Una casa para el barrio, un sueño en pausa: Casa de Vinculación Social de Carrillo Puerto
Tras una década de generar proyectos comunitarios con énfasis en el medio ambiente y en la preservación de la memoria colectiva, la iniciativa se encuentra en un período de transición
La asistencia variaba según la actividad, a veces escasa y en otras ocasiones con más de 100 participantes.
El rompimiento con la UAQ
De los 11 años de operación, solo cuatro estuvieron ligados a la universidad. El resto del tiempo, la Casa funcionó de forma autónoma y autogestiva. Este esfuerzo se interrumpió cuando Maricarmen y su esposo se mudaron a Huimilpan.
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En sus instalaciones recibían a más de 100 personas / Foto: Cortesía / María del Carmen Vicencio Acevedo
Hace 11 años, María del Carmen Vicencio abrió las puertas de su casa familiar para transformar el espacio habitacional en un centro para la cultura, las artes y el trabajo comunitario en Felipe Carrillo Puerto. Hoy, ese sueño se encuentra estancado ante un período de inactividad, debido a “la falta de voluntad por parte de algunos colaboradores y de la institución educativa” que en algún momento los respaldó.
“Fueron varios factores los que favorecieron el nacimiento de la Casa de Vinculación Social”, compartió María del Carmen en entrevista con Diario de Querétaro. “Por un lado, la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), durante el período de Gilberto Herrera, promovía vínculos reales con la sociedad. Así nació la Dirección de Vinculación Social. Por mi parte, yo me había jubilado de la Escuela Normal del Estado y le propuse a mi consuegra transformar una casa semiabandonada que tenía en Carrillo en un espacio de promoción cultural”, relató la excoordinadora general.
Su propuesta fue respaldada por la Asamblea General del Pueblo de Felipe Carrillo Puerto, organización a la que la fundadora pertenece. “Esta organización tiene una historia que se remonta a los años ochenta, cuando surgió la lucha por mejoras en Carrillo. En 2007, se presentó como Asamblea General del Pueblo, y desde entonces organiza a los habitantes para exigir atención a un pueblo históricamente olvidado, a pesar de las promesas de progreso con la llegada de la zona industrial”, explicó.
María del Carmen, junto con su esposo Gonzalo Guajardo —excatedrático de la UAQ y creador del podcast Se dice del Barrio— se involucraron activamente en la vida comunitaria. Cuando conocieron el nuevo lema de la UAQ, decidieron impulsar una iniciativa que respondiera a las necesidades de los habitantes de Carrillo.
El espacio se caracterizó por generar proyectos relacionados con la preservación de la memoria colectiva / Foto: Cortesía / María del Carmen Vicencio Acevedo
“En ese entonces, los coordinadores de la UAQ se comprometieron con nuestra propuesta. Juntos hicimos una convocatoria a la comunidad, preguntándoles qué les gustaría que sucediera en la casa. Tuvimos una respuesta abrumadora, sobre todo por parte de las mujeres”, recuerda.
La Casa se concibió como un espacio de diálogo entre saberes populares y académicos. Sus cuatro ejes principales eran: Organización de la comunidad, Cuidado de la salud física y mental, Promoción del arte y la cultura, y Concientización sobre el medio ambiente.
Entre los proyectos destacados se encuentra el libroVoces de ancianos en las manos de los niños, un esfuerzo intergeneracional para preservar saberes locales; un mural comunitario elaborado por alrededor de 180 participantes; y El Tlacuache, una exposición sobre la basura desde una mirada antropocéntrica que ganó un premio de la Federación Internacional de Movimientos de la Escuela Moderna.
“La Casa se convirtió en un gran museo donde se narraba cómo se transformó Felipe Carrillo Puerto. Por ejemplo, la entrada principal, que era el garaje, tenía un mural hecho con tapitas de refrescos que representaba al pueblo: la Parroquia de San Miguel, el tianguis, las fábricas, los campos de fútbol. La cocina se transformó en un espacio de denuncia sobre la comida chatarra; también tuvimos una sala de lectura”, relató.
Además de la generación de proyectos, la Casa de Vinculación Social fue el cobijo para iniciativas sociales que tenían como eje la recuperación y rehabilitación de las áreas verdes de la delegación. “Uno de los dramas tremendos que se han hecho presentes en Carrillo fue que las industrias colocaron aquí mismo sus tiraderos de basura, lo que ha generado un impacto ambiental muy significativo. Así que desde la casa realizamos talleres enfocados en la generación de huertos urbanos, al igual que brigadas que tenían como objetivo la recolección de basura de baldíos y terrenos abandonados en la zona”, explica.
Adicional a promover una oferta cultural, se han enfocado en la rehabilitación de áreas verdes de la zona / Foto: Cortesía / María del Carmen Vicencio Acevedo
Amili, Tierra Feliz y Florida es el nombre de una de esas iniciativas que fue abrazada por la comunidad y que tenía que ver con la rehabilitación de un terreno baldío ubicado en las cercanías de la Casa de Vinculación Social. “Ese espacio era una parcela que, al igual que muchas, fue abandonada, ya sea porque los campesinos migraron o se hicieron viejos y murieron. Por años se quedó sin regularizar y el Municipio jamás volteó a atenderla, así que con el tiempo se llenó de basura. Así que, en colaboración con la Asamblea General del Pueblo, lo transformamos en un jardín para que los habitantes pudieran aprovecharlo como espacio recreativo. También la Dirección de Vinculación Social de la UAQ construyó un tinaco para captar agua de lluvia y la Coordinación de Gestión para la Sustentabilidad de la UAQ aportó con árboles nativos para reforestar el terreno. A la fecha, el lugar sigue siendo aprovechado”, comparte.
Gracias a la labor de la Casa, han emanado grupos que de manera independiente le han dado continuidad a los trabajos. En el caso del terreno Amili, Tierra Feliz y Florida, su mantenimiento ha sido encabezado por el Colectivo Micelio Urbano, que es integrado por un grupo de arquitectas que buscan rehabilitar el suelo queretano a través de proyectos como Vida y Naturaleza para urbanitas, una bitácora ambientalista y de promoción de huertos de traspatios que ha ganado reconocimientos por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Aunque la Casa nació en alianza con la UAQ, esta relación no perduró. “Cuando Teresa García Gasca asumió la rectoría, perdimos el respaldo institucional. Nos presentamos para continuar el proyecto, pero no hubo interés. Se desbarató todo lo generado anteriormente. Hicimos varias asambleas y decidimos seguir, ahora de forma independiente. Algunas personas incluso dijeron que fue lo mejor”, compartió.
“Durante 30 años construimos una casa en Huimilpan como parte de nuestro plan de vida. Quisimos heredar el espacio, pero nadie tenía el tiempo o voluntad para guiarlo. Algunas oportunidades se frustraron por enfermedad o falta de continuidad. Este tipo de proyectos requiere dedicación, y muchos trabajan, estudian o están en servicio social, así que es difícil asumir esa responsabilidad”, lamenta.
De los 11 años que operó el recinto, siete años se mantuvo de forma independiente / Foto: Cortesía / María del Carmen Vicencio Acevedo
La Casa se mantuvo siempre distante del Municipio de Querétaro, especialmente tras conflictos con la administración de Marcos Aguilar Vega (2015–2018). “Con Pancho Domínguez no hubo muchos problemas, pero Marcos Aguilar nos cerró las puertas. Perdimos toda posibilidad de negociación. En una ocasión pedimos apoyo para un terreno rehabilitado por la comunidad, que es conocido como Amili, Tierra Feliz y Florida, y un funcionario nos dijo: ‘al Municipio no le interesa su proyecto’. Parecía que no hay interés por promover la cultura en Carrillo”, puntualizó.
Aunque las redes sociales del proyecto (@cvscarrillo) siguen activas con la leyenda “nuestras raíces permanecen, nuestro proyecto evoluciona”, María del Carmen no tiene certeza sobre su futuro. “No sé si algún día habrá una nueva sede o coordinación. Por ahora, está en pausa”, concluye.