un menú fijo, mantienen la tradición de que las cartas sean escritas a mano / Foto: Hugo Arciniega /Diario de Querétaro
Los precios del menú actual van de los 120 a los 220 pesos, aunque en ediciones pasadas han llegado hasta los 350 o incluso 700 pesos, dependiendo de los ingredientes y la complejidad de los platillos. La oferta actual puede consultarse en su cuenta de Instagram @el_reinita. El Reinitaabre de martes a sábado, de 14:30 a 19:00 horas, y se encuentra en Privada Manuel Gutiérrez Nájera #27, Centro Histórico.
Además de ser un lugar para descubrir nuevos sabores, El Reinita también se ha convertido en un punto de encuentro para la escena artística local (y en ocasiones nacional), gracias a la aparición de La Galería más chiquita del mundo—que, en realidad, no es otra cosa que el baño del restaurante.
Todo comenzó casi ocho meses después de la apertura del local. En una reunión informal con el director del Museo de la Ciudad, Gabriel Hörner, y los artistas Rafael Rodríguez, Jesús González (Jamón) y Julián Manuel Guzmán Vallejo (La Remolacha), surgió una idea medio en broma: colgar una pieza de Rafael en el baño. Y así lo hicieron. Lo que parecía solo un gesto espontáneo se volvió tradición.
Cada dos meses y medio renuevan la oferta artística que se puede disfrutar en la intimidad del espacio / Foto: Hugo Arciniega / Diario de Querétaro
“De puro juego salió la idea”, recuerda Toni entre risas. “Rafa tenía obra que quería exponer y bromeamos con colgarla en el baño, hacer una inauguración. Gabriel dijo que él se encargaba de la museografía, y así, entre juego y juego, armamos todo. Subimos la invitación a redes... y al evento llegó muchísima gente. Mis mensajes se llenaron de portafolios”, cuenta.
Desde aquella primera exposición improvisada, La Galería más chiquita del mundo ha tenido más de 40 inauguraciones. El flujo constante de artistas y propuestas le ha dado a Toni una nueva inquietud: publicar un catálogo que recopile todas las obras que han pasado por las paredes de su peculiar espacio expositivo.