¿En qué te especializas dentro del arte?
La categoría en la que más encaja mi trabajo, dentro de las categorías oficiales, es el arte multimedia, pero casi no me gusta esa etiqueta. Diría que se encuentra más dentro de las artes electrónicas. Me interesa más bien el cruce entre tecnología y arte: no desde una mirada technoentusiasta, postcapitalista y postrevolución industrial; sino desde el cómo puede el arte criticar las nociones de tecnología actuales imperantes y cómo pueden surgir tecnologías diferentes desde las subjetividades de cada artista y del contexto.
¿Has tenido formación técnica en electrónica o ciencia?
No formalmente. Aprendí electrónica con tutoriales de YouTube, PDFs… todo muy autodidacta. Siempre tuve fijación por la ingeniería, y eso antes chocaba con mi interés por el arte. Hasta que vi que en el arte contemporáneo podía juntarlas. En La Esmeralda encontré ese espacio de experimentación: mezclar la electrónica con lo visual, lo matérico, como madera, cerámica…, y lo sonoro. La transdisciplina es algo que me interesa mucho.
¿Cómo inicia tu propuesta de la ‘memoria arbórea’?
Me di cuenta que en la carpintería lo que se busca es quitarle la memoria arbórea a las maderas para dejarlas neutrales y así cumplir con objetivos propios para “hacer lo que uno quiera con ellas”. Así que decidí partir de lo contrario e indagar en esta memoria arbórea a partir de ciertos artefactos o instrumentos, porque generalmente la tecnología se usa para instrumentalizar el entorno, para dominarlo.
Es decir ¿encontrar la manera de hacer hablar a la naturaleza?
Sí, me interesa saber cómo la tecnología puede permitirnos también entender otro tipo de fenómenos, que tal vez con nuestras limitaciones sensoriales, no podríamos de otra forma. Hacerlo desde lo sensible y lo intuitivo, y no para dominar, sino para comprendernos como pertenecientes a un contexto más amplio, como parte de un todo. Por esa razón retomo cosmogonías de otros lugares, como las mesoamericanas que tienen una noción diferente de lo que es la naturaleza y lo tecnológico.
¿Qué de toda esta reflexión podrá encontrar el público en Escuchar la memoria arbórea?
Es el resultado de una propuesta sobre búsquedas y exploraciones en torno a árboles de Guanajuato –seleccionada por el PECDA Guanajuato 2024–, en la que indago sobre la memoria, ya sea histórica, afectiva o simbólica, que tienen ciertas maderas. Todo empezó con la vajilla tallada con el ocote que cuidaba mi abuela, como evocando esa última comida que no pudimos tener; después indagué en los límites de la memoria arbórea. Empecé a cuestionarme sobre la longevidad de los árboles y su conexión con la tierra o entre ellos mismos. Me dije: “Yo creo que recuerdan, y su memoria va más allá de la nuestra.”