Su historia artística inicia desde su seno familiar. Su padre fue dibujante de arquitectura, y de acuerdo con el propio artista, aquel entorno lo inspiró a inscribirse a un taller de artes plásticas en la secundaria, donde el color y la acuarela ampliaron su horizonte.
En la universidad tomó postura frente a las corrientes dominantes. Mientras el debate oscilaba entre lo abstracto y lo realista, él optó por lo segundo.
“Desde que yo estaba en la carrera, me gustó mucho lo que se llama pintura realista o hiperrealista, a lo mejor por rebeldía o qué sé yo, pero me atraía mucho esa tendencia pictórica”, asintió.
Con el tiempo, su realismo se ha expandido: a veces roza el hiperrealismo; otras, se vuelve más suelto y ligero; sin embargo, él manifiesta que nunca ha pretendido sumarse a una corriente artística “solo porque sí”.
EVOLUCIÓN DEL PANORAMA ARTÍSTICO EN QUERÉTARO
Como si se tratara de un centinela, Jonatán manifiesta ser testigo de la manera en que la escena cultural ha crecido en Querétaro de manera exponencial.
Pese a la circulación de su obra en espacios locales, nacionales e internacionales, Olvera rehúye a la etiqueta de “artista”.
UN VASO DE AGUA QUE INICIÓ UN DEBATE
Eso desató una polémica efímera: críticas, memes, insultos. “Que diga la gente lo que quiera”, pensó entonces.
Con el paso del tiempo, reflexiona sobre ese momento como un “chispazo”.
“Me di cuenta que no estoy metido en el arte contemporáneo, no sé si tenga el talento para hacerlo, pero quien entra en él genera un montón de cosas”: provoca, incomoda y “genera escozor en algunas personas”, forma parte de esa lógica.
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Explora en su pintura el paisaje, la figura humana y el encuentro con la realización espiritual / Foto: Irais Sánchez / Diario de Querétaro
Durante casi tres décadas, Jonatán Olvera (Querétaro, 1979) ha sostenido un diálogo constante con la pintura. Sus obras parecen que cobran vida en sus propios universos delimitados por los bordes del lienzo. Desde sus reinterpretaciones de pinturas famosas como el cuadro deOfelia de Jonh Everett Millais hasta la inmortalización de una de las tradiciones más especiales de La Cañada: la fiesta del Gallo.
Tras una pausa en la preparatoria, retomó el camino en la carrera de Artes Visuales, con terminación en Artes Plásticas, en la entonces llamada Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
Es así como el artista comienza a marcar el comienzo de su carrera dentro de las artes a partir de 1997, aunque no niega que la formación de su papá influyó en su inclinación por las artes: “Sí influyó porque él como que también tenía intenciones pictóricas. Gracias a él fue que conocí a algunos pintores de la época y a su vez él había hecho sus propios dibujos, así que digamos que fue una de mis influencias”, dice en entrevista con Diario de Querétaro.
Fue ganador del Premio Arte Joven de Aguascalientes en su edición número XXII / Foto: Hugo Arciniega / Diario de Querétaro
“Tampoco es que yo esté buscando pertenecer, o sea, creo que al menos en mi caso en el arte, yo no quiero sumarme a ninguna corriente, aunque naturalmente ya esté en una. Se me haría falso querer identificarme y asumirme como portavoz, yo lo que necesito es sentir lo que estoy haciendo, eso es todo”, comentó.
Esa filosofía se ve reflejada hasta en su estilo de vida. Nos recibió en su estudio –que a su vez es su casa–, ubicado en una desarrolladora inmobiliaria ajena a la mancha urbana y caos de la capital, y perfecta para que un artista pueda desconectarse y sumergirse por horas en su arte. Así como sus pinturas, su hogar también existe en su propio universo.
Mientras nos sentamos en su terraza, conversamos sobre las temáticas que ha abordado desde las artes, las cuales afirma que han sido numerosas. “Inicialmente fue el tema de la mujer”, comparte, “la figura humana, desnudos, un poco de paisaje, pero después fui haciendo un recorrido en cuestiones que tienen que ver con lo popular, tradiciones, peregrinaciones”, agregó.
“El arte es comunicación, es integración, es fiesta” / Foto: Hugo Arciniega / Diario de Querétaro
Jonatán creció en La Cruz, uno de los barrios más tradicionales de Querétaro y ese folclore que tiene se ha visto reflejada en us obra. “Crecí en el barrio De la Cruz, donde todo el tiempo había ese tipo de manifestaciones. Llegaban peregrinaciones, salía la Virgen, las fiestas De la Cruz con los danzantes, las fiestas en Semana Santa, la procesión del silencio; en fin, mucha fiesta, mucha música y mucho cuete. De alguna manera, creo que eso me influyó a que yo quisiera buscar esas representaciones, sociales y naturales, que suelen no estar bajo el reflector”, puntualizó.
La obra del artista también se ha visto influenciada por su vida personal. Está casado con la artista plástica Esmeralda Néresis, quien se ha destacado por desenvolverse en el realismo pero desde temáticas más espirituales y desde temas relacionados con la salud mental, así como vinculadas con el papel de la mujer en la sociedad. Desde hace años, el trabajo de los artistas ha dialogado entre sí, disminuyendo las líneas temáticas que los separan, pero enriqueciendo un diálogo artístico que va más allá de nuestra comprensión.
“Si haces un recuento del número de museos comparados con los que había hace 20 años, que eran unos cinco o seis, a los que hay ahora, ese número creció cinco veces. Y no solo los públicos, sino también los privados. En cuanto a creadores, también antes éramos un grupo pequeño, pero ahora somos diversos: hay pintores, grabadores, instaladores, performanceros, teatreros, músicos, escritores, etcétera. También ahora tenemos muchos festivales masivos, así que yo diría que la escena cultural ha crecido pero en todos los sentidos”, comentó.
El artista sugiere que esta tendencia ha provocado que los lugares dedicados hacia las artes también expandan su oferta y que opten por su profesionalización. Percibe una ciudad cada vez más plural, nutrida también por artistas que llegan de otros estados.
Señala dos aspectos centrales: una fuerte presencia del arte realista y, al mismo tiempo, la influencia de creadores foráneos —sobre todo de la Ciudad de México, San Luis Potosí y Oaxaca— que impactan en la escena local, así como el auge de la gráfica, el muralismo y la fotografía. El crecimiento, dice, no es exclusivo de Querétaro, pero sí visible en todos los frentes.
“Creo que el término está un tanto prostituido, o sea, todos se dicen artistas. Y está bien si así quieren nombrarse, pero para mí, el arte es mucho más profundo, más intenso. El artista no es nada más el que pinta o el que hace algo, sino que el que tiene el compromiso de dedicarse a esto con honestidad y quizás durante un período de tiempo más o menos largo. Entonces, yo me considero más pintor que artista”, explicó.
Criado entre peregrinaciones y fiestas del Barrio de La Cruz, el pintor transformó esos recuerdos en escenas que hoy habitan sus lienzos / Foto: Hugo Arciniega / Diario de Querétaro
A lo que no le huye es al significado del arte. Para él, este siempre será el vehículo en donde podrá reinventarse, perderse y encontrarse. “El arte nunca ha sido el mismo, siempre ha estado cambiando y cambiando, hasta negarse a sí mismo y reinventarse otra vez. Yo creo que esos procesos lo puede llevar cada artista en lo individual durante el desarrollo de su carrera”, afirmó.
En materia de reinvenciones, uno de los episodios más comentados de su trayectoria ocurrió en una inauguración del Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro. Olvera fue invitado a presentar “algo contemporáneo”, y decidió retomarEl vaso de agua medio lleno del artista contemporáneo Wilfredo Prieto, para generar un diálogo entre el arte clásico y el arte conceptual: colocó un vaso de agua y se puso a pintarlo en vivo. Una vez que terminó, dejó el cuadro y el godete con pintura en un costado para dar la sensación de que se encontraban en su estudio de arte.
No contaba con que la obra sería vandalizada por visitantes que creyeron que esta era interactiva. El artista mencionó que realizó su denuncia respectiva ante la Fiscalía, espacio en donde le mencionaron que era el primer caso de esta naturaleza que atendían en Querétaro.
Mientras el caso seguía su curso, el recinto cultural retiró la pintura y dejó únicamente el vaso de agua que había sido retratado. Con el paso de los días, el agua se evaporó. Fue entonces cuando otra visitante fotografió el vaso vacío, aún acompañado por la cédula con el nombre del artista y el título de la obra. La escena —tan simple como irónica— terminó por volverse viral en redes sociales.
Imágenes de lo Errante, su más reciente exposición, reúne escenas íntimas que revelan distintas facetas del artista / Foto: Hugo Arciniega / Diario de Querétaro
Lo sucedido, afirma, excedió el objeto pictórico: “No es solo la obra ahí que puede causarte sensación, sino que excedió un poco las dimensiones al llegar más lejos”. Y compara: “Podríamos decir que es el equivalente al plátano pegado en la pared… sí, totalmente”.
Incluso pensó en pintar versiones de piezas icónicas del arte contemporáneo —“el plátano pegado”, “Mierda de Artista”— como ejercicio pictórico, aunque la idea quedó en el aire. “Así como subió, bajó, y nada más”.
Actualmente, el autor exhibeImágenes de lo Errante en la Galería Libertad: 13 obras reunidas no bajo un tema único, sino bajo la coincidencia del tiempo y la autoría: retratos de nietos y abuelos, mujeres, festividades, flores.
“Cada uno de esos cuadros me va revelando una forma de ser de mí mismo”, explica. Para él, la pintura debe ir más allá de la representación: “En este caso me sirve para descubrir quién soy”. Pasar meses frente a una imagen implica identificación y entrega; algo de lo pintado termina por reflejar al pintor.
Entre las piezas destaca una puerta de madera —influencia de su incursión reciente en la carpintería— que el espectador debe abrir para ver la imagen oculta. Es un gesto que cuestiona la sobreexposición contemporánea y rinde homenaje a Marcel Duchamp. “Si no vas ahí y abres la puerta, no vas a conocer lo que hay”, señala, reivindicando la experiencia presencial.
La inauguración rompió con la solemnidad habitual: invitó a tocar a Lupana Rock Band y él mismo cantó en vivo. “El arte es comunicación, es integración, es fiesta”, sostiene. Busca que la exposición no sea solo un recorrido silencioso, sino un cruce de emociones, donde la música acerque a quienes temen no “saber de arte”.
En su estudio trabaja ahora en una reinterpretación de Caravaggio, específicamente de La cena de Emaús. Retoma el instante de la sorpresa ante la resurrección, pero con personajes contemporáneos: íntimos amigos del artista que posan bajo una atmósfera clásica. “Es como una obra clásica, pero contemporánea”, dice. En la pieza se observan figuras de la escena artística queretana, desde la presencia de Sergio Rivera, director de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro, hasta David Saavedra, encargado de la biblioteca conventual del Museo Regional de Querétaro.
Al mirar atrás, identifica momentos clave —la Facultad de Artes, la residencia en Madrid, el premio Arte Joven—, pero insiste en algo más simple: permanecer. “Lo más importante es el hoy, el que lo sigas haciendo”. En un medio donde muchos comienzan y pocos continúan, su apuesta es la constancia. Pintar. Y volver a pintar.
Además de estudiar en la UAQ, Jonatán se formó en los Talleres de Arte ARAUCO en Madrid con el maestro del realismo chileno Guillermo Muñoz Vera. Asimismo ha tomado cursos con los maestros Santiago Carbonell, Arturo Rivera y Martha Pacheco. Fue ganador del Premio Arte Joven de Aguascalientes en su edición número XXII.