Miriam tenía 22 años cuando su tío falleció en 2004. Aunque su convivencia fue breve, enterarse de su verdadera identidad como artista marcó un punto de inflexión en su vida.
Un legado para las nuevas generaciones
Más allá de la pintura: cartas, amigos y memoria
Sobre el autor
Por su aporte a la plástica queretana, la Bienal Nacional de Pintura lleva el nombre del autor.
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Por su aporte a la plástica queretana, la Bienal Nacional de Pintura lleva el nombre del autor / Foto: Miguel Cruz / Diario de Querétaro
Se dice que la mejor forma de mantener viva la memoria de un artista es a través de su obra. Esa es precisamente la motivación que llevó a la artista plástica queretana Miriam Uribe a recuperar y compartir el legado de Julio Castillo Uribe, a quien ella conoció simplemente como el “tío Julio”.
La exposición, titulada Julio Castillo Uribe: Del epistolario a la Institución, se presenta en la Galería Libertad como un homenaje que conecta lo íntimo con lo histórico.
“Para mí fue un proceso personal, porque se entrelaza con un camino de reencuentro conmigo misma”, expresa Miriam, quien curó la muestra, en entrevista con Diario de Querétaro. La exhibición cuenta con más de 50 piezas de la autoría del artista y que enmarcan diferentes momentos de su vida, desde sus primeros años hasta los últimos donde documentó su propio deterioro de salud.
Al igual que su tío, Miriam ingresó a la Facultad de Artes –antes conocida como Bellas Artes– de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), para estudiar artes plásticas. Sin embargo, desconocía que su pariente era “el maestro Castillo” hasta que comenzó la carrera.
“Recuerdo que estaba en primer año de la universidad cuando uno de mis profesores nos invitó a la Galería Libertad a ver la obra del maestro Castillo. Este recinto era un espacio donde siempre había piezas suyas, e incluso regalaban postales de las exhibiciones. Me tocó una de Julio Castillo Uribe. En ese entonces no había muchos Uribe en Querétaro, así que me dio curiosidad. Fui a casa y le pregunté a mi papá si lo conocía, y me dijo: ‘Hija, es Julio’. Pensé que bromeaba, hasta que me lo repitió varias veces con semblante serio”, relató.
Entre los cuadros figuran unas tomografías que el artista queretano realizó para documentar su propia enfermedad / Foto: Miguel Cruz / Diario de Querétaro
“Julio siempre fue el tío curioso, ajeno, diferente… nada común en la familia. Así que darme cuenta de que era un artista me hizo entender muchas cosas. Y debo decir que, ahora en su ausencia, es un honor ser ‘la tía rara de la familia’”, agregó con una sonrisa.
Para ella, regresar las piezas de Julio Castillo Uribe a las galerías queretanas es “abrir un baúl de enseñanza”, que permite a las nuevas generaciones sensibilizarse con la obra de un artista que, desde su perspectiva, estaba adelantado a su tiempo.
“Este ejercicio permite a los nuevos artistas darse cuenta de que muchas de las llamadas ‘ideas contemporáneas’ ya se venían trabajando desde hace décadas. Aunque puede parecer duro de asimilar, es valioso, porque te lleva a reflexionar y encontrar una interpretación propia que vuelve único tu trabajo”, comentó.
Julio Castillo Uribe falleció en 2004 / Foto: Miguel Cruz / Diario de Querétaro
La exposición reúne piezas provenientes de coleccionistas privados y recintos culturales del estado. “Siento que el trabajo de Julio ha sido muy abrazado por los queretanos. Al buscar su obra, me di cuenta de que está muy dispersa y es conocida por personas incluso ajenas al mundo de la cultura. Fue sorprendente. Además, que una Bienal de pintura lleve su nombre ha ayudado a que los jóvenes se interesen en descubrir quién fue”, explicó.
Parte del objetivo de la creación de esta exhibición es la creación de un catálogo de obra del artista, reveló Miriam Uribe, proyecto que todavía sigue en proceso.
Además de las piezas pictóricas, la muestra incluye parte de la correspondencia personal de Castillo Uribe. En ella se encuentran intercambios con figuras como Gerardo Esquivel –con quien compartió una estrecha amistad–, Julio César María Cervantes “El Diablo”, y Antonio Loyola –arquitecto queretano a quien solicitó apoyo económico para producir obra–, entre otros.
Desde la mirada de su sobrina, Julio Castillo Uribe fue un artista bohemio, interesado en experimentar con técnicas diversas, símbolos y colores poco comunes para la época. Su trayectoria estuvo marcada por un viaje a Holanda en los años setenta, un logro inusual en la escena artística queretana. Era considerado “rebelde”.
Colección integra la correspondencia personal del artista / Foto: Miguel Cruz / Diario de Querétaro
Miriam compartió una anécdota que lo retrata bien: “Hubo una ocasión en que se inauguró una muestra de Julio, pero las autoridades de la Secretaría de Cultura –entonces llamada Instituto Queretano de la Cultura y las Artes– decidieron no invitarlo, temiendo que dijera algo impropio. Él se enteró, y por supuesto, se presentó. Se armó un escándalo. Y como esa, hay muchas historias del maestro Castillo. Ahora nos parecen graciosas, pero son posturas que hay que aplaudir, porque hay que entender que Querétaro era muy diferente al de hoy”.
La exposición Julio Castillo Uribe: Del epistolario a la Institución estará disponible en la Galería Libertad hasta el 21 de septiembre. El recinto se ubica en el Andador Libertad #56 y abre de martes a domingo, de 10:00 a 19:45 horas. La entrada es gratuita.
Miembro de la “generación de la ruptura” junto a Gerardo Esquivel, Julio Castillo (1954- 2004) estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autonóma de Querétaro (UAQ) y en Holanda, donde perfeccionó su técnica; sin embargo, él se consideraba un artista autodidacta y junto Esquivel, se proclamó como miembro de la “generación de la ruptura”, dejando atrás los conceptos convencionales de la creación.